María Eugenia Pozú, la 'cazadora' de los abusadores sexuales de Cali

Junio 08, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Ana María Saavedra | Editora de Orden
María Eugenia Pozú, la 'cazadora' de los abusadores sexuales de Cali

La Intendente María Eugenia Pozú.

Lleva 22 años en la Policía, la mayoría de ellos como jefe del Grupo Humanitas, de la Sijín, que lleva tras las rejas a los abusadores sexuales.

La mujer tiene un jean y una camisa de manga corta. Tenis. En el cinto lleva una 9 milímetros. Su pelo ensortijado lo lleva corto. Su tez es negra. Sus ojos negros. Su sonrisa es blanca.

Se llama María Eugenia Pozú. Tiene 43 años. Es caleña. Es policía. Intendente, para ser más precisos. Lleva 22 años en la institución y la mayoría de ellos como investigadora de la Sijín de Cali.

Cuando salió de la academia tenía claro que lucharía para ser tratada por sus compañeros como una igual. “En esa época pensaban que las mujeres en la Policía eran para tareas de oficina. Yo estaba haciendo eso, pero se dio la orden en todo el país de investigar casos de posibles víctimas del violador y asesino en serie de niños Luis Alfredo Garavito.

“En Cali crearon un grupo para que buscara si había casos. Contacté familias de desaparecidos, revisé expedientes y recopilé toda la información, gracias a Dios aquí no hubo víctimas de ese hombre”, recuerda María.

Desde ese momento, la Policía creó los grupos Humanitas, dedicados a investigar delitos sexuales. Y María Eugenia Pozú fue nombrada oficialmente en él. De eso han pasado más de 20 años. Y aunque Garavito no cometió ninguno de sus cientos de crímenes en la ciudad, otros monstruos sí se han grabado en las pesadillas de mujeres y niños. 

María Eugenia Pozú, esa niña que soñaba con ser policía para seguir el ejemplo de su padre, que murió cuando era pequeña, se convirtió en una ‘cazadora’ de  monstruos.

Por años fue la jefe del grupo Humanitas e investigó las denuncias de abuso sexual en Cali.

María Eugenia tiene sus historias en una carpeta. Cada caso resumido, con foto del agresor y detalles de su condena. Allí sale el  ‘violador de la bicicleta’, un hombre que violó a trece mujeres, de edades entre 9 y 40 años.  

Y está el padre que abusó de sus hijas de 4 y 7 años, y de su esposa... Es por esa larga lista de capturas que en octubre del 2013 María Eugenia fue escogida como la “mejor policía de Colombia”, en los premios Corazón Verde de esta institución.

“En muchos de los casos los violadores están en el interior de las familias, son sus padrastros, tíos o alguien cercano”, explica la Policía.

Por esa razón, el grupo Humanitas realizaba campañas en colegios del oriente de la ciudad para alertar a los profesores sobre las conductas de un niño abusado.

De uno de esos colegios acudieron a la Sijín, recuerda, para denunciar un caso de abuso: una niña de 7 años escribió en una carta que se quería morir. La profesora la encontró en un cuaderno e interrogó a la pequeña, que reveló que su padre abusaba de ella.

Los investigadores descubrieron que tanto la menor como su hermanita de 4 años, y la madre de ambas, eran víctimas de un violador, quien las amenazaba para que no hablaran.

María Eugenia es intensa, es ocasiones un poco obsesiva, dicen sus compañeros. Esa es la forma que tiene para que las pesadillas de ese horror que le ha tocado ver no la despierten en la noche. 

Sus recuerdos no están plagados por el rostro de sus victimarios sino por el agradecimiento de las víctimas. Ella no les teme a los monstruos, ellos le temen a ella.

“Claro que uno se afecta con esas historias, de cierta forma. Pero eso mismo me anima a seguir para llevar a los abusadores y a los delincuentes tras las rejas. Cuando hablo con una víctima, me pongo en sus zapatos, necesito su confianza”, dice. Y esa, tal  vez, ha sido una de las razones por las que hoy cuando se la encuentran en la calle, muchas de las mujeres que rescató de las garras de los abusadores la recuerden y la saluden.

