Los delitos que se esconden detrás de las 'barras bravas' del América y el Cali

Los delitos que se esconden detrás de las 'barras bravas' del América y el Cali

Mayo 28, 2017 - 08:05 a.m. Por:
Redacción de El País
Barras bravas del Cali y América

En Cali, Barón Rojo Sur es integrado por aproximadamente 2500 jóvenes. En todo el país suman 7000. Frente Radical Verdiblanco es una de las barras más antiguas de Colombia. Fue fundada en 1992.

Foto: Archivo El País

En Europa, recuerda el intendente de la Policía Rubén Darío Valencia, a las barras bravas les negaron todo reconocimiento. Si invaden la cancha, por ejemplo, en la televisión dan inmediatamente el cambio a comerciales o entran los reporteros a analizar lo que ha sucedido con el juego.

Negarles el reconocimiento es una manera de despojarles todo sentido a sus actos violentos. Es decir: si no les reconocen lo que hacen, a la larga no encuentran motivos para hacerlo.

– Ustedes los medios de comunicación no han entendido que, en los códigos de estas barras, que los medios reporten todo lo que cometen es un trofeo. No se trata de no informar, sino de evaluar la manera de hacerlo.

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Precisamente, las barras bravas de la ciudad, rojas o verdes, se consideran organizaciones con poder.

Un integrante de la barra roja que pide la reserva de su identidad asegura de hecho que se consideran algo así como “el sindicato del club”.

Si en la visión de los barristas el presidente del equipo, el cuerpo técnico, los jugadores, están haciendo las cosas bien, “así pierdan”, se dedican simplemente a alentar desde la tribuna sur del estadio Pascual Guerrero.

– Pero si vemos que las cosas no se están haciendo como se deben, si notamos que los jugadores están ‘parados’, o si nos damos cuenta que un técnico hace cosas indebidas como cobrar comisiones por una contratación, o si un presidente se está lucrando con el equipo, actuamos. Igual al sindicato de cualquier empresa.

En la barra verde en cambio existe un ‘ala militar’ que más o menos se dedica a lo mismo. “Actuar” cuando ellos consideran que las cosas no se están haciendo bien.

El ‘ala militar’ es, básicamente, un grupo que se dedica a garantizar la seguridad de la barra en los viajes, custodiar sus más preciados trofeos, es decir los trapos, pero también tienen la tarea de organizar las protestas “cuando estemos inconformes con alguna situación”.

Detrás de ese aparente poder que consideran tener, se ocultan, sin embargo, varios delitos.

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Las armas las ingresan al estadio en sus partes íntimas. Quienes lo hacen son por lo general mujeres. Eso, claro, se sabe desde hace mucho. Solamente en el juego entre Cali y América de esta semana, tras los disturbios, fueron incautadas 51 armas blancas.

El intendente Rubén Darío Valencia se encoge de hombros. Ciertas leyes y la falta de tecnología les impiden tomar los correctivos que quisieran, explica.

En las entradas de los estadios, dice, deberían instalarse detectores de metales como los de los aeropuertos, por citar un caso, y así identificar fácilmente a quien esconde un cuchillo en sus interiores.

Además, un agente de policía está facultado apenas para hacer una requisa formal, pero no una inspección corporal, que es muy distinto. Implica desnudar a un sospechoso. Y eso solo lo puede autorizar un juez.

Así que es relativamente fácil ingresar armas al estadio y en las barras sucede un fenómeno particular:

En ocasiones quienes son enemigos en el barrio se encuentran en la tribuna tirando de un mismo lado, su equipo, y eso a veces lima asperezas. Pero también pasa que deciden arreglar sus cuentas pendientes en la misma tribuna y con las armas que llevan en sus genitales. O quienes son enemigos en el barrio también lo son en el fútbol. Uno quizá es hincha del rojo, otro del verde, se encuentran en los alrededores del estadio y comienzan los problemas.

Los barristas armados, por supuesto, también aprovechan las horas previas del partido o una vez ha finalizado el juego para asaltar a los aficionados que caminan desprevenidamente para ingresar al estadio o quienes van a su casa en el transporte público.

Generalmente roban a los ciudadanos en grupos de a tres. Los delincuentes que están en las barras dicen ser valientes, pero en realidad su modus operandi muestra otra cosa.

Aunque hay que decir también que en sus partes íntimas no solo llevan armas, por supuesto. También, camuflada en condones, ingresan droga. El microtráfico es uno de los grandes delitos que se dan fácilmente en estos grupos.

