“Qué gano con acabar a Cali, hablando mal de ella en los medios”: Álvaro Miguel Mina

“Qué gano con acabar a Cali, hablando mal de ella en los medios”: Álvaro Miguel Mina

Marzo 09, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Ana María Saavedra | Editora de Orden

Álvaro Miguel ‘El Negro’ Mina, el reportero judicial más conocido de Cali, le tocó la violencia. Alaín, el mayor de sus tres hijos, falleció tras haber sido herido en un robo.

Álvaro Miguel ‘El Negro’ Mina lleva semanas siendo noticia. Al reportero judicial más conocido de Cali lo tocó la violencia que lleva años cubriendo.Alaín, el mayor de sus tres hijos, falleció el domingo pasado, tras haber sido herido en un intento de robo.‘El Negro’ llegó el jueves a la sede de Caracol. Tenía gafas oscuras para ocultar las lágrimas. Recorrió una a una las oficinas. Abrazó desde el portero hasta el gerente. Les dio las gracias por acompañarlo en el sepelio, dos días atrás. Se sentó en su silla de la emisora, pero no habló. Esperó la fotografía y se despidió. Mina dice que solo volverá al trabajo cuando se sienta mejor. “Yo disfruto lo que hago. Pero no quiero transmitir tristeza, quiero estar bien y por eso voy a esperar un rato más”. ‘Negro’, ¿Cómo ha hecho para mantener la compostura en medio de este drama? Lo que he hecho es intentar cumplir una misión de educar una familia, de educar unos hijos. Yo tuve por fortuna dos madres: Ismenia, que es una señora que está en silla de ruedas, con el paso de los años muy golpeada. Trabajó como empleada del servicio en la hacienda Perico Negro, de Puerto Tejada. Y mi mamá Nadelia, una señora, empleada del servicio de la casa de los Sardi. Yo me crié con el que es ahora Presidente de Metrocali. También tuve como referente a José Domingo Moreno, un negro viga, que tuvo nueve hijos, y a todos los hizo profesionales.Con esos ejemplos, que me enseñaron que las cosas se hacen trabajando, yo soñé con educar a mis hijos. En el caso de Alaín, fue un muchacho que quiso ser profesional y para tal fin me ayudó el expresidente Ernesto Samper, quien es como un papá conmigo y me terminó ayudando para que mi hijo ingresara a la Universidad Santiago de Cali. Alaín iba a la universidad con mis pantalones. Me decía: papá, esto me queda grande, y yo le decía que se dejara la camisa por fuera. Mi hijo se graduó con honores. La Universidad Santiago de Cali le hizo un homenaje póstumo. De este campus universitario también es mi hijo Álvaro Miguel y allí es donde aspiro que vayan mis dos nietas: Estafany y Valeria. Los mensajes de los últimos días enfatizan en que no quiere confrontación ni odio. Cuando se vive una experiencia así, muchas personas, por el contrario, gritan, exigen justicia... Es que el problema no es ni del Alcalde ni del Comandante de la Policía porque a nadie se le ocurre que a un muchacho que vaya a jugar un partido de fútbol tengan que mandarlo en un carro blindado. Simplemente me tocó pagar a mí esta cuota de violencia. Tampoco es un problema de una ciudad. Yo no puedo irme lanza en ristre contra Cali, con una ciudad que me lo ha dado todo y me dio la solidaridad de despedir con honores a mi hijo.¿Cómo fue esa solidaridad?Algo difícil de explicar. Es que cuando uno recibe tanto cariño, tantas llamadas, desde el Presidente, pero también recibí una llamada del ‘Cantor del Pueblo’, un serenatero con él que hace unos 25 años nos conocimos en Radio Súper, donde yo me inicié. O un señor que llegó desde Andalucía en bus a saludarme o un señor que tiene una lechonería y mandó un ramo impresionante, los taxistas, el tránsito, la Alcaldía, amigos, mucha gente... Yo he visto el afecto de un pueblo.O un día en la clínica, de repente veo un operativo militar impresionante, y yo en medio del dolor pensé, con el alma del reportero, me dije ha pasado algo, a alguien van a traer y cual sería mi sorpresa cuando fueron entrando tres generales del Ejército, el de la Tercera Brigada, el de la División y el del Comando Conjunto. Me ofrecieron las instalaciones de la Tercera Brigada para que él hiciera sus terapias allá. Eso parece un cumplido más, pero uno sabe qué es reunir en un solo sitio a esos tres generales. Hoy recuerdo a mi maestro del periodismo, Henry Holguín, cuando me dijo: “Después de la muerte tiene que venir la alegría, y la alegría se hace trabajando y con los amigos. No te preocupes por conseguir plata, preocúpate por conseguir afecto, multiplicar efervescencia” y eso es lo que he hecho siempre. Durante este trance yo tenía tres personas con las que no hablaba por diferencias que se presentaron en el camino, pero ellos fueron los primeros que llegaron al cementerio, me trajeron medallitas de Buga. Y en honor a eso y de Alaín seremos unos grandes amigos. Yo tengo un dicho: hagamos el amor y no la guerra.Para cubrir noticias judiciales Cali es una ciudad