Los 40 policías encubiertos que le siguen la huella a los capos del narcotráfico

Octubre 29, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Laura Marcela Hincapié Serna | Reportera de El País

La sombra de los capos colombianos es un grupo de 40 policías, creado hace tres meses, y aunque los nombres de sus miembros es imposible de conocer, sus resultados sí se han visto en todo el mundo.

El perro estaba justo en la cabina telefónica. Era un rottweiler negro, mediano, raza pura, pelo brillante, parecía bañado en aceite. Tenía que ser el mismo. El capitán Pérez* no lo dudó. Había visto ese animal en fotografías, videos, hasta en sueños. No era causalidad que estuviera en esa calle de San Cristóbal, Venezuela. Luego de semanas sin novedades, era un buen día para el policía. El narcotraficante más perseguido en Colombia, ese que se quemó las manos, desapareció sus huellas digitales, robó la identidad de un vendedor caleño, fue capturado por sus caprichos. El ‘Loco Barrera’, escondido en una finca, incomunicado, perseguido, envió su perro a la ciudad para que lo bañaran, le lavaran los dientes, le cortaran el pelo, lo consintieran. El capitán Pérez* lo sabía: donde estaba la mascota, estaba el capo. Un vehículo recogió al perro. Se activó el seguimiento. Así, por esas extravagancias que suelen tener los narcos, empezó la caída del segundo hombre más buscado del mundo. Pero habría que tener olfato para fijarse en esos detalles; aquel perro podría haber sido de otro, cualquiera pensaría que ‘El Loco’ no estaría tan loco como para pasear su animal por toda la ciudad. El oficial, sin embargo, persistió, siguió su instinto. A otros narcos, tan amantes de los perfumes, los delatan los malos olores. ‘Sebastián’, por ejemplo, cayó por unos camarones. A varias fincas ubicadas entre los municipios de Barbosa y Girardot, Antioquia, empezaron a llegar cargamentos de estos mariscos. El patrullero Rodríguez* entendía lo que eso significaba: alias Sebastián estaba cerca. La debilidad del jefe de la ‘Oficina de Envigado’ era la comida de mar y él lo sabía. Aunque el capo, conocido por su paranoia, se cambiaba de refugio con frecuencia, el policía, por esos pequeños detalles a los que solo él ponía atención, lograba rastrearlo. El uniformado, incluso, planeó viajes para conocer el territorio en el que se escabullía el narco. El plan: alquilaban fincas bajo la fachada de universitarios y así vigilaban hasta los pestañeos del capo. El capitán Pérez* y el patrullero Rodríguez* están entrenados para eso, para conocer su objetivo tanto como para saber qué piensan, qué comen, a qué huelen. Ellos y otros 38 policías hoy son la sombra de los capos colombianos. El grupo se creó hace tres meses y aunque los nombres de sus miembros son imposibles de saber, sus resultados sí se han conocido en todo el mundo: Ericson Vargas Cardona, ‘Sebastián’, Daniel Barrera, ‘El Loco Barrera’. Estos hombres fueron elegidos entre 170.000 uniformados. La Policía buscó a los cinco oficiales con más experiencia en la lucha contra narcotráfico y les pidió conformar equipos de ocho miembros. Algunos son expertos en criminalística, otros en inteligencia, dactiloscopia, tiros de alta precisión; el resto está entrenado para dar el golpe final: poner las esposas. En su oficina en Bogotá, el general José Roberto León Riaño, director de la Policía Nacional, habla de un pacto sagrado. Al ingresar a este grupo élite, todos dejaron de tener nombre, rostro, teléfono, dirección. La mayoría ni siquiera aparece en la lista de integrantes de la Policía.Irónico: para ser los mejores tuvieron que abandonar ese uniforme por el que hace años arriesgaron familias, amores, estudios. 40 hombres que decidieron convertirse en policías para tener el cariño de la comunidad, caminar por la calle y ser respetados, hoy son como fantasmas que no pueden ni tener un teléfono a su nombre.El general León explica que en pasar inadvertidos, ser prudentes, trabajar como sombras, ha estado el éxito de lo que él llama la nueva arma de la Fuerza Pública. También en la rectitud: antes de ingresar al grupo, debieron superar una prueba final: el polígrafo. Primero: ¿Hoy qué día es? ¿Cuál es su nombre? ¿Cuántos años tiene? Luego: ¿Alguna vez ha cometido un acto de corrupción? ¿Ha incurrido en alguna violación de los Derechos Humanos? ¿Le ha contado a alguien que va a ingresar a este grupo? ¿Conoce a un policía que engañe a la Institución? El incómodo interrogatorio se hace cada tres meses. - General, ¿cómo se llama el grupo?-No le puedo decir- Pero todo el país ya sabe que existe...- Sí, pero nadie sabe quiénes están allí -¿Ni siquiera sus compañeros? -Ni siquiera sus familias.Cita con hombres invisiblesLa panadería está ubicada en el norte de Bogotá. Al fondo, en la mesa que queda justo al lado del baño, hay dos hombres sentados. El menor de ellos, el patrullero *Rodríguez -25 años- luce como un universitario, de esos nerdos: lentes grandes, camisa de cuadros, tenis, maletín al hombro. El mayor -40 años- es el capitán *Pérez: delgado, alto, con cara de cura. Son las 6:00 p.m. del viernes 19 de octubre. ¿Quién quiere empezar? Ambos bajan la mirada, se frotan las manos, toman café como para coger aliento. ¿Cuál ha sido el momento más difícil desde que están en el grupo? “Esta entrevista, esto esta peor que el polígrafo”, responden entre risas. Los cerebros de las operaciones contra los narcos nunca habían sido entrevistados. Su vida se ha vuelto tan oculta que hablar de ellos se convierte en algo tan complejo como otra