Narcotráfico: el imán detrás de la trata de personas en el Valle del Cauca

Septiembre 03, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Laura Marcela Hincapié Serna | Redacción de El País
Narcotráfico: el imán detrás de la trata de personas en el Valle del Cauca

Marcela Loaiza ahora tiene una fundación con su nombre y ayuda a las víctimas.

La trata de personas ya no es un delito transnacional. En este país, por algunas rutas del narcotráfico, también se negocian jóvenes. ¿Cuánto vale la inocencia de una mujer?

Detrás de los cultivos ilícitos también hay víctimas invisibles de la violencia sexual. La Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, Unodc, sostiene que el narcotráfico es otro verdugo de las mujeres. Pero en este caso tampoco hay cifras ni denuncias. Sin embargo, los defensores de las víctimas afirman que en zonas del país impactadas por el tráfico de drogas y el conflicto armado hay un aumento constante de los casos de trata interna. Feliciano Valencia, consejero de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin), respalda esa hipótesis. Advierte que la organización no le ha hecho seguimiento a ningún caso, pero reconoce que la región sí se ha convertido en un destino sexual. “Hemos escuchado que al departamento traen a muchas jóvenes desde Cali y municipios del Valle como Restrepo y Palmira”, dice el líder indígena. ¿La razón? En el Cauca hay cerca de 15.000 miembros de las Fuerzas Armadas y otros dos mil de las Farc. Esos batallones de hombres resultan ser el mercado más atractivo para las redes. La relación entre la explotación sexual de mujeres y el narcotráfico también se da en las rutas. Las vías que utilizan las guerrillas y bandas criminales para transportar cargamentos de droga y armas son las mismas que aprovechan los captadores de mujeres incautas.Cali, Colombia. Ahora Marcela está parada frente a un auditorio de la Universidad Javeriana. Son las once de la mañana del martes 21 de agosto del 2012. Lleva puesto un pantalón y una chaqueta café, el pelo rubio, cepillado. Han pasado doce años desde que logró escapar de Tokio. Ahora tiene un micrófono en la mano y cuenta a estudiantes y profesores su historia de prostitución. La voz no se le ha quebrado desde que inició el relato. Luce tan segura que parece que hablara de política o economía y no de una historia de dolores insospechados.En la cafetería de la universidad atiende una entrevista. Cuenta que ahora vive en Estados Unidos con sus tres hijas y su esposo y que en los últimos años se ha dedicado a prevenir que otras jóvenes caigan en las redes de trata. Marcela sonríe mientras habla.Sólo una pregunta hace que su rostro amable cambie de repente. Ahora se ve nostálgica. Su mirada está perdida, como si por instante se transportara de nuevo al día de su llegada a Tokio, a esas calles donde exhibía su cuerpo como una mercancía, a su primer cliente.-¿Qué pasó con esa niña soñadora que se fue a Japón?-Esa joven inocente se murió. A ella le robaron su corazón, su dignidad. Nunca regresó.Trata de blancas, negras, mestizasLas organizaciones que luchan contra este delito aclaran que el concepto de ‘trata de blancas’, esa definición que se utilizó hace muchos años para referirse a la venta de europeas a otros países, ahora es limitado. Hoy, la realidad es otra: hay trata de blancas, negras, mestizas, indígenas, y el fin no es sólo la explotación sexual. Marta Liliana Díaz, coordinadora del Grupo de Lucha Contra la Trata del Ministerio del Interior, explica que, además del crecimiento de los casos de trata interna, en Colombia también hay un aumento de los casos de trata con fines de explotación laboral, como el servicio doméstico. Las víctimas de estas otras modalidades también son hombres y mujeres que viven en veredas alejadas de las ciudades del país. “Hemos encontrado maltratos físicos e incluso a muchos les niegan la alimentación”, asegura Díaz.Lea la tercera parte del informe: Patricia cayó en la ‘red’ social.

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