"Me voy con unas Farc más debilitadas": Juan Carlos Pinzón

Junio 11, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Mary Fandiño y Alfonso Ospina / Colprensa

Juan Carlos Pinzón, exministro de Defensa de Colombia.

Juan Carlos Pinzón habló sobre la situación del Pacífico tras la escalada de ataques de las Farc y entregó su balance al dejar el Ministerio de Defensa.

El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, deja su cargo en medio de una nueva escalada de las Farc que ha dejado dos ciudades del Pacífico sin energía durante varios días y una crisis ambiental por el derrame de petróleo en Putumayo.

Pinzón, quien duró 45 meses en su cargo,  asumirá la embajada de Colombia en Estados Unidos, lugar que hasta el momento ocupaba Luis Carlos Villegas, quien, en un movimiento de enroque, llegará al país para dirigir esa cartera. 

El cambio de ministro sucede en este momento paradójico, pues el Gobierno mostró que las cifras de seguridad habían mejorado en 2014, con el índice de homicidios más bajo en tres décadas, pero las Farc levantaron el cese al fuego unilateral y lanzaron una ofensiva, que provoca una nueva sensación de inseguridad.

Frente a los hechos atribuidos a las Farc en Putumayo,  en los que se obligó a conductores de 19 camiones que transportaban petróleo a derramar el combustible, el ministro saliente expresó  su rechazo por “los actos de terrorismo. Eso no es voluntad de paz, solo perjudica a Colombia”.

“Obligar a conductores a vaciar el crudo que transportaban en Putumayo es perjudicar los recursos naturales y a la comunidad. Las Fuerzas Militares y la Policía están trabajando para recuperar la seguridad en la zona”, agregó.

Pinzón en entrevista con Colprensa habló sobre la situación del Pacífico y entregó su balance al salir del cargo.

Su salida coincide con la finalización de la tregua de las Farc, tras la que vino un recrudecimiento en los ataques terroristas. ¿Se va con una seguridad deteriorada?

Me voy después de dar los golpes más grandes en la historia a las Farc, a nadie le tocaron más golpes de las Fuerzas Armadas que los que me tocó ver a mí. Me voy con la tranquilidad de haber dejado unas Farc más debilitadas que nunca y la prueba de ello es que están en La Habana, porque no tienen otro camino. En cuanto a las acciones terroristas, es cierto que se están realizando en unas zonas muy específicas del país en contra de la población civil, pero también se han evitado gran cantidad de esos hechos: del 22 de mayo a hoy, hemos evitado 96 atentados. 

Si uno compara el terrorismo de hoy con el que había hace diez años, se da cuenta de que tenemos la frecuencia más baja, si se compara la magnitud de estos atentados con los de entonces, se ve también que es muy limitada. Todo eso es una muestra de debilidad, lo que deberían hacer ya es asumir una postura valiente, pedirle perdón al país, entregar sus armas y desmovilizarse.

Pero están haciendo lo contrario y  son capaces de dejar días sin luz a una ciudad como Buenaventura, que tiene una intervención militar.

Buenaventura tuvo su peor momento hace un año y hoy tiene los mejores índices de homicidios en varios años, precisamente por una intervención que hicimos, primero con policías y luego con militares, afortunadamente el presidente ordenó que se hicieran inversiones de infraestructura y sociales para encontrar una solución a ese problema. Sin embargo, una región como Buenaventura requiere empleo, oportunidades, educación, es la única manera para que cambie la situación de ese municipio. Lamentablemente el terrorismo no necesita sino de la mala voluntad de un inpiduo para ir y tumbar una torre de energía en la mitad de la selva y dejar sin luz un municipio. 

¿Qué se está haciendo para controlar ese tipo de ataques? 

