Palmira desarrolla estrategias para recuperar la tranquilidad perdida

Febrero 09, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Jessica Villamil | Reportera de El País
Palmira desarrolla estrategias para recuperar la tranquilidad perdida

Inseguridad. El Comandante de la Policía Valle asegura que la principal fuente de violencia en Palmira está relacionada con las extorsiones a comerciantes y el ajuste de cuentas. Las autoridades aumentaron los controles y patrullajes en la ciudad.

El año pasado la ciudad fue una de las más violentas del país. Según las autoridades, el problema es por venganzas entre bandas delincuenciales y tráfico de droga.

La violencia parece haberle dado una pequeña tregua a Palmira: En el mes de enero que acaba de concluir hubo 23 muertos, frente a los 33 que se produjeron en el mismo mes del año pasado.Esa disminución no es suficiente para retornarle la tranquilidad a los palmiranos. Y ese que su ciudad alcanzó una tasa de 107 homicidios por cada cien mil habitantes en el 2011. Cifra que cuadruplica el índice de homicidios de la Capital de la República en donde se presentaron 23 muertos por cada cien mil habitantes. En ese mismo año, Palmira, con 284 asesinatos, fue la ciudad con mayor casos de muertes violentas en el Valle, después de Cali.Las autoridades atribuyen semejante nivel de violencia “a las retaliaciones entre bandas delincuenciales y el microtráfico de estupefacientes”. Pero los líderes comunales y directores de entidades cívicas aseguran que los ingredientes de ese caldo de cultivo son el desempleo y la desocupación de los menores de edad. “La cultura pacífica desapareció. Ahora en Palmira la gente quiere arreglar los problemas a punta de bala”, señala Martha Gualteros, directora del Observatorio de Seguridad, Convivencia y Cultura Ciudadana. Incluso, confirma que de cada diez homicidios en el 2011, nueve ocurrieron con arma de fuego.Eugenia Muñoz, secretaria de Gobierno Municipal, agrega que la descomposición familiar tiene mucho qué ver. Reconoce que los muertos, los heridos, las peleas, las extorsiones, las amenazas que vive la Villa son producto del descuido de las autoridades.“En Palmira son los principales actores violentos. Cuando el muchacho no encuentra a sus padres en la casa, ni posibilidades de empleo, ¿qué se pone a hacer?”, agregó la funcionaria.El coronel Nelson Ramírez, comandante de la Policía en el Valle del Cauca, advierte que la ciudad está siendo intervenida. “Hemos tenido buenos resultados, en este mes (enero) las capturas están alrededor de las 50 personas”.Pero esas cifras, al igual que las que indican la disminución de los homicidios en Palmira, aún no se notan.Cifras bajan, miedo persisteAhora Palmira puede ser visualizado como un enorme Potrerogrande. Ese barrio incrustado en el oriente caleño, donde las calles tienen barreras imaginarias y ser habitante de un sector es suficiente para tener enemigos, las casas son desalojadas por temor y la Policía puede entrar, pero sólo si llega en camiones.Max Neil López es el presidente de la Junta de Acción del barrio Caimitos, catalogado como uno de los más violentos de Palmira. El hombre dice que ya no hay peligro, que ahora la autoridad frecuenta la zona y que la comunidad no siente tanto miedo.Pero el policía que está a dos metros de distancia mira de un lado a otro, como esperando ser acechado. En voz baja comenta que en ese sector ya ha sido atacado varias veces.“Sí. Uno trabaja con miedo. Siempre andamos en grandes grupos. En el camión”, precisa. Cuenta que todos los días hay un atraco y también riñas. Unas cuadras más allá, la dueña de una tienda relata que desde hace tiempo una pandilla pasa cada mes cobrando $30.000. La señora asegura que no sabe el porqué de la deuda. “A comienzos de enero vinieron. Les di unas monedas porque no tenía más y el tipo me dijo que no quería limosna. Que me daba una semana. Tuve que cumplir”, confiesa.Según cuenta el líder comunal, todas las tiendas de la Comuna 1 de Palmira están ‘vacunadas’. Además, hay sectores en los que se debe pagar por la seguridad a un grupo de vigilantes que a la vez es una banda delincuencial. “Pasan de vigilar a campanear (alertar a los delincuentes)”, dice Max.Pero la zozobra no sólo se siente en los barrios. En la galería, ubicada en el Centro, también hay propietarios extorsionados. Los vecinos del sector dicen que ya hubo dos muertos por no querer pagar. “Para nadie es un secreto esa situación. La gente que viene del campo con sus productos también tiene que pagar”, sentencia Herney Rivera, de la veeduría Despierta Palmira.Sostiene que en la ciudad sólo se adelantan políticas coyunturales cuando “pasan cosas fuertes”, a los días regresa la Policía a su cuartel.Martha Gualteros, del Observatorio, confirma que el año pasado la Policía incrementó su pie de fuerza. “El primer mes la estrategia dio resultado, pero esa no es la solución. Hay que atacar el problema de raíz. Es decir, hay que darles empleo a los hombres y mujeres, desterrar la violencia intrafamiliar y poner a los niños en las escuelas”.

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