Este diario justamente ha denunciado los nexos que se han dado entre el narcotráfico y ciertos personajes que pasaron por Barón Rojo Sur, ya capturados.

Este año asesinaron a ‘Toyota’, precisamente el hombre que denunció la infiltración del narcotráfico en la barra, aunque se sospecha que el homicidio se debió a un problema personal con un hombre conocido como alias J.

En todo caso, según investigadores de la Sijin, hoy la barra no está infiltrada por el narcotráfico, aunque sus nuevas cabezas aseguran estar amenazados desde la cárcel por quienes pertenecieron a la organización.

Las amenazas se deben a que se ha intentado infiltrar al grupo de nuevo por parte de organizaciones dedicadas al microtráfico de drogas y los nuevos líderes no lo han permitido. Por lo menos es lo que aseguran.

El negocio, claro, es seductor. Se calcula que por partido, entre los que consumen droga en estas barras se podría recaudar un promedio de entre $5 y $10 millones en ventas de estupefacientes, $40 millones al mes incluyendo los juegos de visitante.

Rocío Gutiérrez, la secretaria de Paz y Cultura Ciudadana de Cali, asegura de hecho que entre las gestiones de su despacho está adelantar programas sociales para evitar el reclutamiento de estos jóvenes por parte de estructuras ilegales.

El intendente Valencia agrega otro dato interesante: se ha doblado la requisa a los vendedores de comida al interior del estadio. Algunos de ellos se encargan de ingresar licor a las tribunas, sobre todo en días de partidos importantes. Los aficionados que lo adquieren lo enseñan como un trofeo.

Disturbios en clásico vallecaucano

En la noche del miércoles las redes sociales se inundaron de videos que revelaron la gravedad de lo ocurrido desde antes de que iniciara, y una vez concluido el partido en el Pascual Guerrero.

Especial para El País

85 personas fueron conducidas a estaciones de Policía el miércoles tras los disturbios del clásico. Se reportaron 30 lesionados y 14 heridos por arma blanca.

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José Fernando Perdomo, el presidente de la Dimayor, asegura además que entre algunos clubes de fútbol en Colombia y las barras violentas hay “un maridaje”.

De alguna manera, ciertos directivos o socios de los equipos las patrocinan regalando o rebajando el precio de las boletas para que las puedan revender, u otorgándoles escarapelas a sus líderes para que entren por los tornos de prensa, entre otros beneficios como dinero para sus trapos a cambio de contar con su respaldo.

Es decir: los equipos de fútbol han empoderado a estas barras, les han garantizado un lugar destacado en el club, para ser utilizadas políticamente como herramienta de presión en caso de ser necesario. Una estrategia de doble filo.

Es común por cierto que en las redes sociales los integrantes de estas barras insulten o amenacen a periodistas que dijeron o escribieron algo de lo que no están de acuerdo. Esta semana, tras los disturbios del miércoles pasado, el comentarista Francisco Vélez denunció en su programa de radio insultos y amenazas en su contra a través de Twitter.

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El intendente Rubén Darío Valencia, quien viene trabajando con las barras de la ciudad desde hace por lo menos diez años - es ‘mediador’ - dice sentirse retado después de lo sucedido en el clásico entre Cali y América. Seguramente hay que trabajar más de lo que se ha hecho hasta ahora para prevenir la violencia entre estos jóvenes, piensa.

– Aunque también hay que ‘meterse la mano al dril’ para enfrentar esta problemática. Todos los estadios deben tener detectores metales, cámaras de identificación facial, carnetizar a los hinchas, en definitiva: mano dura. Invadir una cancha por ejemplo es considerado como una contravención. Eso hay que elevarlo a delito. O te pregunto: ¿invadirías una cancha sabiendo que vas a pasar seis meses en la cárcel? ¿Quién se mete sabiendo eso?

Informe taylor

Una de las propuestas para enfrentar la violencia en el fútbol colombiano es la aplicación del Informe Taylor, es decir, las medidas que se tomaron en el Reino Unido contra los hooligans desde finales de los años 80.

Entre las medidas del informe Taylor está, por ejemplo, la aplicación de vetos de por vida para quien cometa actos vandálicos en los estadios y sus alrededores.

Igualmente, se realizó la identificación de todos los aficionados. No es nada distinto que la carnetización.

Asimismo, se establecieron multas para los clubes o las personas que patrocinen a las barras bravas.

Además, la inteligencia de la Policía infiltró las barras para identificar y judicializar a los delincuentes.

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