Por miedo a nuevo ataque de las Farc, El Mango amaneció como un pueblo fantasma

default: Por miedo a nuevo ataque de las Farc, El Mango amaneció como un pueblo fantasma

Cerca de 400 habitantes salieron la noche del domingo desde ese poblado del municipio de Argelia, Cauca. Indignación por muerte de la profesora Ana Ilda Gaviria, por cilindro que explotó contra su vivienda.

Por miedo a nuevo ataque de las Farc, El Mango amaneció como un pueblo fantasma

Junio 10, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpaís.com.co | AP
Por miedo a nuevo ataque de las Farc, El Mango amaneció como un pueblo fantasma

La vereda El Mango, en zona rural de Argelia, en Cauca, ha sido atacada más de 200 veces por parte de las Farc. Los guerrileros hostigan a la población con tatucos lanzados desde las montañas.

Cerca de 400 habitantes salieron la noche del domingo desde ese poblado del municipio de Argelia, Cauca. Indignación por muerte de la profesora Ana Ilda Gaviria, por cilindro que explotó contra su vivienda.

El poblado de El Mango amaneció el lunes como un caserío fantasma en el suroeste de Colombia luego de que sus habitantes lo abandonaran para ir a pernoctar en zonas aledañas por miedo a nuevos ataques de las Farc, como el ocurrido el viernes y en el que murieron dos mujeres. Al menos 400 habitantes salieron la noche del domingo desde ese poblado del municipio de Argelia y en el departamento de Cauca, a unos 370 kilómetros al suroeste de Bogotá. Durante la jornada regresan a sus casas para ocuparse a la luz del día de sus viviendas y de los quehaceres agrícolas. Esta vez el desplazamiento, que se repite cada vez que las guerrillas atacan el caserío, se debe a la zozobra que sembró la muerte de la profesora Ana Ilda Gaviria y su madre, cuando el viernes en la noche las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) lanzaron un cilindro bomba que impactó a la vivienda de las mujeres, cuando la guerrilla atacaba a la estación de policía. Los habitantes se resguardan en la noche en las zonas cercanas de La Primavera, El Bujío, y la cabecera urbana del municipio de Argelia, confirmó en diálogo telefónico el alcalde de este pueblo, Elio Gentil Adrada. "¿Por qué la guerrilla se ha ensañado contra la población?" , se pregunta Adrada, quien ya perdió la cuenta del número de ataques del grupo insurgente en los últimos cuatro años y que ha dejado casi 100 casas destruidas en este caserío que contaba con unas 900 personas, pero en el cual permanecen unas 400 tras la huida de la mitad de su población, que se dedica a los cultivos de café y caña de azúcar. Las autoridades señalan que el Cauca ha sido, por años, un territorio de cruenta guerra entre la fuerza pública y las Farc por representar para la guerrilla un importante corredor hacia el pacífico colombiano para el tráfico de droga. Adrada contó que en la jornada se tiene previsto el entierro de las mujeres muertas. Y aseguró que otros siete heridos que dejó la explosión de la vivienda se recuperan en hospitales cercanos. Informó también que la fuerza pública ya recobró la seguridad en El Mango. La maestra Ana, otra víctima inocente de la guerra en El MangoA la maestra Ana Ilda Gaviria la muerte la sorprendió feliz. El mismo día en que falleció, el pasado sábado 8 de junio, había bajado en chiva, bien temprano, desde el corregimiento El Mango, donde nació y se ganaba la vida frente a un tablero, hasta el casco urbano del municipio de Argelia, al sur del Cauca, a solo 30 minutos de distancia. Fue a sustentar su tesis en geografía y sociales. Era casi un sueño cumplido. El último paso de una especialización que durante dos años había adelantado, a distancia, en la Universidad del Magdalena. Es que la maestra Ana, de 42 años, quería saber más, porque quería también que sus alumnos aprendieran más. Pero un tatuco del Frente 60 de las Farc, lanzado sobre las 7 de la noche, cambió los planes: mientras Ana y los suyos celebraban el nuevo logro académico, el arma mortal destruyó la casa donde vivían. Junto a ella cayó también su madre, Orfelina Galíndez. Su padre, Moisés Gaviria, quedó gravemente herido e intenta sanar las heridas del cuerpo y del alma en un hospital de Popayán. Un hermano corrió la misma suerte, lo mismo que otros cuatro habitantes del pueblo.Un pueblo que no solo tuvo que soportar el sonido del tatuco estallando, sino —como lo denunció el general Francisco Patiño, comandante de la Regional 4 de la Policía— “la manera cómo la guerrilla, en el colmo de la barbarie, lanzaba sus ataques con música de fondo”.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad