Los tres uniformados que están secuestrados y no figuran en las listas oficiales

Los tres uniformados que están secuestrados y no figuran en las listas oficiales

Enero 28, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Oriana Garcés Morales | Especial para El País
Los tres uniformados que están secuestrados y no figuran en las listas oficiales

Manifestación. Los familiares de los secuestrados ‘invisibles’ han acudido a las marchas por la libertad para pedirle a las Farc que den noticias de sus familaires.

El problema estaría en que el Ministerio de Defensa exige pruebas de supervivencia de los uniformados para reconocer a los desaparecidos como secuestrados.

“A él lo secuestraron las Farc, pero el Gobierno lo desapareció”, afirma Enrique Celix, cuñado del sargento del Ejército Héctor Velásquez Carrillo, uno de los tres uniformados que permanece en poder de la guerrilla, pero que no hace parte de la llamada lista de canjeables.Después de más de diez años sin pruebas de supervivencia o pronunciamientos del grupo guerrillero, la familia del sargento Velásquez, así como la del mayor Luis Demetrio Yepes, solo piden una cosa cada vez que se acerca la época de liberaciones unilaterales: que el Gobierno y las Farc reconozcan a sus seres queridos como secuestrados.En la actualidad, diez oficiales -de los cuales seis serán liberados en las próximas semanas- aparecen en la lista de canjeables de las Farc. Otro uniformado que estaría en poder de la guerrilla, y del cual nunca se han recibido noticias, es el sargento César Augusto Pérez Torres, secuestrado el 5 de marzo de 1996 en Urabá, Antioquia. Una vocera de la Fundación País Libre señaló que “el problema con estos uniformados que aparecen como desaparecidos, es que el Ministerio de Defensa exige pruebas de supervivencia para reconocerlos como secuestrados, por lo que se vuelve un círculo vicioso en el que sufren las familias”.La espera de los Velásquez CarrilloEl 27 de julio de 1997, el sargento viceprimero Héctor Velásquez Carrillo se encontraba con un compañero, en un paraje de una carretera que comunica a San Antonio de Atenas, Caquetá. La noche anterior había llamado a su hermana para informarle que tenía diez días de descanso. “Dijo que no iba a ir a Cúcuta, sino a visitar a un hermano en Bogotá y que mandaba la plata del transporte para que llevaran a su mamá al médico, porque estaba muy enferma”, cuenta Enrique, su cuñado.Sin embargo, el oficial nunca viajó. “No sabemos qué pasó, parece que el compañero lo convenció de que se quedara”, explica Enrique y agrega que, cuando las hermanas de Héctor fueron al lugar donde fue visto por última vez, “las señoras de la tienda contaron que él se quedó solo, porque su compañero se fue a buscar quién le arreglara la moto. Cinco minutos después llegó una camioneta con gente armada de las Farc y se lo llevaron”.Los familiares del sargento Velásquez afirman que él aparece como desaparecido en la Fiscalía, porque en ese momento la entidad no abrió el respectivo proceso. “Por eso lo declararon como desaparecido y, en una ocasión, las Farc nos mandaron a decir que no les interesaba darnos pruebas de supervivencia si el Gobierno no reclamaba a Héctor”.“No lo dejen morir en la selva. No dejen que le pase lo mismo que al capitán Guevara”, le dijo un supuesto reinsertado de las Farc a un familiar del sargento Velásquez el año pasado, quien le advirtió que el militar se encontraba en delicado estado de salud. Hace seis años, otro hombre les manifestó “allá les dejé al muchacho. Está bien de salud, en las montañas entre Santander y Boyacá”. Sin embargo, la incertidumbre por el paradero del sargento Velásquez no ha parado en los catorce años y seis meses que lleva secuestrado. Su cuñado cuenta que, en las fechas especiales, la familia se reune en “medio de la tristeza. Además, don Pedro (el padre del sargento Velásquez), prohíbe que se celebre algo mientras su hijo no esté libre”. La espera le ha costado al anciano, de 72 años, el deterioro de su salud física y emocional. “Él era muy activo y ahora tiene muchas limitaciones físicas. Cuando se habla de liberaciones y no se menciona a Héctor, le afecta mucho”.Uno de los momentos más difíciles para la familia Velásquez fue cuando tuvieron la falsa esperanza de que pronto verían al sargento en libertad. “Pensamos que lo iban a dejar libre porque nos dijeron que a Héctor lo estaban moviendo de campamento y en ese momento se hablaba de liberaciones unilaterales. Cuando pasaron los días y ni siquiera tuvimos noticias de él, don Pedro sufrió una trombosis por la angustia”, recuerda Enrique.Del EPL a las Farc“Dicen que lo van a soltar cuando cumpla 20 años de secuestro”, asegura Ana Yepes, hermana del mayor Luis Demetrio Yepes, secuestrado el 9 de abril de 1994 en un retén del EPL entre Cocorná y Santuario, en Antioquia.Aunque durante los primeros días del secuestro el EPL le informó a la familia Yepes sobre las condiciones de salud del uniformado, los subversivos no se volvieron a pronunciar. “Nos han dicho que a mi hermano se lo cambiaron a las Farc por armas”, explica Ana y agrega que, hace dos años, un guerrillero del ELN le contó que “los primos (las Farc) lo tienen por la frontera con Venezuela”.Sin embargo, la familia Yepes lucha sola por la liberación de su hijo. “Nuestra única esperanza es los mensajes que le mandamos por los medios de comunicación. El Gobierno nos dijo que estaba muerto y que lo habían tirado al río Cocorná, pero allá nunca lo encontramos”. Ana indica que, a pesar de que han intentado con todo tipo de entidades gubernamentales y organizaciones humanitarias, el mayor Yepes continúa declarado como desaparecido.“Uno no entiende por qué sucede esto”, se pregunta la mujer y recuerda que el momento más difícil durante estos 17 años fue cuando murió su padre. “Él padeció todo el secuestro y nunca olvidó a mi hermano. Hasta el día en el que falleció, lo recordó”.Cuando fue secuestrado, el mayor Yepes tenía 35 años y tres hijos. A pesar de que no contaba con los recursos económicos para estudiar en una universidad, decidió unirse al Ejército para tener la oportunidad de hacer la carrera militar. “Tenía mucho futuro, era muy inteligente y sacaba la cara por toda la familia”, recuerda Ana y afirma que no se cansará hasta que la guerrilla o el Gobierno escuchen su llamado. “Quiero saber de mi hermano, que por favor le den la libertad. No entiendo por qué si el jefe del EPL, Fernando Caravallo, está libre, de mi hermano no se da razón alguna”.

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