“Las mujeres deben ser protagonistas en la construcción de la paz”

Mayo 27, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Oriana Garcés Morales | Elpaís.com.co
“Las mujeres deben ser protagonistas en  la construcción de la paz”

María Teresa Arizabaleta, directora de la Ruta Pacífica en el Valle

María Teresa Arizabaleta, directora de la Ruta Pacífica en el Valle, habla de ‘Memoria para la vida’, una iniciativa para visibilizar a las mujeres víctimas del conflicto.

Colombia no alcanza a dimensionar el daño que el conflicto armado ha dejado a las mujeres, por lo que su presencia en la construcción de la paz es imperativa. Esta es una de las conclusiones del trabajo ‘Memoria para la vida’, realizado por la Comisión de Verdad y Memoria de las Mujeres, el cual será presentado el próximo jueves en el Centro Cultural de Cali. Se trata de un libro que recoge los relatos de mil mujeres víctimas, de nueve departamentos, y que fue coordinado por el colectivo Ruta Pacífica.María Teresa Arizabaleta, directora de esta organización en el Valle, cuenta cómo a través del libro esperan visibilizar el drama de las mujeres víctimas en Colombia.¿De qué se trata la Comisión de Verdad y Memoria de las Mujeres?Somos un grupo de mujeres dispuestas a parar esta guerra. Para eso decidimos hablar con las víctimas en nueve departamentos de Colombia, con mujeres que decidieron romper el silencio y decir: No más. Porque somos más.Entonces comenzamos a investigar, hablamos con las víctimas y nos aterramos. Se llegó al punto de que dijimos: ¿qué fue esto tan horrible que hicimos, que nos da vergüenza ser colombianas? Pues que haya pasado y que a nadie le importe. Porque la militarización del país es lo que más ha angustiado a las mujeres. ¿Cómo fue este proceso?Del Valle fueron cien entrevistas, en todo el país más de mil. Acá hicimos el caso colectivo que fue el de los diputados, el cual está inconcluso porque luego vino el segundo secuestro de Sigifredo. Hablar con las familias de los diputados fue muy difícil. Hay mucho dolor. Pero la importancia del trabajo es que pudimos escuchar a mujeres que deseaban ser escuchadas para no morir. Y necesitamos que Colombia sepa lo que ha pasado. ¿Qué mujeres se encuentran en los relatos?Todas. Tenemos campesinas, indígenas, afro. Por ejemplo, un caso en Buenaventura de una mujer a la que el esposo le dijo: “No vamos a vender nuestra parcela. Usted y yo nos morimos aquí”. Entonces llegaron los tipos y le dijeron: “Sabemos que usted es duro, pero queremos que nos venda”. Él se negó y entonces le respondieron: “Tenemos la seguridad de que es más fácil negociar con la viuda”. Y negociaron con la viuda. Todo esto es para decir: No más. No más con nadie.Ustedes diseñaron una estrategia de entrevista para conocer los relatos, ¿qué lograron con esto?Son preguntas básicas: ¿cómo estás? ¿cómo te va? ¿qué hay de tu familia?... hasta llegar a las preguntas esenciales, de las cuales hay una que no pueden o no quieren contestar: ¿quién lo hizo?Responden: “Yo no sé”. Pero en medio de todo, de golpe se les suelta: “Fue un ‘paraco’...”, “fue un policía...”, “fue un ‘guerrillo’...”. Lo que más miedo les da es denunciar a la Fuerza Pública, porque si un Ejército se ha hecho para defenderte, no puede atacarte. ¿Qué provoca el silencio?El miedo. Ellas ven a sus victimarios por el barrio, en las manifestaciones, en las reuniones. Algunas se atrevieron a romper el silencio, porque estaban desesperadas, querían que las escucharan para no morir. Yo llevo 60 años de lucha, pero nunca había oído tanta infamia contra la mujer.¿Cuáles fueron los casos más difíciles?La violencia sexual. A la mujer le cuesta mucho trabajo decir que la violaron. Que estuvo con un hombre que olía feo, que la besaba, que le agarraba los muslos, los senos, que después la obligaba a hacer oprobios. Las víctimas llegan a decir “¿por qué no me mató?”.¿Cómo está el Valle respecto al resto del país en cuanto a la victimización de las mujeres dentro del conflicto?El Valle tiene dos problemas muy grandes: el Norte y Buenaventura. En el norte, entre Pereira y Cartago, hay una zona a la que van narcotraficantes, guerrilleros, policías, soldados, en la que los fines de semana se reúnen en unas “cafeterías”. Entonces dicen “este sábado tenemos carne fresca”, que son niñas vírgenes que son violadas. Eso nos lo han contado varias mujeres de la zona. En Buenaventura se dividen las calles y entre ellos dicen: “Hoy le toca a esta cuadra”. Entonces las mujeres se dan cuenta y se traen a las niñas para Cali. ¿Cómo cree que se enfrenta alguien que no es colombiano a los relatos?No sé. Pero cualquier mujer entiende que obligarla a un acto sexual tan deprimente, como estar de rodillas, no tiene explicación. Creo que todo lo que ha pasado en Colombia espanta a cualquier mujer del mundo, al igual que lo que ha pasado en Uganda y en el Medio Oriente contra las mujeres. Ahora tenemos un proyecto de ley sobre el feminicidio, que es la muerte por el hecho de ser mujer. No se puede decir “la mató porque le dio rabia”, sino porque la considera débil. ¿Cree que la legislación en el país es laxa?Lo que pasa es que hay muchas leyes, pero no se cumplen. No diría que no hay leyes, pues hay hasta leyes internacionales que Colombia podría cumplir, pero no lo hace. ¿Qué Colombia quedó retratada en el libro?Una Colombia cobarde, indiferente y egoísta, que ha permitido que muchas generaciones vivamos en guerra, sabiendo que la guerra la cargamos las mujeres. Pero con este libro queremos decirle a Colombia que vamos a parar la guerra. Que hay que resarcir los daños que se le han hecho a las mujeres: a repartir las tierras, que no son de unos poquitos, sino que son del que las trabaje. El libro es para enfrentarnos con nuestra propia conciencia y tomar la decisión de que vamos a recuperar la Colombia que dejamos destruir. Estamos en medio de un proceso de paz con las Farc, ¿cómo ve estas negociaciones desde la perspectiva de su organización?Les falta toda la representación femenina, están en la retaguardia. Es un mandato de Naciones Unidas que las mujeres deben estar ahí. No queremos que sea una mujer con bigote, sino que tenga consciencia de mujer.Una de las críticas al proceso de paz es que podría traer impunidad...Hemos estudiado el proceso de la justicia transicional. Escuchando a la gente veo que hay mucho miedo a la justicia transicional, pero creo que tenemos que aprender a tragar sapos para lograr la paz. Hay que hacer algo por la paz, porque es por nosotras y por las que vienen. La decisión de las mujeres es que no se paren de la mesa de negociaciones, así tengamos que agarrarlos de las piernas.

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