Como hemos visto que hay esas intenciones, no nos quedamos en el discurso, se han desplegado los Centros Integrados de Inteligencia en los sitios críticos del país, que son la Costa Pacífica, Putumayo, Norte de Santander, Nariño, Arauca y el norte de Antioquia, además de unidades especiales para tener mayor capacidad de respuesta. Ojalá llegue la paz  por un acuerdo, pero si no es así, tenemos que imponerla para la tranquilidad y bien de todos los colombianos, los que se tienen que cansar son los bandidos no los buenos.

Usted se va en pocos días, ¿cuál es el reto más grande que le queda al Ministerio de Defensa?

Las bacrim y la seguridad ciudadana. Esas ya no son estructuras de orden nacional, sino que se convirtieron en un problema de crimen organizado local que hay que enfrentar.  Justamente por eso inyectamos 25 mil policías, creamos nueve policías metropolitanas, adquirimos diez helicópteros, cinco mil automotores, 3500 cámaras de seguridad, fortalecimos la inteligencia enfocada en seguridad ciudadana y eso ha venido dando unos réditos históricos, como la cifra de homicidios más baja en 35 años, el menor número de secuestros en 19 años, la cifra más baja de robo de automotores en trece años. 

¿Cómo conseguir esa seguridad?

En eso no se requiere solamente el actuar policial, quiero ver a los alcaldes liderando, porque donde ellos lideran los resultados se producen; donde no, se daña la percepción de seguridad. Necesitamos a alcaldes y líderes motivados, además de a agencias del Gobierno Nacional jugando otro papel. Quisiera ver, por ejemplo, que no se hable tanta filosofía en materia de salud pública o justicia, sino que se tomen medidas efectivas: que si hay consumidores de drogas, ¿dónde están los centros para rehabilitarlos?, eso es vital para sacar gente de la violencia o si hay capturas, que se dé un castigo efectivo. Me frustra mucho que se capture a una persona tres, cuatro veces y que esté en la calle, requerimos que se ajuste la legislación y se haga la infraestructura carcelaria y de rehabilitación para esos delincuentes.

Hay dos temas a la hora de su salida que quedan sin resolver, uno de ellos es si la Policía, como responsable de la seguridad ciudadana, deba estar en el Ministerio de Defensa o no. 

Colombia es el último país en la región que tiene dentro del Ministerio de Defensa a la Policía Nacional, pero eso no significa que los demás estén en lo cierto y nosotros errados. Hemos tenido que mantener ese arreglo por el tipo de retos que hemos enfrentado y que hay que seguirlos degradando por unos años más, hasta que definitivamente se pueda pensar en otro arreglo. En unos años la Policía podría estar en  un Ministerio de Seguridad o del Interior, pero no en el corto plazo, me parece que no sería una solución, sino que más bien crearía un nuevo problema de coordinación.

El segundo asunto es sobre el descontento, que se dice hay dentro de las Fuerzas Militares por el proceso de paz y las diferencias internas. 

Las Fuerzas Militares y de Policía son instituciones disciplinadas que al final cumplen órdenes. No ha habido orden que al final no hayan cumplido. Claro que ha habido intentos por politizar algunos de sus temas y es lamentable; me parece una mala estrategia, porque quien pierde es el país y las mismas Fuerzas Armadas, porque las ubica en un sector u otro y su gran virtud es que no dependen de un momento político sino que tienen un deber de protección y defensa todo el tiempo.

Siempre hubo mucha confusión en el país respecto a por qué usted pensaba una cosa y el Presidente otra, sobre todo en lo referente al proceso de paz. ¿Es verdad que usted decía lo que el presidente no podía?

Más allá de las identidades de orden personal y de tantos años trabajando juntos, aquí lo que estábamos era desarrollando una política seria de fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, en sus equipos, en sus hombres, en sus entrenamientos, en su bienestar, para seguir golpeando con toda contundencia a las FARC, el ELN, las bandas criminales, el crimen organizado y la delincuencia en general. En eso siempre hubo una alineación; lo que sí mantuve siempre era que las cosas había que llamarlas por su nombre, los actos de terrorismo lo hacen los terroristas. Siempre sostuve ese punto.

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