Lo que hay detrás del conflicto por tierras en el norte del Cauca

Lo que hay detrás del conflicto por tierras en el norte del Cauca

Agosto 06, 2017 - 07:55 a.m. Por:
Redacción de El País
Corinto Tierras Cauca

Los indígenas de Corinto desviaron el río La Paila para evitar que el agua le llegara a los cultivos de caña en Corinto. Horas antes, el Esmad había derribado los quioscos que se iban a utilizar para el Encuentro de Liberadores de la Madre Tierra, pues estaban en previos privados.

Bernardo Peña / El País

Si algún departamento requiere un acuerdo agrario es el Cauca. Allí se viene librando un conflicto por la tierra entre comunidades indígenas e industriales y empresarios que ya deja algunos muertos, amenazas y afectaciones de lado y lado. Nadie pareciera dar el brazo a torcer.

El jueves pasado, por ejemplo, El País estuvo en el municipio de Corinto, donde se instaló lo que los indígenas han llamado Encuentro Internacional de Liberadores de la Madre Tierra. En una zona aledaña al río La Paila levantaron quioscos para esta cita, que enseguida el Esmad derribó pues se encontraban en predios privados. No hubo confrontación, aunque los indígenas, una vez se fueron los agentes, desviaron el río La Paila con palos y piedras “para quitarle el agua a los cultivos de caña”… El ambiente en el norte del Cauca es, por definirlo de alguna manera, hostil.

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La presentación del Encuentro de Liberadores de la Madre Tierra dice así: “Somos comunidades del pueblo Nasa del norte del Cauca, organizadas en cabildos indígenas, que estamos en lucha contra la Conquista desde 1538. En los últimos 46 años hemos andado con una plataforma de lucha que nos llevó a recuperar la tierra y ampliar el territorio. Hoy, cuando más que nunca en la historia el modelo económico se ha hecho poderoso y esclaviza el planeta, decidimos pasar a la ofensiva entrando directamente en fincas del capitalismo a cortar el monocultivo de caña y sembrar comida para liberar la Madre Tierra”.

Efectivamente, bajo esa idea de “recuperar” la tierra, en los últimos meses los indígenas han atacado fincas como Riocofre, Montepino, El Alba, donde, entre otras cosas, integrantes del Cabildo Cofradía dañaron las cercas, la vía de acceso (hicieron una zanja de lado a lado), realizaron quemas, instalaron banderas del Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, y amedrentaron a los trabajadores.

Algo similar ocurrió en otras fincas como Tengueny, donde incendiaron la casa del mayordomo y las cosechas de café. Incluso, en un Consejo Comunitario presidido por el Alcalde de Cajibío el pasado viernes 23 de junio, el gobernador del Cabildo Cofradía - refiriéndose a los hechos cometidos en las fincas – dijo: “Si esto sigue así, ¿será que los dueños de los dos predios están esperando que pongamos tres cabezas ahí para poder entregarnos ahí sí las tierras?... La amenaza ya fue denunciada ante las autoridades.

La propuesta de los pueblos indígenas, precisamente, es que los actuales propietarios de las fincas en el norte del Cauca les vendan las tierras – los predios los comprarían con los recursos de la Agencia Nacional de Tierras, logrados tras acuerdos con el Gobierno en el pasado – o de lo contrario optan por las vías de hecho.

El País habló con varios de los propietarios afectados que por seguridad piden la reserva de su identidad. Aseguran, por un lado, que no van a vender las fincas, sobre todo cuando están siendo presionados para ello, y que por el momento han tomado la decisión de no ir al Cauca para no poner en riesgo su integridad. “Pedimos que se respete la Constitución y el legítimo derecho a la propiedad privada”.

Según Asocaña, por cierto, 2732 hectáreas de 16 predios ubicados en los municipios de Caloto y Corinto han sido afectadas por los indígenas. ¿Qué hay detrás de este recrudecimiento del conflicto por la tierra?

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Humberta (dice sonriendo que se llama así, aunque lo más seguro es que su nombre sea otro) era una de las indígenas que estaban este jueves en Corinto, en el Encuentro de Liberadores de la Madre Tierra. Intentaba explicar de qué se trata este movimiento “nacional y continental”.

La lucha por la tierra se está librando desde hace varios años. Entramos a las fincas porque los indígenas ya no tenemos tierra. Pa’ arriba, en la montaña, donde estamos, se nos está acabando. Arriba hay nacimientos de agua que no podemos tocar, porque abajo, el pueblo, se quedaría sin qué tomar. Por eso vinimos a liberar la madre tierra abajo. Liberarla de los terratenientes y las multinacionales, los monocultivos. La madre tierra está demasiado azotada. Está muy reseca, no tiene árboles. Y el agua se está acabando, mientras que la población indígena va creciendo. Nuestros hijos ya tienen su mujer, sus hijos. Las familias son cada vez más grandes. Y no hay tierra para tanta gente. Hay familias grandes que vivimos en un cuarto de tierra y no cabemos. En el cabildo de Corinto ya somos 13.000 personas, imagínese, y la mayoría estamos en los filos, las partes más alejadas.