dura, donde la muerte se ve a diario. ¿En estos años, qué es lo que más le ha impactado?He vivido muchas historias, muchas de violencia de las que ahora no quiero hablar. Ojalá haya un milagro divino que aparte la violencia no solo de Cali, sino de Colombia.Lo que más me impactó, en otros casos, fue en el 99 el terremoto de Armenia. Cuando llegué a la morgue, vimos esa cantidad de cadáveres, ese día me di cuenta que la muerte era para todos. Hoy me tocó a mí y por eso se me viene a la cabeza ese recuerdo, de cuando vi niños, gordos, flacos, negros, blancos, ricos, pobres... muertos o heridos.Hay algo que me marcó para siempre, al director del hospital, la mamá se le murió en el terremoto, le quedó la cabeza atrapada y él la vio. Besó su cuerpo y se fue para el hospital a trabajar. Ahora pienso en eso y digo, yo perdí a mi hijo, pero no lo perdí porque me lo mataron, lo devolví a Dios. Algo que con mucho afecto el Creador me había dado. Yo hoy, con la satisfacción del deber cumplido, le digo gracias. ¿Cómo fue ese proceso, cuando le dijeron que Alaín no volvería a caminar? Con la Clínica Valle del Lili tengo el más alto grado de gratitud porque permitieron que mi hijo saliera con vida, haciendo terapias con Armando Solarte, un profesional de medicina neurolingüística. En una de las terapias le dijo: Chico, levántate, y mi hijo se levantó, no autónomo, pero sí apoyado. Cuando lo vi ponerse de pie, me llené de ilusiones y pensé que le había ganado a la ‘Parca’ esa batalla. ¿Qué fue lo último que habló con Alaín?Hablé con mi hijo el sábado antes de su muerte, me llamó y me dijo que le hiciera una recarga al celular para llamar a Rubén, director de Q’hubo, que en ese momento estaba en la clínica, y al terminar la llamada le dije: Tranquilo, ‘güeva’, que de esta salimos. El domingo fui a almorzar donde mi mamá a Puerto Tejada, cuando me llamaron y me dijeron que Alaín se había desvanecido en la casa. Cuando llegué a la clínica eran varias personas las que le daban auxilio. Una enfermera salió y me dijo que estaba muerto. Y pienso: Dios me lo entregó y a Dios se lo entrego.¿Repetir eso es como un mantra que le ha dado paz? Sí. He vivido la guerra de frente, he sido herido dos veces a bala y me he superado. Lo único que procuro es tener amigos, yo sé que no tengo enemigos.En el velorio y el entierro de Alaín siempre estuvo muy acompañado. ¿Qué hizo al día siguiente del entierro, ya en soledad?Me dediqué a ver películas de Cantinflas, porque es una especie de tutor, quien me dice que esta vida debe seguir. En la tarde, un empresario mexicano, con el cual trabajó mi hijo, me llamó para ofrecerme su casa en Cancún. Pero yo no quiero irme de una ciudad a la que me tengo que adaptar de nuevo, aprender a caminar en medio de los recuerdos, no quiero salir de Cali. Luego me vi dos videos de Alaín, del 31 de diciembre, cuando estaba en Cancún, puse la ranchera ‘Camino de Guanajuato’ y comencé a mitigar ese dolor, me apliqué un ‘espirituoso’. Ese ha sido el día más duro.El día del velorio dijo que mucha gente esperaba que peleara y atacara a las autoridades de la ciudad. Qué gano con acabar a Cali en los medios, hablando mal, pa’ donde nos vamos. El fuego no se combate con gasolina, eso se combate con otros químicos, con la química del cariño.La persona que agredió a su hijo fue detenida, ¿En algún momento la quisiera ver?Eso para mí va y viene. No quiero llenarme de odio con nadie. A mi hijo no me lo quitó el sicario, yo se lo entregué al Creador que me dijo, vea hermano, es hora de ponernos al día con esta deuda. Físicamente no está, pero espiritualmente lo tengo.¿Cuál es ese camino que viene?Yo tengo dos nietas: de 18 y 11 años de edad y les dije que teníamos el compromiso de que ellas fueran a la universidad. Ya he educado a los míos y ahora me toca las nietas, esto no me quedará grande. ¿Qué recuerda de Alaín?Cuando lo regañaba y me cogía la cabeza y decía viejo no te enojes conmigo, fresco. Cuando íbamos a montar caballo, me decía viejo, hágale, hágale. Cuando iba a hacer algún negocio, siempre el fiador era yo (risas). Ahorita toca afrontar unos compromisos, pero se hace con cariño. Recuerdo en las fiestas de Caracol cuando se venía desde Puerto Tejada con quince muchachitos y llamaba a mis jefes y les pedía boletas, pero les decía que no me dijeran. El día que se graduó de bachiller, todo el mundo hacía fiesta y yo le dije, no, fiesta de qué, le di plata para que se fuera a meter dos bandejas de pollo donde ‘Beto Pollo’ con su novia. O un día, no fue a la universidad un lunes, estaba enguayabado y le dije, ‘ve marica yo me voy en carro a Cali y vos en bus y si llegas a la universidad más tarde que yo, te pones a cortar caña, porque no vas a ser un profesional’. Le pidió el carro prestado un amigo y se fue rápido.

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