“Policía de Cali ya se alista para el posconflicto": general Hoover Penilla

Octubre 25, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Yefferson Ospina Bedoya | Reportero de El País

A dos años de su llegada a la comandancia de la Policía de Cali, el general Hoover Penilla habló sobre el reto que significó venir a esta ciudad, la necesidad de fortalecer la convivencia entre los caleños y los logros en materia de disminución de homicidios.

[[nid:475994;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/10/hoover-penilla.jpg;full;{El general Hoover Penilla Romero llegó a la comandancia de la Policía de Cali el 3 de octubre de 2013, sucediendo en el puesto al general Fabio Alejando Castañeda. Foto: Christian Zúñiga | Especial para El País}]]

A las 5:30 a.m., desde su casa y antes de llegar al comando, el general Hoover Penilla ya ha dado al menos tres órdenes a sus subordinados. Pasarán cerca de 20 horas antes de que vuelva a dormir, hacia la una o dos de la mañana del día siguiente. 

 Durante el día tendrá que atender lo habitual: los casos de homicidios, las operaciones de captura de líderes de bandas delincuenciales, la prensa, los decomisos de droga, las operaciones para disminuir el hurto, para disminuir el microtráfico, la venta de autopartes robadas, el contrabando, los fleteos, las riñas, los hurtos a bancos, a residencias. Lea también: ¿Cómo hizo Cali para tener la cifra de homicidios más baja en 20 años?

 En general, sus días son frenéticos.  “Cali es una ciudad muy compleja, y si uno quiere tener buenos resultados, tiene que estar al tanto de todo. Por eso me he acostumbrado a dormir tan poco”. 

Esa rutina, 20 horas diarias siendo  testigo inmediato de la delincuencia y la inseguridad en Cali, pero también como uno de los primeros responsables de lo que se haga para mitigar esa delincuencia, empezó hace dos años, el 3 de octubre de 2013 cuando fue nombrado comandante de la Policía de Cali. 

  “Aquí mi vida cambió, por supuesto. Trabajar en la única ciudad que hasta hace dos años no había podido lograr una tendencia a la baja en homicidios te exige mucho, como profesional, como persona, como miembro de una familia. Cali exige mucho”, dice.

 Actualmente se tienen los índices más bajos de homicidios en la ciudad en 10 años, ¿cómo se ha logrado eso?

Lo primero es que hemos hecho un análisis sobre los sitios en donde se presentan los mayores porcentajes de homicidios y, de acuerdo con eso, empezamos a realizar planes focalizados en las problemáticas de cada zona. Cada zona tiene una serie de variables específicas. Luego de hecho el diagnóstico empezamos a trabajar en eso y a exigirle más a los policías para que la labor preventiva sea más eficiente. Ahora bien, si la labor preventiva no es efectiva, fortalecemos la acción de captura, para que los hechos no queden en la impunidad. 

A pesar de la disminución, que es considerable, los índices siguen siendo altos comparados con los de otras ciudades, ¿qué falta?

Todavía no estamos en lo que podría ser lo ideal, que es estar en la media nacional que sería 30 o 34 homicidios por cada 100 mil habitantes. Ahora, hay que entender que venimos de muchos años con una tasa superior a los 90 por cada cien mil habitantes y ya bajamos a los 65. Lo que hay que tener en cuenta es que disminuir los homicidios no es una cosa que se da de un año a otro, es un proceso muy complejo, sobre todo con los antecedentes caleños. En esta ciudad la gente de algún modo se ha acostumbrado a vivir con los homicidios y mientras la comunidad no tome conciencia de que un solo asesinato debe ser rechazado por todos, va a ser muy difícil arrinconar a los que causan esas muertes. Ahora bien, también hay un alto porcentaje de homicidios que se presentan por intolerancia, por riñas o desencuentros entre las personas. Necesitamos una labor de educación que lleve a que esos problemas no necesariamente deriven a un hecho de agresión física.

¿Usted cree que es necesario empezar a controlar  ese tipo de fiestas que hacen en casas o incluso en vías públicas que se extienden hasta la madrugada del día siguiente?

Nosotros tenemos unos horarios establecidos para los establecimientos públicos pero no los tenemos para aquellas personas que en su vivienda hace una fiesta o reunión. Allí ya hay que entrar en temas de convivencia porque a partir de esas situaciones se generan muchas riñas debido a la molestia que esas fiestas le  causan a los vecinos. 

Hay que hacer una labor por parte de las autoridades para castigar las contravenciones que regulan el volumen y el uso de espacio público. Las autoridades tenemos que ser más rigurosas con esas cosas. Y por supuesto los ciudadanos también deberían aprender a respetar las normas que ya existen. 

