¿Por qué no se ha podido erradicar el negocio de los celulares robados en Cali?

¿Por qué no se ha podido erradicar el negocio de los celulares robados en Cali?

Junio 24, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción El País
¿Por qué no se ha podido erradicar el negocio de los celulares robados en Cali?

En Colombia, cada hora, se hurtan al menos 194 celulares.

La policía asegura que en el país existen 17 bandas dedicadas al ilícito. También habría mafias internacionales. Sus ganancias superan el millón de dólares. Informe.

Algunos de los celulares que se roban en Cali van a dar al centro de la ciudad, exactamente a la zona conocida como El Calvario. Allá – denuncia una fuente a El País – existen vitrinas, casetas, tiendas fachada. El raponero lleva el teléfono ahí y a cambio recibe droga – papeletas de bazuco, marihuana – o una suma de dinero que por lo regular no supera los veinte mil pesos. Algunos adictos están robando los teléfonos para financiar su vicio. ¿Es el robo de celulares, también, un vicio incontrolable?En barrios como Terrón Colorado, El Retiro, Lourdes, Decepaz, además, los celulares robados se comercializan en microventas como piezas de repuesto. Se trata de una forma de evadir a las autoridades, que focalizan sus operativos de control en los complejos comerciales del centro. Pero el gran negocio de los celulares robados es mucho más que eso. La Policía Nacional tiene un cálculo: en todo el país existen 17 bandas organizadas que se dedican al robo y la comercialización de estos equipos. El delito genera fortunas que asombran. Sólo en 2011, en Colombia fueron hurtados 1. 571.223 celulares. Es como si le hubieran robado su teléfono a cada uno de los habitantes de cuatro ciudades distintas como Manizales, Pereira, Armenia, Buga. Y cada teléfono gama alta es comercializado en $200.000 en promedio. Es decir que las ganancias para los atracadores podrían haber llegado a una cifra cercana a los tres mil millones de pesos, un millón y medio de dólares. El negocio es redondo.El general Fabio Castañeda, comandante de la Policía Metropolitana de Cali, asegura sin embargo que en la ciudad no se ha identificado aún a ninguna banda que se dedique al hurto de celulares. No hay, tampoco, criminales identificados que se estén persiguiendo. - “En el caso de Cali, lo que sabemos es que en el centro hay sitios de receptación y distribución de celulares robados, donde los reprograman, los maquillan, para venderlos. El ilícito es fomentado por estos establecimientos. En la ciudad conformamos un grupo élite de lucha contra este flagelo, hemos llegado a esos sitios, se están haciendo controles. En las últimas semanas el delito se ha reducido en un 33%. Pero para poder tener mejores resultados, necesitamos que los operadores nos ayuden con las bases de datos que les exige el gobierno. Estamos a la espera. Con esas bases de datos un teléfono robado no funcionaría. Hoy el problema es precisamente ese: que el teléfono hurtado se vende como pan caliente en la calle, porque funciona”. El general Castañeda se refiere a dos bases de datos. Una llamada ‘positiva’, en la que los operadores (Comcel, Tigo, Movistar) deben registrar la información de los teléfonos legales del país, unos 50 millones de equipos. Otra, la ‘negativa’, en la que ya están registrados los datos de los teléfonos hurtados, unos 17 millones de equipos. Esas bases de datos, que hacen parte del plan del gobierno para desestimular el robo de celulares, harían que la reprogramación de los teléfonos (que se hace cambiando la identificación del equipo, el número Imei) no sea efectiva, el celular robado no funcione, no pueda ser vendido. El problema por ahora es que la base de datos positiva aún no está lista. Los operadores tienen plazo hasta el próximo primero de octubre para terminar esa tarea.Pero existe otra modalidad en el negocio del robo de celulares, otra manera de obtener ganancias millonarias. Rodrigo Lara, presidente de la Asociación de la Industria Móvil, Asomovil, explicó que los teléfonos también son desarmados y sus tarjetas madres son enviadas a países como Ecuador y Venezuela. La teoría de las autoridades es que con esas tarjetas, ensamblan teléfonos con carcasas y teclados de equipos también robados. A Colombia también llegan tarjetas de esos países y los delincuentes ensamblan celulares con los componentes que no enviaron. Francisco José Lloreda, Alto Consejero Presidencial para la Convivencia y la Seguridad Ciudadana, aseguró justamente que tras el hurto de celulares en Colombia también habría bandas internacionales involucradas. De ahí que otra de las estrategias del gobierno para desestimular el hurto de los equipos, además de los controles en las fronteras, sea compartir entre naciones vecinas información de celulares robados para que no puedan ser activados en ningún territorio. Mientras tanto, tener un teléfono móvil en Colombia, salir a la calle con él, es un riesgo, a veces alto. A María del Mar Caldas, una comunicadora social, le pusieron un cuchillo en la yugular en el sur de Cali por robarle un BlackBerry y a María Fernanda Santander la robaron con revólver en cercanías del Hotel Inter. Esta semana se conoció la historia de Juan Guillermo Gómez Ospina, un abogado que mataron en Bogotá de una puñalada por robarle su celular. En su ataúd alguien escribió en una hoja: perdón. Esa palabra resume el sentimiento de una sociedad asustada que no entiende cómo alguien puede morir por tan poco.Una sociedad que además está marcada por ese delito. No existe nadie en el país que no haya sido víctima del robo de un celular o que, al menos, no conozca a algún primo, amigo, conocido, vecino, que lo hayan robado. Se trata de una historia común entre los colombianos. Sólo en Cali, según el Secretario de Gobierno Carlos José Holguín, en lo que va del año han reportado casi 600 teléfonos robados, pero se sospecha que la cifra de hurtos podría ser el doble, unos 1.200. No todas las víctimas denuncian. A algunos les parece que ese procedimiento es inútil, una pérdida de tiempo. La Policía de la ciudad registra además 389 capturas en apenas 172 días, dos diarias en promedio. Sin embargo, la gran mayoría de los asaltantes no van a la cárcel porque el robo es considerado de menor cuantía, un delito excarcelable. Además, las víctimas – explicó un funcionario de la Fiscalía - denuncian el robo pero para recibir una constancia para adelantar los trámites de la reposición de su equipo ante los operadores, no para que se realice una investigación del hecho. Que en cinco meses se hayan registrado casi 400 capturas, la gente que llenaría toda una sala de cine, quizá quiere decir también que robar celulares debe ser visto como un acto sencillo, sin mayores consecuencias, para que tantos verdugos se atrevan a hacerlo. En este país cada minuto se roban tres celulares, a propósito. Portar un aparato de esos se convirtió en un acto de fe.

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