“No olvidemos a los secuestrados que se quedarán solos en el monte”

“No olvidemos a los secuestrados que se quedarán solos en el monte”

Marzo 07, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Antonio José Caballero Especial de El País
“No olvidemos a los secuestrados que se quedarán solos en el monte”

Libertad. Miles de colombianos han salido a marchar en varias ocasiones para exigir la liberación de todos los secuestrados.

Familiares de secuestrados de los que nunca se han tenido noticias claman su libertad.

“Se quedaron solos en el monte”. Con esa frase resumió su sentimiento Elsa, la hermana menor del intendente Luis Hernando Peña Bonilla, de quien no se supo nada desde que llegaron los rescatados de la ‘Operación Jaque’. Elsa cuenta que uno de los liberados dijo que había visto cuando los carceleros de las Farc mataron al joven policía. Pero luego el rescatado cambió la versión y declaró que le habían contado el hecho y, finalmente, aceptó que solo era un rumor que flotaba entre sus compañeros de cautiverio porque el intendente Peña Bonilla se había vuelto muy rebelde, “a veces parecía loco”.Las que sufren cada vez más fuerte esta punzada de dolor son su hermanita y su cada vez más agotada mamá, Doña Leonor. Todos los domingos en la noche saca fuerzas de donde no tiene y, en medio de confusión e incertidumbre -que suelen ser castigos más fuertes que el propio secuestro-, le pide al ángel de la guarda que ablande los corazones de los jefes de las Farc para que ellos le digan “por Dios Santo” qué hicieron con su hijo. “Ruego porque me cuenten dónde lo dejaron para ir a buscarlo. Doña Leonor me cuenta que muchas veces susurra desde lo más profundo de su alma: “sello a mi Hernandito con la sangre de Cristo para que logre el camino y llegue hasta mí”.La realidad es que “todo apunta a que a mi hermano lo mataron las Farc y lo dejaron por allá, en las entrañas de la selva”, dice Elsa que me habla de su nostalgia, pero también de su alegría.“Alegría por todas las familias que van a volver a la felicidad con las últimas liberaciones que han anunciado. Y nostalgia porque pensé que él iba a venir en ese grupo, que es el último. El hacía parte de ellos y ahora se va a quedar solito”.Elsa dice que lo único que le pide a ‘Timochenko’ es que le diga, al menos, dónde dejó el cuerpo del intendente Peña. “Que libere nuestros corazones y podamos entregarlo en cuerpo y alma a Dios”.Todas las noches del domingo y al amanecer de los lunes en mi programa “Noches de libertad”, por RCN Radio, he invitado a que de alguna manera ‘Manuel Marulanda’, ‘Alfonso Cano’ y ahora ‘Timochenko’ le digan a ésta y otras familias lo que pasó con sus hijos y, como dice Elsa, “podamos cerrar el duelo y liberar nuestras almas y cuerpos cautivos. Por Dios ‘Timochenko’ ayuda a calmar el dolor que ya nos causaron”.Con el mismo dolor, solo que repartido en varias víctimas, oigo a doña Consuelo Cordón desde San Vicente del Caguán. A ella le secuestraron a su hermano Guillermo, en enero del 2003, y al mes su otro hermano Reinaldo fue a Mesetas (Meta), donde lo citaron las Farc para hablar del secuestro, pero él nunca regresó. Pero la tragedia no terminó allí. Los guerrilleros también dejaron en la montaña a su cuñado de Consuelo, Arvelay Lozada. Ni una sola palabra ha escuchado de ellos, quienes dejaron seis niños huérfanos de padre. Mientras en el programa 'Los caminos de la vida' suena una canción de Los Diablitos del vallenato, doña Mariela Patiño también alza la voz, desde Cajibío (Cauca), para denunciar que su hijo bachiller del Ejército, Manuel Alejandro Patiño, fue secuestrado por las Farc en esa región junto a sus compañeros Pechiné, Mosquera y Aquilindo. “Pero ellos ni siquiera aparecen en las listas oficiales del Ejército Nacional”. “A mi hijo se lo llevaron siendo un bachiller soldado y ahora no sé nada de él. Yo me siento feliz por los que vienen y terminan su pesadilla. Lo único que pido es que no se olviden de los que siguen en la selva”, dice doña Mariela. Y allá, cerca a Sotomayor (Nariño), desde una hermosa aldea llamada “El Rosal del Monte” un anciano se levanta en la madrugada para felicitar a los que vienen libres. Arropándose del frío con una ruana le dice a su hijo Robert Herman Guaquéz: “Donde esté, tenga paciencia y resistencia. Y a ustedes señores de las Farc les pregunto: qué pasó con él, qué le hicieron, dónde y cómo está mi hijito”. El hombre, ahogado en lágrimas le pasa el teléfono a otro de sus hijos. “No olvide hermano que ustedes están secuestrados, pero no olvidados”.Ese es el drama de la incertidumbre y la ansiedad, del dolor, la impotencia y el recuerdo de aquellos que nunca sabrán qué pasó con los suyos. Ojalá luego de la alegría, como decía doña Mariela, no los olvidemos en la libertad. No olvidemos a los que se quedaron solos en la montaña.

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