Las huellas que deja el maltrato contra la mujer

Las huellas que deja el maltrato contra la mujer

Noviembre 26, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Jessica Mayoral | Especial para El País
Las huellas  que deja el maltrato contra la mujer

La Personería realiza en el Boulevard del Río la exposición ‘Póngale la Cara a la Violencia Contra la Mujer’, compuesta por 20 fotografías de hombres que hacen visible las problemáticas y delitos que afectan a las mujeres sin ser los agresores.

En Colombia, según la organización Sisma Mujer, cada día un promedio de 130 mujeres son agredidas por su pareja o expareja. En Cali en el 2013, 6152 mujeres denunciaron ser víctimas de maltrato. Historias de dolor.

“Estábamos discutiendo porque a él no le gustaba que yo saliera con mis amigos, empecé a alegarle porque me había dado cuenta que tenía otra vieja y que ella estaba embarazada. Mientras me gritaba me empezó a pegar, me pegaba puños en la cara, me miraba con odio, me tiró al piso y me pegó patadas... Después, trató de ahorcarme, me quitó el celular y me encerró en el cuarto. Me dejó morados en los ojos, me reventó la nariz y la boca. Ese, fue el día que más duro me pegó, pero también el último”.Camila* recuerda que cuando pudo escapar del encierro, salió asustada, cogió sus papeles y, sin ropa, se dirigió a la primera estación de Policía que encontró. “Me fui a la Policía pero no lo denuncié, solo fui a pedir ayuda y llamar a mis papás para que me compraran un tiquete, llamé destrozada llorando, pero tuve miedo de denunciarlo, no quería que me buscara más y pensé que si lo hacía, podría volver a hacerme daño, estaba muy asustada”.Agresiones como esta que padeció Camila* son frecuentes en Colombia. De hecho , según la organización Sisma Mujer, cada día un promedio de 130 mujeres son agredidas por su pareja o expareja. En Cali, el año pasado, según un informe de la Personería, 6152 mujeres denunciaron ser víctimas de maltrato. Sin embargo, las organizaciones de mujeres calculan que la cifra es mayor porque muchas víctimas no denuncian. Camila relata que en la estación de Policía llamó a sus padres para que le enviaran un tiquete y regresar a su natal Pasto. Sólo quería dejar a su pareja y no verla más. “Tenía 19 años cuando lo conocí, era muy detallista, estaba pendiente de mí. Nos fuimos a vivir juntos y al principio todo era bonito. Sin embargo, él empezó a cambiar, se volvió celoso, no me dejaba estudiar, no me dejaba salir. Había días que no llegaba a la casa y me empecé a dar cuenta que estaba con otras viejas. “La primera vez que me pegó nos fuimos de paseo con un equipo de fútbol que él tenía, empezó a tomar y no sé qué pasó, pero me pegó. Yo me asusté mucho, me puse nerviosa, y él reaccionó pidiéndome disculpas, llorando y jurando que no volvería a pasar. Le creí, confié en él, pero nada, volvió a ocurrir. Con frecuencia me trataba mal, yo me ponía brava, me iba de la casa pero luego me convencía y volvía con él… aún no entiendo por qué no podía irme”.Hace cuatro años Camila dejó a su ‘verdugo’. Empezó una nueva vida. Aunque tiene una nueva pareja, dice que es una mujer llena de miedos. Nunca recibió ayuda y por mucho tiempo vivió traumatizada con el posible regreso de aquel hombre que la maltrató.La psicóloga Carolina Hurtado de la Universidad del Valle explica que las posibilidades de que una mujer víctima se recupere son altas, pero son muchos los factores que inciden en este proceso. “En los casos en que la víctima denuncia al agresor, el lento actuar de nuestro sistema judicial es algo que afecta el proceso de recuperación, pues hay casos en los que la citación a la Fiscalía ocurre, incluso, un año después de iniciado el proceso, lo que la revictimiza, ya que pasado unos meses ella ha tenido un tratamiento terapéutico que le ha permitido subsanar traumas y dolores, y el hecho de volver a vivir la situación, después de tanto tiempo, afecta su recuperación”, agrega.Un informe de la Personería de Cali concluye que existe un problema en la atención a las mujeres víctimas de violencia en la capital vallecaucana. “La falta de atención efectiva por parte de las entidades y las instituciones para la receptación de denuncias y para la activación de la ruta de atención establecida por la ley. (...) dilata la atención oportuna y eficaz, lo que podría dar lugar a desestimular el denuncio por parte de las víctimas”, indicó el informe.La violencia psicológicaEugenia* también fue víctima del maltrato por parte de su marido. Aunque jamás le pegó, cada vez que bebía se convertía en otro hombre, uno que era capaz de ofenderla verbalmente de la manera más cruel. “Recuerdo que alguna vez salí con mi madre a ver un show, cuando llegué a la casa mi esposo estaba tomando y empezó a decirme que por qué llegaba tarde, empezó a desconfiar de mí, agredirme con sus palabras, incluso me trató de prostituta. Yo me aguanté su maltrato pues pensaba que si le decía algo iba a ser peor, así que me callé”.Cuenta que pensaba que era cosa de tragos, porque cuando estaba sobrio, aunque era celoso, no se salía de control. Sin embargo, las cosas se fueron agravando y tras años de relación y el apoyo por parte de su familia, decidió dejar de aguantar los malos tratos de su esposo y pedirle el divorcio. “Ahora me siento mejor, en ocasiones llegan esos recuerdos a mi mente y me pregunto ¿cómo permití que un hombre me bajara así la autoestima? Yo me volví sumisa, callada, introvertida. No entiendo aún por qué pasó”, reconoce.De acuerdo con una encuesta de la Organización Mundial de la Salud, la violencia psicológica se está incrementando en el mundo. Es una agresión invisible y no denunciada por las víctimas. Para Elizabeth Gómez, el maltrato empieza con insultos, menosprecio que se acumula y cuando llega el primer golpe y no deja secuelas no se considera violencia ,“no es tan grave”.El acceso a la justiciaPaula Andrea Arbeláez, directora de Derechos Humanos de la Personería de Cali, asegura que en el último informe entregado de las barreras de acceso a la justicia encontraron que sigue siendo el hogar uno de los espacios más conflictivos y menos seguro para las mujeres. Y el esposo, compañero o algún miembro de su grupo familiar es el mayor agresor.También indicó que el conflicto armado ha cambiado el panorama, puesto que los agresores, en muchos casos, son también quienes integran los grupos armados y las pandillas barriales. Revela que Cali, en comparación a otras ciudades, está muy mal en atención, prevención y promoción, para ella Cali está desbordada y no le han dado al tema la atención que requiere. “Cali está mal, muy mal. La situación se agudiza en la ciudad porque es receptora de población de varios lugares de Colombia, entre ellas víctimas del conflicto armado, es una ciudad que recibe pero no se adecúa, no ejecuta planes, no se ejecutan políticas”.

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