“Mi vida no acaba aquí”, dice Alaín Mina tras ataque en su contra

“Mi vida no acaba aquí”, dice Alaín Mina tras ataque en su contra

Febrero 16, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Yesid Toro | Reportero de Q’hubo
“Mi vida no acaba aquí”, dice Alaín Mina tras ataque en su contra

Abogado y periodista Alaín Mina.

El diario Q'Hubo habló en exclusiva con el abogado y periodista Alaín Mina quien perdió la movilidad en sus piernas en un intento de atraco en Cali.

Fue en un instante. Primero un pum, luego el calorcito, después el desplome. La confusión, la gente saturando el espacio, el pavimento caliente, la sangre manchando.¿Creyó que iba a morir? Sí, sin duda. Por eso le oré de inmediato a Dios, cuando me subieron al taxi que me llevó directo a la Clínica Valle del Lili. ¡Por que yo no quería que me llevaran a otro lugar! Allá un amigo me esperaba, él fue el único que me contestó en los instantes que siguieron a ese ataque que al principio no supe de dónde llegó.El ataque. Ese maldito ataque. Uno de los primeros que se bajó de un carro a ver cómo estaba le dijo a Alaín que un hombre a pie se le arrimó. “¿Usted no lo oyó? El tipo le estaba diciendo algo”. Alaín Mina Osorio me recibió en uno de los cuartos de recuperación de la Clínica Valle del Lili. Está allí desde el sábado pasado, hace justamente ocho días, luego de que un delincuente le disparara por la espalda con un revólver cuando iba en su moto sobre la Calle 70 con Carrera 1A13, en el barrio San Luis. Esta allí luego de que un desalmado lo atacara con su odio, y con su bala le destruyera la C7, una de las vértebras cervicales que sostienen la movilidad. Justo lo que hoy Alaín perdió en sus piernas, según los médicos. Iba para La Cumbre a jugar un partido, a mover sus piernas, a hacer gambetas, a levantarse en el área para cabecear. Y pasó por allí, por esa zona hoy considerada maldita para él y para la madre de un joven que fue asesinado justo a dos cuadras, el jueves pasado, cuando iba a estudiar.¿Cómo supo que el tipo lo iba a robar?Me lo dijo un señor que me ayudó cuando yo estaba herido en el suelo. Lo supe además porque en medio del mareo y del malestar pensaba ¿Por qué no me apuntó de frente? Seguro le hubiese entregado la moto. Y si era para matarme por otra cosa que no fuera la moto, lo hubieran hecho cuando caí unos metros después. Pero seguro ya estaba feliz, aunque no se hubiera llevado nada”. Seguro, creo yo, le disparó con rabia, con esa misma que hoy los delincuentes abordan a sus víctimas en semáforos, en callejones, afuera de las universidades, en los barrios, dentro de los buses. Si no hay que robar te disparan y si hay también. Una lógica siniestra en la mente de un imbécil. Alaín es abogado de la Universidad Santiago de Cali, docente universitario, director de un programa de televisión en el Canal de la Universidad del Valle, vicepresidente del Colegio Nacional de Abogados Capítulo Valle y creador y director de una fundación llamada Talentos, con la que impulsa las aptitudes de muchos jóvenes de Cali y el Valle del Cauca. Es padre de Estefanía y de Valeria, sus amores. Es hijo del reconocido periodista y conductor de , Álvaro Miguel ‘El Negro’ Mina; es buen hermano, excelente amigo, destacado profesional. Es, ahora, un discapacitado más por cuenta de la violencia que azota a Cali.Quién lo atacó no sólo desconocía todo lo anterior. Ignoraba que Alaín era uno de los abogados más prominentes de la región con apenas 37 años de edad. Tres oficinas, clases, charlas, entrevistas, reuniones de trabajo social. ¿Acaso le puede caber en su cabeza malvada a usted, delincuente y asesino, todo el daño que causó? No creo, gente como usted no piensa, no razona.Creyó morir al principio, pero luego ¿qué pasó?Cuando llegué a la clínica me sentí muy mal y le dije a mi hermano que si me moría donara todos mis órganos y que no me fuera a enterrar, sino que me cremaran. Y al final logré vivir, los médicos hicieron un buen trabajo para salvarme y mi familia estuvo aquí atenta para apoyarme.Y luego de unos días vino la junta médica...Yo soy muy aterrizado. Ha sido un choque duro, saber que en adelante dependeré de alguien, eso molesta. Pero ahí viene el apoyo, el respaldo de mi familia, de mis amigos, de gente que nunca conocí y que llama y escribe. Me enfrento a un gran reto. Quiero recuperarme, soy muy creyente, pero no le dejo el trabajo sólo a papito Dios. Si no pongo de mi parte en las terapias y en lo que viene, sé que me voy a quedar aquí”. Los mensajes de apoyo han llegado de todas partes. De los conocidos y de los desconocidos, en las redes sociales y a través de la radio, en las llamadas, en los WhatsApp y por Facebook: “Fuerza Alaín”, “El Dios del cielo está contigo”, “Estás en nuestras oraciones Alaín”. Si acaso hay un remedio que calme el desconsuelo son las palabras precisas, la sonrisa constante, el abrazo sincero. Recuérdalo amigo. ¿Qué siente el alma cuando sabe que su cuerpo no va a volver a caminar? Cada mensaje me sube, como la energía a una batería. Mi trabajo es no dejarme desfallecer. Esta es una realidad, esto tenía que pasar. No me arrepiento de haber pasado por ese sitio. No justifico al agresor, no comparto sus motivaciones, y no me derrumbo. Esta es una oportunidad para que la sociedad caleña sepa que se puede levantar, que uno se puede levantar.Alaín lo supo el jueves cuando le dieron la noticia. Y se derrumbó. Lloró, claro, es de humanos. Pero ahora que recuerda los mensajes y el apoyo recibido esgrime la espada, desafía su realidad. No puedo negar que verlo así me causa angustia. Sobretodo porque observo en su rostro el mismo dolor de la madre que tiene a su hijo en silla de ruedas por una bala perdida, de la esposa que tiene que cargar a su marido policía o militar porque un campo minado lo sentó para siempre; veo al padre desesperado porque su hija quedó discapacitada porque cruzó, sin saberlo, una calle prohibida.Y si capturan al que lo agredió, ¿lo perdona? Me gustaría, si lo capturan, hablar con él. En mi trabajo como abogado he analizado que mucha de esta gente llega a estas instancias por falta de apoyo, por problemas de la infancia. Sí, estaría dispuesto a perdonarlo.

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