misión, una tarea para la que no han sido entrenados. El capitán, entonces, prefiere contar por qué en solo doce semanas este grupo ha logrado la captura de los narcotraficantes que durante años pudieron huir de las autoridades. Explica que el trabajo no empezó hace tres meses: el seguimiento del ‘El Loco Barrera’ inició hace cuatro años y el de ‘Sebastián’ hace dos. La falla estaba en que cada uno de los investigadores de la Dirección de Inteligencia, Dipol, y la Dirección de Investigación Criminal e Interpol, Dijín, trabajaba por su lado; hasta que en julio de este año la Policía reunió a los mejores para compartir información. Desde ese momento, 40 cabezas pensaron en el mismo blanco. *Pérez se quita la chaqueta y pide un postre de maracuyá. Hasta el momento, solo ha contado que es casado y tiene dos hijos. En cambio, cuando se menciona a ‘El Loco Barrera’, el policía no para de hablar de esos tres meses que pasó en Venezuela, de ciudad en ciudad, siguiendo en cada esquina a Daniel Barrera. Ese hombre que luce tan tímido, tan callado en la panadería, se infiltró en tres hoteles como un turista, siguió a los hombres de confianza del capo y el 18 de septiembre, junto con policías del vecino país y EE.UU., identificó que el hombre que hacía una llamada en la cabina del Parque del Ángel en San Cristóbal era el mismísimo ‘Loco’, justo donde dos meses atrás olieron que ese rottweiler era su capricho número uno. Los días lejos de casa fueron difíciles. Aunque este grupo élite está preparado para enfrentar cualquier situación, el operativo contra el ‘Loco’ exigió pruebas tan duras como no hablar durante días, ni siquiera poder pedir una gaseosa en la tienda. Los seis hombres que estaban en Venezuela cumplieron un pacto de silencio. “Si alguno hablaba, todos caíamos porque se enteraban que éramos colombianos y eso llegaba a oídos de Barrera”. Este grupo selecto de la Policía no solo tiene entrenado su instinto para detectar las extravagancias de los narcotraficantes, también trabaja con un lema: Mi vida depende de mi compañero, la vida de mi compañero depende de mí. Para eso, los 40 hombres recibieron un entrenamiento de dos semanas en la base de entrenamiento de la Policía en Tolima.Aunque cada uno de los cinco jefes del grupo escogió a los uniformados más sobresalientes en el seguimiento a los narcos, en esos 14 días se reforzaron los conocimientos en inteligencia y practicaron pruebas de resistencia física, como caminar 20 kilómetros cargando un morral de 25 kilos, hacer polígonos desde 100 y 200 metros de distancia, conducir un vehículo en una vía llena de obstáculos. El capitán y el patrullero no lucen tan preocupados por su estado físico. Eso se debe, dicen, a que su labor es solo de planeación, pues hay un equipo ya destinado para los operativos de asalto. Se trata de ocho hombres que están entrenados para infiltrarse en cualquier sitio. En el operativo contra ‘Sebastián’, por ejemplo, tuvieron que arrastrarse durante seis horas por una loma hasta llegar a la finca del capo sin ser descubiertos por los sensores de movimiento ni los perros ni los telescopios que había en el lugar. Han pasado 40 minutos y el capitán *Pérez sigue hablando de ‘El Loco’. Cuenta que dos días después de la captura del capo, aterrizó en Bogotá tan feliz como si acabara de ganarse el Baloto, como si hubiese cargado cuatro años una joroba y de repente se la quitara. Entonces, debió haber llegado a su casa gritando, contando hasta el último detalle del operativo de su vida. No fue así: ni siquiera estando con las personas que ama, el capitán puede hablar. Los cazadores de capos no solo deben ser invisibles, también mudos. -¿No podía contarle a su esposa que había detenido al narco más importante del país?-No, siempre toca tragar entero -¿Y ella ni siquiera lo sospecha?-Ella sabe que estoy en un grupo de inteligencia, pero no en el más importante.Son las 8:00 p.m. y *Rodríguez cuenta una historia similar. El día de la detención de ‘Sebastián’, de ese narco que estudió durante dos años y del que se sabía hasta la talla de zapatos, no hizo más que irse solo a su casa, callado, como si todo el día hubiese estado vendiendo helados, empacando mercados, repartiendo pizzas. Esa noche, por supuesto, no durmió. Al otro día siguió su rutina: se encerró en una oficina de la Dipol y leyó 300 páginas de documentos de inteligencia. Luego de las últimas capturas, su nuevo objetivo es alias Otoniel, jefe de ‘Los Urabeños’.Para sus compañeros, el patrullero no es más que un ‘come libros’, un simple secretario que se encarga de labores administrativas. Ninguno, ni el amigo más cercano, sospecha que él está preparado para llegar al refugio de cualquier narco.El policía se quita los lentes, tuerce los labios. Recuerda que una semana después de la captura de ‘Sebastián’ salió a tomar cerveza con colegas. Al lugar llegaron tres hombres de la Dijín que todo el tiempo presumieron que la captura del capo había sido gracias a la información que ellos aportaron. - ¿Y no le dio ganas de desmentirlos, de contarle a todos que fue usted el que logró ubicar la finca donde se escondía?-No, yo me quedé callado. Ninguno del grupo trabaja por un triunfo personal-¿Cuándo dan esos golpes no reciben un reconocimiento, aunque sea económico?- No, yo gano lo mismo que el patrullero que está en el barrio atendiendo una pelea callejera. Ser uno de los 40 policías más importantes del país ya es un premio, así nadie lo sepa.*Apellidos cambiados por seguridad

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