Los afanes y las premuras que tiene el proceso de paz con las Farc

Junio 30, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País, Bogotá
Los afanes y las premuras que  tiene el proceso de paz con las Farc

Las negociaciones entre el Gobierno Nacional y las Farc en procura de lograr el fin del conflicto armado con esa guerrilla se iniciaron en noviembre del 2012. Hasta el momento se acordó un punto e inició la discusión del segundo.

Observadores dicen que el tiempo, las elecciones y la misma reelección presidencial tienen a los diálogos de paz con las Farc ‘contra la pared’.

El proceso de paz que el Gobierno adelanta con las Farc en La Habana, Cuba, está en una encrucijada. Si bien en la mesa de negociaciones se respira optimismo, en el país hay desconciertos, debido a que existen factores que comienzan a ‘afanar’ la suerte de los diálogos.Son varias las prisas que tiene el proceso, tanto que los analistas consideran que el tiempo es el principal escollo que se tiene que superar, al que se le suman las elecciones de Congreso y la Presidencia de la República; la reelección presidencial y la misma politización del proceso.La situación se evidencia, primero, por los tiempos que se vienen manejando. El presidente Juan Manuel Santos ha insistido que no quiere un proceso eterno y, de hecho, desde principios de año le puso un término para la celebración de los acuerdos: noviembre de 2013.No obstante, los negociadores de parte y parte ya completaron un poco más de siete meses y hasta ahora se ha evacuado apenas uno de los cinco puntos de la agenda que se refiere al desarrollo rural. El segundo tema, el de la participación en política, ya se comenzó a empantanar debido a que las Farc tienen conceptos muy diferentes a los que plantea el Gobierno.Una primera visión de esta situación la dio el exmagistrado de la Corte Constitucional, Eduardo Cifuentes, quien argumenta que el ideal de un proceso como el que se adelanta en Cuba es que sea “firme y corto”, ya que piensa que el país “no aguanta un nuevo proceso largo”.Sin embargo, las Farc insisten en que no quieren “un proceso expres” y que los diálogos no pueden ser condicionados en términos de tiempo. Otra cosa piensa el Gobierno, que insiste en la necesidad de que los tiempos no se dilaten.Sobre los plazos de la guerrilla, el senador Juan Carlos Vélez pone el espejo retrovisor y asegura que lo que quieren las Farc es “repetir el proceso del Caguán”, ya que en su criterio “con la demora le apuesta al desespero del Gobierno que tiene afán de culminar todo antes de las elecciones”.Una observación media a esta situación la dio el exprocurador Jaime Bernal Cuéllar, quien resalta que cuando existe la necesidad de construir la paz “se podría tomar todo el tiempo del mundo”, pero “después de un conflicto de más de 50 años todo el mundo quiere que esto se resuelva rápido”.Sin embargo Bernal Cuéllar subraya que “los tiempos de las Farc no son los mismos del Gobierno”. Asimismo, los afanes de uno y otro son muy diferentes.Entre tanto, el exdirector de la Policía, general (r) Luis Ernesto Gilibert señala que “estoy convencido que los enemigos del proceso son los afanes y los plazos, además de los inamovibles”, por lo que cree que en las actuales circunstancias “hay que fijar calendarios más flexibles porque en las negociaciones hay aspectos que se demoran en llegar a acuerdos”.Por su parte, el excontralor General, Carlos Ossa considera que si existe voluntad de las partes en lograr acuerdos “se puede obviar el problema de los plazos”.Roberto Solarte, analista, piensa que los plazos son razonables porque hay “temas concretos que si bien algunos tomarán más tiempo que los otros, no significa que la agenda no se concrete”.Mientras que el excomisionado de Paz, Víctor G. Ricardo enfatiza que el Gobierno le puso “una fecha fatal al proceso”, ya que más que pensar en plazos “lo que se tiene que garantizar es que haya conciencia que los acuerdos sean viables, sostenibles y sólidos”.Elecciones, el otro líoMuchas han sido las voces que han advertido que el proceso de paz no puede ‘cruzarse’ con el calendario electoral que se tendrá lugar el año entrante en el país.Esta situación ha llevado a que se hagan diversas propuestas, como la del senador Carlos Ramiro Chavarro, quien planteó la posibilidad que los diálogos se congelen durante el proceso electoral y que se