Las Farc no dejan vivir en paz a la familia Menotti

Mayo 25, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

A Adiela Perlaza de Menotti, las Farc le plagiaron el hijo, mataron a su hermano y lanzaron una bomba a su finca.

El lunes pasado Alicia Perlaza de Menotti recibió un mensaje en su celular. “Espere el regalito que le va a llegar”. A las 11:30 p.m. del martes un petardo estalló en su finca, ubicada en la vía que de Santander de Quilichao conduce a Caloto, en el departamento del Cauca.Desde julio pasado ha recibido más de 60 mensajes amenazantes. El remitente es el mismo: alias Jaime Barragán. Este guerrillero es el que mantuvo a su hijo, Francesco Menotti, secuestrado. El 22 de julio del año pasado, Franchesco se encontraba en esta finca con su primo, cuando fue secuestrado por las Farc. A su primo lo dejaron abandonado cerca al corregimiento El Palo (de Caloto), mientras a él se lo llevaron hacia la zona montañosa.Ese día empezaron las llamadas, los mensajes y las amenazas. Ese día Adiela Perlaza, quien había quedado viuda un año atrás, bajó al infierno y conoció el rostro del diablo. Ese diablo, que la atormenta desde hace diez meses, se hace llamar Gregorio, pero su alias dentro de las Farc es Jaime Barragán, integrante de la Columna Móvil Jacobo Arenas. Adiela recibió la primer llamada el 23 de julio, a las 9:00 a.m., del celular de su hijo. Era la voz de Francesco diciéndole que estaba secuestrado. Momentos después, el teléfono volvió a sonar y era Gregorio, le exigía mil millones de pesos para dejarlo libre. “Me decía que vendiera la finca para darle el dinero”, recuerda. Y así empezaron las llamadas. Atrás los gritos de Francesco pidiéndole que negociara y Gregorio amenazando que lo iba a meter en el ‘mico’ (un hueco en la tierra). En ese momento empezó el calvario de la negociación. Francesco era para las Farc una mercancía, a la que no le quería rebajar de precio.Su madre subió cuatro veces al campamento de la guerrilla. Arriba, bien arriba, en una tienda del corregimiento La Mina, se encontró con ese hombre, bajito, delgado, blanco, de unos 38 años, que se convirtió en su pesadilla.De tanto negociar, las fuerzas se le agotaron. Entonces su hermano, Agustín Perlaza, la reemplazó. Pero las llamadas y los mensajes siguieron. En una ocasión Gregorio le exigió $50 millones “para un juguetico” les dijo, de lo contrario “me mandaban un miembro de mi hijo”. Eso fue en los primeros días de noviembre y Adiela corrió a conseguir el dinero.Al poco tiempo, otra llamada les decía que Francesco estaba muerto. Era falso. Durante muchos meses, Adiela tocó puertas, desde las autoridades policiales y militares hasta el Alcalde de Santander de Quilichao y organizaciones humanitarias.Nada sirvió. Dice que los únicos que la ayudaron fueron un sacerdote de Toribío y la Guardía Indígena. El 4 de abril a las 4:30 de la mañana Francesco logró escapar. Llamó a su madre y le dijo que estaba en Puente Quemado. Adiela recuerda que llamaron al Ejército, pero les dijeron que podría ser una trampa.Entonces Agustín salió en su carro para Toribío. Le pidió ayuda a la Guardia Indígena. A las 9:00 a.m., Francesco volvió a llamar, lo habían encontrado guerrilleros del Frente 6 de las Farc. Intentaron negociar con estos guerrilleros, pero ellos dijeron que la orden que había dado Jaime Barragán (Gregorio) era matarlo.Doscientos cincuenta indígenas rodearon la zona y rescataron al joven. Francesco sintió cuando un indígena se le lanzó encima para protegerlo. “Llegó con los pies destrozados de caminar durante doce horas. Me dijo que si no se escapaba hubiera estado años en poder de las Farc. no le quitaban una cadena en el cuello, y los guerrilleros le decían que tan bonito el collar de perlas”, relata su madre.Una pesadilla sin finEl abrazo largo que Adiela Perlaza le dio esa día a su hijo, luego de ocho meses y doce días de soñar con él, no era el fin de su dolor.Aunque Francesco regresó vivo, las amenazas continuaron. Gregorio sentenció a toda la familia Perlaza. “No quedará uno de su familia”, le escribió al celular. También le exigió $50 millones mensuales, “como un impuesto”.El 21 de abril, un Jueves Santo, Gregorio reapareció. Otro mensaje. “Digale a Agustín que se cuide”.Horas después, en plena calle de Santander de Quilichao, Agustín Perlaza fue asesinado por un pistolero desde una motocicleta. Tenía 62 años, dos hijos, un nieto y era el mayor de cinco hermanos.“Mi hermano dio la vida por él. Subió a la montaña muchas veces. Siempre me decía que no importaba lo que le pasara. Me lo mataron en pleno pueblo”.Los 19 miembros de esta familia, entre hermanos y sobrinos de Adiela, tuvieron que dejar todo abandonado en Santander de Quilichao. Hoy son unos desplazados. Francesco tuvo que refugiarse en el exterior.“No tenemos seguridad, nadie nos ha ayudado. Ni la Defensoría del Pueblo, el Ejército y el Alcalde”, dice Adiela. Las amenazas siguen. Gregorio aseguró que seguiría su sobrino -el hijo de Agustín- luego su otro hermano y el “botín” final sería Francesco. “Es mi único hijo. Soy viuda. Es lo único que tengo”.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad