Los soldados 'sin miedo' que luchan contra las minas

Marzo 22, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Colombia es uno de los países del mundo con más víctimas de minas. Así luchan los soldados contra esa amenaza.

Una imagen: un hombre carga en brazos el cadáver de su hijo. El niño, doce años, iba a la escuela y pisó una mina antipersonal: el cadáver tiene mutiladas las piernas. Pueden observarse los jirones de piel. 

El soldado Gutiérrez fue testigo de la imagen. La recuerda con una claridad aplastante: fue en 2007, en zona rural de Samaniego, Nariño, el municipio del país más afectado por las minas antipersonal. Fue hace casi ocho años. Pero la imagen persiste con toda su carga de desesperación, de dolor, de impotencia: el hombre llevando en brazos el cadáver desfigurado del niño, de su hijo. 

“Ahí fue que me pregunté”, dice el soldado Gutiérrez, “¿pero por qué estamos viviendo esta guerra?” Esa misma noche en que no durmió de recordar al padre llorando con el cuerpo pequeño sobre sus brazos, decidió que haría parte del grupo antiexplosivos del Ejército. “Uno no es el mismo cuando ve esas cosas”, dice.

[[nid:405014;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/03/minas-3.jpg;left;{Los pelotones que patrullan en departamentos como el Cauca y el Valle del Cauca, son acompañados siempre de un equipo Exde, compuesto por cuatro soldados profesionales y un perro antiexplosivos.Foto: Bernardo Peña | El País}]]

Los soldados dicen que las minas son como un combatiente perfecto: no come, no recibe salario, no recibe pensión, no duerme, está siempre alerta, siempre.  Fueron inventadas en la Primera Guerra Mundial por los soldados alemanes, que enterraban casquetes de artillería rellenos con pólvora para detener el avance de los tanques franceses y británicos. Para la Segunda Guerra Mundial ya se parecían a los artefactos pequeños y sofisticados que hoy existen. 

Con el tiempo, las minas empezaron a ser usadas por ejércitos regulares y grupos ilegales en zonas de conflicto alrededor de todo el mundo, porque son “un militar perfecto”: su fabricación puede costar menos de 5 dólares y, una vez sembradas, pueden durar hasta 50 años. 

Son  “un militar perfecto”, una sola de ellas puede afectar a varios soldados, sin matarlos, dejándolos completamente discapacitados. De acuerdo con un informe de la ONG Mine Action, las minas antipersonal, aunque pueden matar, son diseñadas  para mutilar las extremidades de sus víctimas, para dejarlos ciegos, sordos, para mutilar los genitales. 

Son “un militar perfecto”, dice el informe de la ONG, porque un sobreviviente de minas ‘quiebrapatas’  implica muchos más gastos  para el estado, y eso lo saben quienes las usan para debilitar la capacidad monetaria de sus enemigos. Además, el mismo informe señala que en países como Camboya, e incluso Colombia, las minas son uno de los principales frenos al desarrollo económico, pues las vastas zonas con amenaza de minas no pueden ser usadas para la agricultura.

En Colombia no se tiene un registro del total de minas sembradas pero se  estima que uno de cada dos municipios está en alto riesgo por los campos minados. En departamentos como el Cauca, según cálculos del Ejército, la cifra puede ascender a 50 mil minas antipersonales. 

 Las minas son como una obra maestra del genio de la impiedad y la crueldad de las guerras. El miedo que produce la incertidumbre de caer en un campo minado puede causar más desplazados que todo un pelotón de un Ejército. Además, no distinguen: caen niños, mujeres, ancianos, civiles, militares. 

En el último reporte de la Dirección para la Acción Integral Contra Minas Antipersonal de la Presidencia, se lee que el pasado 7 de enero, en la vereda El Cairo, Cajibío, Cauca, un menor de 7 años activó una mina cuando limpiaba la huerta de su casa para sembrar maíz. La explosión llenó de esquirlas su cuerpo. El mismo reporte indica que el 5 de febrero de este año, en zona rural de Tumaco, Nariño, una niña de once años murió cuando, al volver de la escuela, se desvió un poco del camino y pisó el artefacto. Una niña. 11 años.

En lo que va de este año, en Colombia han muerto 3 niños por las minas. En 2014, las minas antipersonal dejaron a 90 civiles heridos y ocho muertos; 150 soldados heridos y 31 muertos.

El soldado Zúñiga, 32 años, 13 como militar, cuatro como antiexplosivos, dice: “un campo minado es el infierno”.

[[nid:405022;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/03/minas-2.jpg;full;{Los expertos pertenecen al grupo de Explosivos y Demoliciones, Exde.Foto: Bernardo Peña | El País}]]

Miércoles, 11 de marzo. El soldado Zúñiga cuida de los 45 perros antiexplosivos que tiene el Batallón de Ingenieros Agustín Codazzi de Palmira. En ese batallón se dictan las instrucciones para los militares de la Tercera Brigada que quieren hacer parte de los grupos de Explosivos y Demoliciones del Ejército, Exde. 

Hace cuatro años que Zúñiga decidió hacer parte del Exde.  ¿Por qué decidió enrolarse en un grupo que se dedica a neutralizar las minas, en un país que en 2013 registró el mayor número de víctimas por esos artefactos en todo el mundo, después de Afganistán?

Zúñiga es soldado profesional. Antes de llegar al Exde patrullaba el departamento de Arauca, encargado de manejar la ametralladora. Se sentía seguro detrás de esa máquina capaz de soltar más de 200 disparos por minuto. Sin embargo, había empezado a comprender que esas balas no servían de mucho. Que las minas estaban por todos lados. “Me dí cuenta de que estamos en una guerra de minas, no de balas”.  Así que se  capacitó durante cinco semanas en el Batallón de Palmira y  luego fue enviado a Arauca como un Exde.  

La misión de cada soldado del Exde es verificar que las zonas por  las cuales se mueven los pelotones del Ejército  estén libres de minas. Los soldados del Exde siempre van adelante de los demás militares. 

Hay ciertas cosas que el soldado Zúñiga no sabe. Por ejemplo,  que, de acuerdo con la ONG Mine Action, que trabaja en conjunto con la ONU, en 30 de los 32 departamentos del país hay amenazas por campos minados. Tampoco  sabe que en Colombia, en 2013, en promedio cada día una persona fue víctima de una mina antipersonal. 

El soldado Zúñiga ignora también que entre 1990 y 2015, 11.403 personas fueron víctimas de minas y que de ese número, 8834 personas perdieron alguna extremidad, o la visión o el oído, mientras que 2209 murieron.   Tampoco sabe que en ese mismo tiempo, 883 niños resultaron heridos por las minas, de los cuales 236 murieron. 

 Hay otras cosas que el soldado Zúñiga sí sabe: conoce  muy bien lo que es ver a un compañero ser destrozado por una mina. Fue allí, en Arauca, el 7 de diciembre de 2006, en inmediaciones del río Lima. El cabo Zapata, su superior en ese momento, pisó la mina, el estallido lo elevó unos cuatro metros y lo dejó sin las dos piernas.

Sabe muy bien  qué es ver a un compañero sin piernas arrastrarse con la fuerza de sus manos. Sabe muy bien qué es recoger el cuerpo brutalmente mutilado. Conoce muy bien ese desconcierto, ese abatimiento, esa consternación que lo hizo llorar durante varias noches en las que no pudo dormir.  

También, conoce el miedo, al que nunca se ha podido acostumbrar.  El miedo de empezar a inspeccionar las zonas, caminando lentamente, acompañado del perro antiexplosivos. El miedo de un paso en falso que lo pueda dejar ciego, sin sus piernas, sin sus brazos. Muerto. Siempre se siente miedo, siempre. No importa los cuatro años  de experiencia y los innumerables campos que ya ha inspeccionado.  

Sin embargo, ante el miedo, contra el miedo, hay otro sentimiento que, al menos para el soldado Zúñiga,  tiene la cualidad de un elixir.  El soldado es guía de dos perros antiexplosivos. Son labradores dorado, Brando y Dana. Ambos tienen tres años.Los recibió cuando tenían cinco meses y los entrenó. Les enseñó a seguir sus órdenes: sentarse: sit, caminar; foran spill: dar la pata...

Cada guía canino, como se le llama a los militares encargados de adiestrar a los perros y llevarlos a las zonas minadas, tiene uno o dos animales. No solo se trata de alimentarlos y enseñarles a cumplir órdenes. Se trata de amarlos. “Al principio, uno se encariña con ellos porque pasamos mucho  tiempo juntos, por q ue jugamos juntos, por esas cosas. Luego, cuando uno está en el campo, se da cuenta de que ellos son los que le salvan la vida. Ahí uno se enamora más de ellos”. El soldado Zúñiga, un poco más de 1,85 metros de estatura, la tez morena, los brazos fuertes y las manos callosas, acostumbrado a las imágenes más crudas de la guerra, dice que ama a Brando y a Dana, sus dos perros antiexplosivos, como a sus hijos.

El soldado Gutiérrez, militar del Exde, mediana estatura, mejillas abundantes, rasgos indígenas, habla de la guerra. “Cuando uno mira a una persona víctima de una mina -dice- lo que se siente es una impotencia, un dolor tan grande... Y también, uno se desmoraliza, porque no se sabe en qué lugar uno puede caer”.   

Habla de la guerra y expresa que “aunque uno no lo crea, en ese pequeño artefacto que es una mina hay compactado más miedo y más dolor que en cualquier otra arma”.  Dice que ojalá se llegara a limpiar todo el país de las minas, porque la gente sufre mucho por los campos minados. “¿Por qué estamos viviendo esta guerra?”, se pregunta. 

 

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