¿Por qué estos padres mataron a sus hijos?

¿Por qué estos padres mataron a sus hijos?

Diciembre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
¿Por qué estos padres mataron a sus hijos?

En el Valle del Cauca el panorama de la violencia contra los niños sigue siendo aterrador. ¿Qué nos está pasando?

“Es algo estremecedor, las indagaciones que hasta el momento se tienen del hecho es que el padre del niño lo asesinó y luego se habría disparado en la cabeza. Además intentó asesinar a su hija de 12 años, quien logró huir. El agresor, de 34 años, tenía en su bolsillo una carta de tres páginas donde le decía a su esposa que iba asesinar a sus hijos para que a ella le quedara el camino libre. La pareja se estaba separando”.

Las palabras son de Diego Solarte, el alcalde de Dagua. Todo pasó en el corregimiento de El Carmen. El niño tenía 6 años. Murió degollado. Fue en febrero.

“El infante presenta varios golpes a la altura del cráneo por objeto contundente, siendo así desvirtuada la hipótesis de muerte natural, hallando como responsable de este hecho al padrastro del infante, quien habría ocasionado varios golpes con objeto contundente (piedra), hasta ocasionar el deceso”. Las palabras están en un informe de Medicina Legal. El hombre estaba borracho. El niño tenía nueve meses. Ocurrió en Sevilla. En mayo.

Cada tanto las historias de terror se escuchan de nuevo en algún lugar del departamento. El otro sábado las palabras salieron del barrio Llanoverde, al oriente de Cali, donde en un extrañísimo caso apareció muerta Kinary Andrea Góngora, de 6 años. Al volver de la tienda, cuenta la abuela, ya la encontró así: con un disparo bajo la axila y cubierta con una sábana.

La mujer se fue de la casa sólo un momento y con la niña quedó su hermano, un niño de 10 años y con discapacidad cognitiva, que ahora es el principal sospechoso. La Policía ya descartó que alguien hubiera entrado a la casa; descartaron incluso la posibilidad de una violación. Al parecer había un arma de fuego allí, al alcance de las manos de esos niños. El terror guardado en un cajón.

Aún en el caso de Nicole Palacios, desaparecida el 28 de diciembre del 2014 en Buesaco, Nariño, la región termina relacionada. José Germán Paiguatian, uno de los cinco hombres implicados en el secuestro de la menor (6 años de edad), dijo que lo último que supo fue que la habían entregado a una red de tráfico de órganos en Cali y que desconocía si a la fecha se encontraba viva o muerta. La Policía sigue ofreciendo 200 millones de pesos como recompensa para quien tenga una pista que permita encontrarla.

¿Por qué este Valle del Cauca sigue siendo un valle de lágrimas para los niños?

***

El director del Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis de Cali, Jesús Darío González, cree que gran parte de la violencia contra los menores –su frecuencia y características- tiene que ver con la forma en que el conflicto armado colombiano atraviesa la región, estableciendo focos geográficos de esa violencia: Cali, Buenaventura, Florida-Pradera-Palmira, Buga, Tuluá, Cartago, El Dovio, Trujillo. “Y a eso se suman las sagas criminales: prácticas delictivas que han pasado de generación en generación como una vía legítima para resolver o conseguir cosas; las estructuras criminales se instauraron de una forma muy poderosa a pesar de haber sido combatidas, sobreviviendo en entornos donde el cuerpo de los menores es territorio de colonización y ellos, en su totalidad, material disponible para estas estructuras”. 

Desde hace tres años, dice Jesús, cada fin de semana al menos tres jóvenes son enterrados en el barrio Potrerogrande de Cali.  “Si el proyecto de muerte es muy fuerte, es porque el proyecto de vida es muy débil. Los chicos están muriendo al crecer en lugares vulnerables, donde el Estado no es capaz de garantizarles la vida”.

Edward Hernández, personero delegado de Cali para el menor y la familia, dice que infortunadamente el tema sigue siendo preocupante y alimentado con las mismas escenas repetidas: en las Defensorías de Familia siguen viéndose, como el más común de los denominadores, las peleas de parejas por la custodia de los hijos, con esos niños como testigos de la discusión: “Los niños aquí siguen enfrentando violencias desde muy temprano en su entorno familiar y el hogar sigue siendo uno de los lugares más peligrosos para ellos”. 

Según registros de la Personería de Cali, por ejemplo, el año pasado se presentaron 3.820 casos de violencia intrafamiliar en la ciudad. En 121 ocasiones, el centro de la violencia fueron niños menores de 1 año; en 443 ocasiones, las víctimas no pasaron de los 4 años; en 378 ocasiones, las víctimas no habían llegado a los 9 años; en 669 ocasiones, las víctimas no habían cumplido 14 años. Casi el 40% de la violencia intrafamiliar descargada sobre los niños.

En el 2014, después de Bogotá, el Valle del Cauca fue la región del país donde más casos de maltrato infantil se presentaron. La conclusión se desprendió de los números del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, que entre enero y agosto atendió a 2007 niños a los que sus derechos les fueron vulnerados; en el escalafón de la pena, solo Bogotá estaba por encima, con 4304 denuncias. Cuando se conoció el registro del Icbf, el terror escribía párrafos en la prensa contando de otro niño muerto en el Valle: había llegado a Cali con una fractura en el brazo derecho y varios golpes en la cabeza y el cuerpo; venía de Vijes. 

La directora general del Instituto, Cristina Plazas, dijo entonces: “La sociedad no está realmente comprometida con nuestros niños y niñas, nos falta entender la responsabilidad y la obligación que tenemos todos los colombianos de protegerlos”. Con respecto a la violencia sexual, después de calificarla como el delito más atroz de la humanidad, dijo que desde el Icbf no se permitirá la existencia de beneficios para los violadores. “Exigimos que cumplan la totalidad de la pena en la cárcel”.

Las cifras de la Fiscalía general dicen que en Colombia, cada día, 122 niños son víctimas de abuso sexual. Solo en el primer trimestre del 2015, 71 órdenes de captura por delitos sexuales contra menores habían sido expedidas por la Fiscalía en distintos  municipios del Valle del Cauca; hasta abril, fruto de esas investigaciones fueron detenidas 25 personas en Sevilla, Tuluá, Cartago y Buenaventura.

Este año, según el ‘reporte de niños y adolescentes que ingresaron a proceso administrativo de restablecimiento de derechos del Icbf’,  en el Valle del Cauca fueron atendidos hasta ahora 110 casos de maltrato físico, 24 casos de maltrato sicológico y 316 casos de maltrato por negligencia, es decir una “falla intencional de los padres o tutores satisfaciendo las necesidades básicas del niño”. También fueron atendidos 570 niños víctimas de abuso sexual. En total fueron 1.391 pequeños los que necesitaban que alguno de sus derechos fuera restablecido.

Carlos Hernán Rodríguez, el Defensor regional del Valle, cree también que la forma en que el conflicto atraviesa la región, con focos de violencia tan arraigados en el tiempo y con tanta efervescencia como  cada tanto ocurre en Buenaventura, el centro, y el norte del Valle, ha sido factores determinante para que la violencia apunte permanentemente a los niños de este lado de Colombia. “Nosotros  somos receptores también del conflicto, hemos sido históricamente receptores del desplazamiento. Lo más grave es que es un problema tan frecuente, que tristemente se ha ido desnaturalizando entre algunas personas”.

Las palabras de terror provienen ahora de un mensaje de  whatsapp en el teléfono de un periodista que titila el viernes a las nueve de la noche: en el hospital Carlos Carmona intentan reanimar a una niña herida por bala perdida. Tiene menos de 11 años. El caso sucedió en Llanoverde, el mismo barrio donde el otro sábado murió en extrañas circunstancias Kinary Andrea Góngora, de 6 años.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad