Más de 300 familias desplazadas de Brisas de Comuneros por guerra entre oficinas sicariales

Mayo 30, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co
Más de 300 familias desplazadas de Brisas de Comuneros por guerra entre oficinas sicariales

Cuatro pandillas al servicio de bandas criminales amenazan con desatar un enfrentamiento en Brisas de Comuneros, en el oriente de Cali.

En la invasión Brisas de Comuneros, disputas entre varias estructuras criminales han desplazado más de 1500 personas. Los Buenaventureños, una oficina sicarial de la zona, dio un plazo de 20 días para que la gente abandone el lugar. Dicen que matarán a quien desobedezca.

Más de 300 casas abandonadas. Unas dos mil personas desplazadas. El temor a una guerra sin cuartel. Ese es el panorama que hoy se vive en una zona marginal del extremo oriental de la ciudad, la invasión Brisas de Comuneros, donde cuatro pandillas al servicio de bandas criminales amenazan hoy con desatar un enfrentamiento sin antecedentes en la historia reciente de Cali.Esta historia de violencia comenzó el pasado 14 de mayo cuando un grupo de unos 20 hombres que se hacen llamar los Buenaventureños inundó de panfletos amenazantes a Brisas de Comuneros, cerca al barrio el Vallado, exigiendo el desalojo de todas las casas en un plazo 20 días.Los papeles entregados decían que quien se quedara moriría. Han pasado 16 días. Decenas de familias han salido de la invasión. Según dicen los habitantes de Brisas de Comuneros, a la fecha ya se cuentan más de 300 casas abandonadas en la zona.Otras decenas esperan. Hay quienes se están armando para enfrentarlos. En cuatro días habrá de ser la huida o la muerte.Un investigador de inteligencia de la Policía reveló a El País que en Brisas de Comuneros operan cuatro pandillas: los del Centro, Palmas de Milor, los Haitianos y los Buenaventureños. Las tres primeras, comenta el investigador, están al servicio de la banda criminal de 'los Urabeños', dedicadas al microtráfico, la extorsión, el asesinato selectivo y el hurto. Cada una puede estar compuesta por al menos 20 adolescentes. Entre esas tres estructuras no suelen producirse enfrentamientos, pues se trata de pandillas que han operado por intereses iguales al servicio de 'los Urabeños'.A la par que prestan sus servicios a la banda criminal, dice el investigador, los del Centro, Palmas de Milor y los Haitianos cobran vacunas a todos los comerciantes del barrio el Vallado y de Brisas de Comuneros. El País visitó la zona y dialogó con varios de sus habitantes, quienes señalaron que, de acuerdo al tipo del negocio, las extorsiones pueden ser de hasta $500.000 mensuales.Sobre los Buenaventureños existen dos versiones. La primera, que es la que menciona la comunidad, indica que se trata de unas 20 ó 30 personas que llegaron hace algunos meses desde el Puerto. Estos serían sobrevivientes de la banda criminal ‘la Empresa’, que fue arrasada en Buenaventura por 'los Urabeños', al mando de ‘Martin Bala’, el narcotraficante capturado esta semana en Bogotá.Los Buenaventureños se ubicaron en uno de los extremos de la invasión, con el propósito de reestructurarse, y desde allí iniciaron sus operaciones para conquistar el territorio de manejado por los Haitianos, los del Centro y Palmas de Milor.Una mujer de unos cincuenta años de edad, tez negra, cabello blanco y una evidente angustia revelada en sus palabras, dijo a El País que “hace como unos tres meses que llegaron los Buenaventureños esto se puso más difícil para todo el mundo. A mi hermano y a su hijo los mataron porque no querían irse de aquí. Y ellos empezaron a cobrar vacuna en las casas, cinco mil por semana. Y al que no pague, pues lo matan”.Una fuente de la Personería Municipal consultada por El País ratifica esta versión: los Buenaventureños no tienen más de seis meses allí.Sin embargo, para los investigadores de la Policía no se trata de un grupo nuevo. Los Buenaventureños, dicen, existen desde hace años en el lugar y la violencia que generan no es nueva. “Están allá hace mucho tiempo y se disputan ese territorio para el microtráfico y para cobrar vacunas”, dice la fuente.Brisas de Comuneros, la huida o la muerteBrisas de Comuneros es una invasión del tamaño de dos canchas de fútbol, situada detrás del barrio El Vallado, extremo de la Comuna 15. No se trata de un barrio, es una acumulación informe de más de mil casas dispuestas a ambos lados de corredores de polvo y piedra. Casas de arquitectura desesperada, hechas de estera, de ladrillos rotos, algunas sólo de guaduas y plástico, separados por angostos y oscuros corredores por donde se corren hilos de aguas negras.Pero los callejones son un hervor de gente, de niños descalzos que juegan a matarse con palos que cargan como fusiles, de hombres sentados en las puertas de sus casas, de mujeres, de adolescentes semidesnudos con marcas de balas y puñales en sus dorsos.En medio de los mezquinos y sucios callejones pueden verse las casas vacías y destruidas, colchones putrefactos en patios de tierra, puertas saqueadas, rastros de sangre. En menos de un mes, la Policía ha encontrado dos cuerpos desmembrados en la invasión. Según cifras del Observatorio Social de Cali, en los primeros tres meses de este año, la comuna 15, a la que pertenece Brisas de Comuneros, fue la tercera con más homicidios: 42 muertes.Al lado de las ruinas de varias casas abandonadas, El País encontró un grupo de adolescentes que esconde unas armas artesanales fabricadas con tubos o fragmentos de guadua que apenas logran asustar un poco y que disparan hacia cualquier parte. Dicen que no van a dejar que les quiten sus casas. Y saben que seguramente morirán. Según las versiones que corren en la zona, los Buenaventureños tienen fusiles y pistolas automáticas.Ninguno de ellos supera los 20 años. “Yo no tengo pa’ dónde irme y no voy a dejar que me saquen de la casa que hicimos mi familia y yo”, dice uno de ellos. ¿Y quiénes son los Buenaventureños?Gonzalo*, un hombre que vive en el Vallado desde hace 45 años y que se ha dedicado a estudiar el fenómeno de la delincuencia en esa zona, sostiene que la banda de los Buenaventureños viene de otros tiempos, de otras violencias.Según dice, empezaron a llegar a la comuna 15, exactamente a la invasión Brisas de Comuneros, después de que oficinas de cobro del barrio Mojica, compuestas por gente de la Colonia Nariñense, entraron en disputa con una oficina de cobro de Mariano Ramos, que anteriormente ejercía su poder en el Vallado y en Brisas de Comuneros.Según esta fuente, los enfrentamientos se iniciaron en el 2009 y la masacre de cinco miembros de la familia Tolosa Carabalí, en noviembre de 2009, habría sido una de las consecuencias, pues los Tolosa provenían de Nariño y buscaban apoderarse del territorio controlado por la oficina de Mariano Ramos.Aunque no se sabe muy bien hace cuánto los Buenaventureños operan en Brisas de Comuneros, Gonzalo* asegura que desde hace aproximadamente tres meses su accionar se ha modificado. “Empezaron a desterrar a la gente de la invasión, a cobrar vacunas no solo a los establecimientos comerciales sino a las casas. Todo con el propósito de traer a su gente a vivir en esa zona”, dice.Investigaciones de la Personería Municipal dicen que se trataría de 20 hombres, Gonzalo* dice que es evidente que son más de 20, tal vez más de 50. “Y no son una pandilla, porque tienen fusiles y armamento fuerte. Son una banda criminal”, precisa.Un investigador de la Policía confirmó a El País que se tienen identificados a cuatro cabecillas de los Buenaventureños: alias Meneses, alias Danilo, alias Camastrón y alias Buey, quienes ejercen su dominio no solo en Brisas de Comuneros, sino en el Vallado.Esta situación, agrega Gonzalo*, ya ha sido informada a la Alcaldía de Cali, y particularmente a la Secretaría de Gobierno Municipal, que “sabe que los Buenaventureños están desterrando a la gente”. ¿Qué se ha hecho entonces? Es la misma pregunta que la comunidad se hace, sin respuesta.El comandante de la Policía de Cali, general Fabio Castañeda, dijo a El País que la Fuerza Pública está haciendo presencia. Habla de 40 carabineros, de personal de inteligencia. Dice que en Cali “nadie le impone plazos a nadie”.Pero en los sucios callejones de Brisas de Comuneros hay un reloj que sigue corriendo. Los que vieron los panfletos insisten en que sólo quedan cuatro días. Que en la zona no hay Policías, sólo desolación y un dilema claro para los que aún quedan: la huída o la muerte.

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