firme un compromiso de Estado entre el Gobierno, los partidos políticos, los gremios y los medios de comunicación que comprometan al nuevo Presidente a reiniciar las conversaciones en el punto en que quedaron en el momento de la suspensión. La iniciativa, hasta hoy, no ha tenido eco.Las Farc también se pronunciaron al respecto y propusieron aplazar las elecciones un año para culminar los diálogos y firmar los acuerdos. Esta iniciativa generó rechazos y fue ‘flor de un día’.En paralelo, diversos sectores alertan sobre la inconveniencia de que los diálogos se adelanten en plena campaña.Uno de lo que señala esa inconveniencia es el analista León Valencia, quien ha insistido en que “es negativo negociar con unas elecciones encima y más aún en medio del conflicto”.El excontralor Ossa piensa que los procesos electorales en Colombia siempre han estado contaminados y, de alguna manera, la guerrilla ha actuado tácitamente en ellos, pero considera que -de todas maneras- hay un riesgo, porque “se pueden empantanar las negociaciones y además los diálogos han sido politizados por la derecha, que se opone y ha tomado este tema como bandera de campaña”.Víctor G. Ricardo mira este escenario desde la óptica de la politización, de la que dice no se puede permitir que afecte la negociación y advierte que las elecciones obligan a que “se acelere el proceso y que la mesa de negociadores sea consciente de los términos que se han puesto”.Reelección y procesoEl presidente Santos ha explicado en diferentes escenarios que la reelección no debe estar ligada al proceso de paz. Sin embargo, esta manifestación contrasta con lo dicho hace un tiempo por su hermano Enrique, quien aseguró que el futuro de los diálogos está ligado a la continuidad del mandatario en ejercicio, porque no hay claridad que un eventual relevo en la Casa de Nariño garantice que la mesa de La Habana siga.Esta disparidad coincide con la lectura que dan los analistas a este tema.Para Alfredo Rangel es claro que el Jefe de Estado “ha hecho toda su apuesta al proceso de paz, por lo que el eventual fracaso puede poner las cosas difíciles de cara a la reelección”.No muy lejano de esta visión se ubica el excontralor Ossa, quien dice que indudablemente el Presidente piensa en su reelección y él “se jugó esta carta convencido de que las circunstancias eran propicias y con toda la información que tiene dio el paso, es decir que no está improvisando en materia de paz”.El general Gilibert converge con las observaciones anteriores, al reconocer que la reelección sería un objetivo presidencial, pero llama la atención de que “ningún proceso de paz se puede convertir en un programa de gobierno, sino que representa el anhelo de todo un país”.Uno de los que está convencido de la relación entre reelección y proceso de paz es el exsenador del Polo, Jaime Dussán, quien dice que si al presidente Santos “le va bien en los diálogos tendrá éxito en las urnas y si no hay acuerdo acusa a la guerrilla del fracaso y también gana”.Temas ‘espinosos’ sin abordarA finales del año pasado, las Farc y el Gobierno emprendieron la discusión de la agenda preacordada de cinco puntos clave, que se mostraban como la hoja de ruta de los diálogos.Hasta el momento solo se ha logrado acuerdo en el primer punto, del cual la misma guerrilla ha dicho que faltan algunos elementos que complementen los propósitos que se buscan con el desarrollo rural.Sin embargo, para algunos observadores es claro que el tema de la justicia transicional será un elemento que pondrá las negociaciones en un ‘punto muerto’, ya que aquí se hablará de las penas que deberán cumplir en el momento de las desmovilizaciones.En este sentido, el especialista en temas constitucionales como Juan Manuel Charry dice que la agenda judicial no ha sido tenida en cuenta, ya que “las partes se tienen que poner de acuerdo sobre la justicia transicional, la extradición y el narcotrafico”.Explica que la extradición será, sin duda, un tema neurálgico, “más si se tiene en cuenta que en Estados Unidos están ‘Simón Trinidad’ y ‘Sonia’, entre otros, pagando penas por sus delitos”.Adicionalmente, la guerrilla ya habla de cómo será la desmovilización y si bien aseguran que depondrán las armas, no las entregarán. Esto, según se dijo, será otro punto ‘espinoso’ que ya se plantea en la mesa.

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