“Algunas de ellas me recuerdan. Hace tiempo yo iba por la calle cuando una joven me llamó por mi nombre. No la reconocí  hasta que ella me dijo que había sido una de las víctimas del violador de la bicicleta”.

En el 2005, trece mujeres de diferentes edades fueron víctimas de un violador  que se desplazaba en una bicicleta roja y las amenazaba con un cuchillo. La joven fue la primera de ellas.

Cuando empezaron a llegar las denuncias, llevar tras las rejas al violador se convirtió en una obsesión para María y su compañero de entonces, el intendente  Álvarez. Durante seis meses le siguieron la pista al violador en serie.

“Uno trabaja en pareja para investigar los casos. Con  Álvarez recorrimos en moto y en carro las zonas donde este hombre había cometido los delitos. Teníamos  un retrato hablado. Un día salíamos del Palacio de Justicia  y veo en un taxi a un hombre con la descripción de ese depredador sexual.  Le dije a mi compañero: es él. Yo andaba con el retrato del hombre, lo llevaba siempre.

“Paramos el taxi y le dijimos que íbamos a realizar una requisa, le pedimos los documentos y  lo identificamos con cédula. Anotamos  los datos de su dirección, pero no era”, dice.

Con esa identidad encuentran varias direcciones. Una de ellas es la de su madre. La visitan y se hacen pasar como encuestadores. Le preguntan cuántos hijos tiene y ella los enumera uno a uno. Consiguen su ubicación.

Cuando llegan a su casa descubren que es un hombre casado, con dos hijas adolescentes. Su esposa, incluso, les entrega la bicicleta roja en la que cometía sus crímenes. 

“Los violadores cuando uno los detienen no son agresivos, al contrario, parece como si quisieran generar es pesar. Son expertos en manipular pero cuando uno los captura se vuelven cobardes”, explica.

Al ‘violador de la bicicleta’ lo defendió su familia. Gritaron y trataron de golpear a los uniformados que allanaron la casa para detenerlo. Horas después, las mujeres llegaron a la Sijín a preguntar por él cuando María Eugenia las atendió y les contó lo que había hecho él. Ellas se fueron mudas. “Creo que desde ese momento no quisieron saber nada de él. A este hombre lo condenaron a 20 años de prisión. Cuando me encontré a esa joven, ella me preguntó si él  seguía preso. Le dije que sí.  Me contó que recuperarse fue muy difícil, duró  dos años sin salir de la casa. La escuché y al final nos despedimos, me dio las gracias”.

Ese agradecimiento es lo más importante para la policía. “Hubo un caso de un señor que vendía frutas en una carretilla. Él tiene una hija que en ese tiempo tenía como 11 años. La niña iba al colegio cuando un tipo en una bicicleta la acorraló y la violó. Su papá denunció. Nosotros nos pusimos a buscar a ese violador por todo el barrio Antonio Nariño, donde sucedieron los hechos.

La niña era muy despierta y accedió a acompañarnos para recorrer el barrio, a ver si lo reconocía. Según el perfil que se hizo de él, parecía un trabajador de la construcción, así que empezamos a buscarlo hasta que ella lo vio y lo identificó.  Lo detuvimos, hoy está condenado. Yo sabía que tenía que atraparlo porque era un depredador sexual. En varios colegios se decía que un hombre perseguía a las niñas cuando salían de clases y yo tenía claro que si no lo agarraba, él volvería a atacar a otra menor”.

 Tras la captura, el padre de la niña agredida estaba tan agradecido que todos los días llegaba a la Sijín para llevarle una fruta a María Eugenia. Ella todavía ve a la menor, ahora adolescente, pues con sus compañeros la ayudaron a entrar a estudiar a otro colegio.

La intendente jefe Pozú había sido trasladada al grupo de Delitos Especiales, que investiga narcotráfico. Allí lideró operaciones contra expendedores en el barrio Sucre y la ofensiva para recuperar parques. 

Asegura que su labor es coordinar las investigaciones. “Ya no puedo hacer trabajo de infiltración porque con el premio salí en muchos medios y de golpe me reconocen”.

Pero la semana pasada sus jefes la enviaron otra vez a liderar Humanitas. Otra vez la ‘caza’ monstruos está en las calles.

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