  Pero ¿debería haber una norma que regule los horarios en los cuales se hacen este tipo de reuniones?

No. Lo que debe existir es un trabajo al interior de las comunidades, con las Juntas de Acción Comunal y los líderes, para que se mejore la convivencia y se respeten las normas que ya existen. 

El hurto a celulares no se ha podido derrotar en la ciudad y  sabemos que se debe en gran parte a que hay un mercado negro de venta de celulares robados. ¿Ese mercado se está atacando?

Sí, claro, nosotros estamos atacando el circuito de venta de celulares robados en la ciudad. Precisamente el jueves se capturaron  dos personas en el centro de la ciudad y se incautaron 780 celulares aparentemente robados, pues no  pudieron justificar su origen. Ahora, hay que tener en cuenta que ese mercado es incentivado por la compra por parte de ciudadanos de bien de celulares más baratos, dentro de un mercado que está en la ilegalidad. Si la gente no compra celulares de dudosa procedencia, pues entonces se desestimula el mercado. Lo mismo pasa con el mercado de las autopartes. Se roban los carros para vender las partes, y siempre hay alguien dispuesto a comprar repuestos más baratos que son robados. 

¿Pero se está fortaleciendo la inteligencia policial para contrarrestar ese mercado negro?

Eso es una política a nivel nacional para contrarrestar esos delitos. Muchas instituciones están trabajando como un mandato del Gobierno Nacional en ese sentido y la idea es reducir al mínimo este tipo de mercados ilegales atacando la cadena criminal en todas sus fases. No solo se trata de detener al que hurta el elemento sino también a aquel que lo acopia y que sabemos que lo está  llevando también a mercados internacionales. Porque esto se está convirtiendo en un fenómeno trasnacional. 

Pasando al tema del posconflicto, general, uno de los temores que hay en un escenario de firma de la paz es que desmovilizados que no se reintegren a la sociedad lleguen a ciudades como Cali a  fortalecer grupos criminales. ¿Qué se está haciendo para enfrentar un escenario de esos?

Eso requiere primero que todo una capacitación acorde a los miembros de la institución. La experiencias de otros países que han tenido este tipo de procesos es que efectivamente luego de la desmovilización se han fortalecido y han aumentado los grupos delincuenciales en las ciudades. Y eso se ha debido a que en esos países la insititución de la Policía ha sufrido una disminución, no solo en sus capacidades sino también en sus facultades. En nuestro país se está optando por lo contrario. Se está fortaleciendo a la Policía en todos sus ámbitos para tener la capacidad de contrarrestar lo que se pudiera llegar a presentar. Ya se están llevando a cabo los primeros pasos que preven esas situaciones, que es básicamente fortalecer las policías a nivel metropolitana y regional, para contrarrestar los factores de desestabilización. 

Y la Policía de Cali, ¿se está fortaleciendo?

Total. Cali debe crecer en un futuro en su número de cuadrantes y debe fortalecer su capacidad de monitoreo y de comunicaciones. Justamente estamos trabajando en la ampliación del centro de monitoreo de cámaras, se están instalando más cámaras y por supuesto, se está ampliando el pie de fuerza.

El año pasado capturaron a varios policías por hacer parte de una red dedicada a hurtar viviendas en el norte de Cali. ¿Cómo están atacando esas “manzanas podridas”?

Estamos fortaleciendo las unidades de asuntos internos. Hay que ser sinceros, dentro de la institución hay personal que se ha desviado del camino. Pero estamos avanzando en investigaciones y desvertebrando estructuras que nos permiten dar con esas personas que, dicho sea de paso, le hacen mucho daño a la institución, sobre todo por la confianza que la ciudadanía pierde en nosotros, un daño que cuesta mucho reparar.

  ¿Llegar a Cali fue un reto para usted?

Lo fue en el sentido de que el imperativo era disminuir el número de homicidios, y eso lo venimos logrando, aunque nos falta mucho. La señal que le estamos dando a los delincuentes con nuestro trabajo es que todos van a tener que responder y que ningún crimen que ocurra en esta ciudad va a quedar en la impunidad. Ese ha sido mi reto en estos dos años.

Microtráfico ¿Quién controla el microtráfico en la ciudad?   En Cali el fenómeno es atípico, porque no hay una banda que tenga el monopolio de la venta de drogas, como sí ocurre en otras ciudad. Hay muchos líderes de estructuras que controlan solo pequeñas zonas. Eso en gran medida también desemboca en enfrentamientos que dejan muchos muertos.    ¿Cómo evitar que una vez capturen un líder otro ascienda?  Nosotros trabajamos para procurar que el nuevo líder delincuencial dure poco en el poder, de modo que poco a poco desvertebremos toda la organización.
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