Por eso también bajamos. Con los dueños de las fincas ha sido difícil. No se ha podido llegar a un acuerdo. No les pedimos que nos regalen las tierras, sino que se las compramos por intermedio del Gobierno para volver a tener lo que ancestralmente nos pertenece, porque estas tierras pertenecían a nuestros abuelos.

Pero no ha sido posible que nos vendan. Por eso nos han obligado a tomar actos de represión. Los del Señor Esmad dicen que van a defender estar tierras. Nosotros también. Y pues de aquí nos sacarán muertos porque vivos no.

Uno de los líderes del Encuentro Internacional de Liberadores de la Madre Tierra intervino para recordar un dato importante “y que ustedes, los medios, entiendan lo que está pasando”: la masacre del Nilo.

El 16 de diciembre de 1991 por lo menos 20 indígenas fueron asesinados en la Hacienda El Nilo, de Caloto, en el norte del Cauca. Desde hacía 4 años los indígenas tenían posesión de unas 500 hectáreas de la finca. Hasta que, según las investigaciones, los nuevos propietarios contactaron paramilitares e incluso a miembros de la Policía que cometieron la masacre.

Tras lo sucedido, el Gobierno, representado en ese momento por el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, Incora, firmó un acuerdo con el CRIC para entregarles a las víctimas de la masacre casi 16.000 hectáreas de tierra. Y eso, dicen ahora los indígenas Nasa, no se ha cumplido en su totalidad. Por eso también el movimiento que están realizando por “la madre tierra”.

“¡Hay muchos acuerdos que el Gobierno ha firmado con nosotros y que no ha cumplido. Entonces dijimos: no más acuerdos. El último acuerdo sobre tierras fue el de la finca Emperatriz en 2005 y 2008. El gobierno se comprometió a separar $10.000 millones para resolver el problema de tierras en el norte de Cauca, pero hasta ahora no ha cumplido. Y como el gobierno no cumplió, entonces no más acuerdos. Vamos a recuperar las tierras y nos vamos a quedar en ellas como lo hicieron los mayores, nuestros ancianos. Otra cosa: ustedes los medios, y el gobierno, han querido hacerle creer al mundo que tenemos una gran cantidad de hectáreas. Pero lo invito a que recorramos el territorio: la mayoría de nuestras tierras no son trabajables. Están en páramos, bosques, donde no podemos sembrar comida. Recuperar la madre tierra es un proyecto también para garantizar la seguridad alimentaria del país, porque la caña está siendo destinada a los biocombustibles: se alimentan máquinas, no a las personas”.

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Miguel Samper Strauss es el director de la Agencia Nacional de Tierras. En entrevista con El País advirtió lo que será la posición de la entidad frente a lo que está pasando en el Cauca.

“La Agencia es la máxima autoridad de tierras de la Nación y como tal siempre velará por salvaguardar la propiedad privada en el país. Por eso, instruí a todos los funcionarios y contratistas de la Agencia para que se abstengan de continuar el procedimiento de compra de tierras si hay sospechas de que el propietario nos la vendió a la fuerza, fruto de invasiones u hostigamientos”.

Y desvirtuó el argumento de los indígenas que aseguran que los ataques a las fincas se deben a los incumplimientos del gobierno.

“Nada justifica los actos ilegales. Es como si justificáramos el robo a un banco porque hay falta de oportunidades. Ahora bien, la Agencia les ha venido cumpliendo -y con creces, si compara nuestra gestión con la del Incoder- a las comunidades indígenas. Vamos a seguir dotando de tierra a todas las comunidades, pues en esta tierra tenemos que caber todos, pero no a la brava”.

Por cierto: según los datos de la entidad, en solo un año de gestión la Agencia de Tierras ha entregado a las comunidades indígenas en el país un total de 600.000 hectáreas para la constitución y ampliación de diez resguardos. “Esto significa el beneficio directo de 1808 familias, 6249 personas aproximadamente. En este momento tenemos 60 procesos de este tipo que están avanzando”.

Los representantes de los grupos indígenas en el Cauca, sin embargo, también lo advirtieron: “no tenemos afán. El proceso de recuperación de tierras pueda demorar dos o 500 años. Aquí estamos y de aquí no nos vamos”.

Investigan ataques

Según el coronel Édgar Orlando Rodríguez, comandante de la Policía en Cauca, los grupos indígenas que están atacando las fincas cuentan con apoyo de ONG y organismos de derechos humanos.

Además, se investiga si algunos indígenas habrían hecho alianzas con ciertos grupos armados.”Esto debido a que en algunas incursiones indígenas se han utilizado armas de fuego y artefactos explosivos improvisados”.

De momento, los municipios de Corinto y Caloto son los más afectados por las incursiones de los pueblos indígenas a las haciendas.

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