Lizeth, la adolescente asesinada por pandilleros que no cumplió su sueño de ser ingeniera

Noviembre 14, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Yefferson Ospina | Reportero de El País
Lizeth, la adolescente asesinada por pandilleros que no cumplió su sueño de ser ingeniera

Este fue el mural que los compañeros de Lizeth hicieron en su colegio.

Lizeth Dayana se graduaría del colegio el próximo 4 de diciembre y cumpliría 17 años el 26 de noviembre. El jueves, en medio de enfrentamientos entre pandillas de Siloé, perdió la vida.

Una escena de la frustración, de todo lo truncado: Lizeth Dayana Castillo, la adolescente de 16 años que murió este jueves en la tarde en Siloé en medio de enfrentamientos de pandillas, cumpliría 17 años el próximo 26 de noviembre. También, se graduaría de su colegio como la mejor estudiante y con el mejor puntaje del Icfes el 4 de diciembre, luego de obtener 302 puntos. Además, en enero entraría a la Universidad Javeriana a estudiar Ingeniería Industrial, su sueño profesional. En Cali, solo durante este año, cinco menores han perdido la vida por balas perdidas. Una de ellas fue Marchall Yihan, apenas una bebé que recibió un disparo en el barrio Potrerogrande en marzo de este año y el caso más reciente es el de Lizeth. Este jueves en la tarde, mientras estudiaba con un compañero del colegio en su casa y mientras afuera otros adolescentes se enfrentaban a disparos, Lizeth Dayana, la niña que había ganado una de las 20 mil becas que el Ministerio de Educación entregó este año a los mejores estudiantes de los colegios públicos del país, fue alcanzada por una de las balas. La desolación: Don Luis Castillo, su padre, tiene algo más de 50 años, es bajo de estatura, tiene el cabello negro y escaso. Él llora y recuerda a su niña. "Mi bebé", dice, "siempre me recibía a besos. ¿Y ahora?", dice, y llora de nuevo. El vacío: todos los estudiantes del colegio Eustaquio Palacios del barrio Siloé estaban fuera de sus clases, sentados en los muros, silenciosos, viendo el mural que han pintado para Lizeth, recordando que es la segunda víctima entre sus compañeros este año. Conscientes de su propia fragilidad. Una profesora llorando les dice: "cuídense niños, no salgan tanto a la calle". Uno de ellos responde: "es que nosotros no salimos, la balas entran". La misma profesora dice que no entiende, que esta muerte es un absurdo. "Lizeth era una niña impecable", dice, "buena estudiante, buena compañera, nunca tuvo problemas, nada". Jhonatan cree lo mismo. Que es un absurdo, que Lizeth era el ejemplo de todos en el colegio. "Ella nos ayudaba con todo, con las tareas, todos la queríamos, porque era como nuestro ejemplo". La vida sin ella Zorayda es la madre de Lizeth. Mientras espera a la salida de Medicina Legal el cuerpo de su hija menor, dice que ya piensa en todo lo que será la vida sin ella. "Se imagina, ¿llegar ahora a la casa y ver su cuarto?", pregunta. También habla del vestido que le había comprado para celebrar su cumpleaños. También, de un proyecto que Lizeth tenía para incorporar aloe vera en las comidas con el fin de prevenir úlceras estomacales y gastritis. La idea la había concebido en un taller de alimentos que recibió en el colegio. Vivir sin ella, para Zorayda, es renunciar también al sueño de tener una ingeniera dentro de su familia. Ella trabaja en una pizzería del sur de la ciudad y su esposo, Luis, trabaja como guarda de seguridad. Lizeth habría de ser la primera en la familia en tener un pregrado universitario. Zorayda ahora dice que se quiere ir de su casa, que está cansada de lo mismo, todos los días, de las pandillas: en ese barrio, de acuerdo con la Personería, hay al menos 26 pandillas con cerca de 500 jóvenes involucrados. Pero Luis, el padre de Lizeth, dice que no quiere irse. "Eso sería como enterrar los recuerdos de mi hija, porque ella creció en esa casa, ahí crecieron todos mis hijos. ¿Por qué me tengo que ir si es mi casa, la que yo construí?". Sin embargo, Luis admite que cada día es más difícil sobrevivir. Lo dice así, sobrevivir. "Ahora, solo en la parte en donde yo vivo, en la zona que llaman Guayabales, hay tres pandillas, y se pelean entre sí todo el tiempo. Los de allá vienen a robar acá y los de acá roban allá...¿Qué vamos a hacer?". Junto a Luis y a Zorayda hay una mujer, vecina del barrio, que ha venido a acompañarlos para que hagan la identificación del cadáver, una diligencia legal que todo pariente de una persona muerta por violencia debe hacer. La mujer, la vecina, dice: "eso de reconocer a los muertos es lo más duro. Yo me acuerdo cuando vine por un sobrino que me mataron, eso es muy duro".

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