Labor social del Ejército, ¿riesgo o apoyo para Chocó?

Labor social del Ejército, ¿riesgo o apoyo para Chocó?

Noviembre 23, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Laura Marcela Hincapié S. | Enviada Especial al Chocó

Comunidades insisten en que ayuda humanitaria de las FF.MM. los expone. Militares dicen que deben atender a la población.

La líder de piel trigueña dice que aquello no le cabe en la cabeza. Con un vozarrón que parece regañar a quienes la escuchan, Fanny Salas deja claro que el Ejército no debe hacer labores sociales en las comunidades.´La representante legal del Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral de Atrato (Cocomacia) recuerda que desde hace años la intervención humanitaria ha estado a cargo de organismos del Gobierno que nacieron con este fin. Entonces -insiste- no está bien que hoy las Fuerzas Armadas quieran liderar un trabajo social.Desde que se conoció el secuestro del general Rubén Darío Alzate en el corregimiento Las Mercedes, zona rural de Quibdó (Chocó), las organizaciones y líderes del departamento han rechazado la presión militar que se empezó a ejercer en esta región. Pero, sobre todo, han recordado que la presencia de los militares en su territorio y su insistencia en realizar proyectos de atención humanitaria pone en riesgo a la población.Monseñor Juan Carlos Barreto, obispo de Quibdó, es el primero en oponerse a la labor social de las Fuerzas Militares. El religioso, que se ha caracterizado por denunciar la realidad del pueblo chocoano, advierte sin tapujos que la única misión del Ejército debe ser mantener el orden público y garantizar la seguridad de la población. “Que se dediquen a eso solamente”.El Obispo, incluso, se atreve a afirmar que el secuestro del general Alzate demuestra que es imprudente que el Ejército realice labores sociales en las comunidades de zonas impactadas por la presencia de grupos armados ilegales.Y es que cuando el alto oficial llegó -a principios de este año- a comandar la Fuerza de Tarea Titán en el Chocó inició un trabajo social con las comunidades negras e indígenas que viven en condiciones de extrema pobreza.Esa labor ha sido resaltada por diferentes sectores, como la propia alcaldesa de Quibdó, Zulia Mena, quien lamentó el secuestro del alto oficial y recordó que él es de los pocos militares que ha entendido que la guerra se gana con labor social y no solo con balas.Sin embargo, las organizaciones que agrupan a las comunidades del departamento no están de acuerdo con estos proyectos y recuerdan que ya existen entes territoriales y ministerios que están encargados de la misión humanitaria. Incluso, en un comunicado, la Mesa de Diálogos de Concertación de los Pueblos Indígenas del Chocó, el Foro Interétnico Solidaridad Chocó (Fisch) y la Diócesis de Quibdó rechazaron la ejecución de la Agenda Estratégica Chocó 2038, el proyecto de inversión social que lidera el Ejército en la región.Pero, ¿por qué un pueblo tan pobre y olvidado se opone a la ayuda de las Fuerzas Armadas? Fanny lo explica con un ejemplo: “Usted como militar viene y me ayuda a tener una casa o a conseguir comida para mis hijos y todo está bien mientras usted esté a mi lado y me respalde, pero cuando usted se vaya, viene el guerrillero o paramilitar a atacarme y reclamarme. Y entonces, ¿a mí quién me protege?”.Ese miedo a que los grupos ilegales tomen represalias hace que los habitantes prefieran mantenerse alejados de las Fuerzas Armadas. Para ellos lo ideal sería que la inversión social estuviera a cargo de la Alcaldía, de la Gobernación o de ONG que son neutrales.El líder Claudio Queada recuerda que el Ejército es un actor del conflicto armado y el hecho de que la población trabaje proyectos con esta institución, es visto por los grupos ilegales como una relación de complicidad. “Si los militares llegan a hacer una labor comunitaria en un determinado municipio, pues a uno como líder le toca acompañarlos y estar con ellos, pero luego llegan los guerrilleros a decir que uno es colaborador del Ejército y que uno les entrega información”.Claudio aclara que la población chocoana no tiene nada en contra de las Fuerzas Militares y que, al contrario, valoran que quieran hacer labores sociales y acercarse a la comunidad, pero -dice- mientras el país esté en guerra, no pueden aceptar esa ayuda. “Si el conflicto se acaba, nosotros no tenemos ningún problema en que ellos hagan un trabajo comunitario, pero por ahora tenemos que mantener la distancia”.Sin embargo, el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, ha insistido en que la orden del presidente Juan Manuel Santos es que las Fuerzas Militares lideren proyectos sociales en las comunidades en las que hacen presencia.Y es que, a pesar de la resistencia de la población, hay otros sectores que sí defienden la intención del Ejército de realizar proyectos que mejoren la calidad de vida de los habitantes. El exmilitar John Marulanda, por ejemplo, recuerda que todos los ejércitos del mundo desarrollan acciones civiles, pues cuentan con los instrumentos para hacerlo.El experto en seguridad afirma que, incluso, en países como Estados Unidos el desarrollo de la infraestructura vial estuvo a cargo de los militares, por eso dice no entender por qué el Ejército de un país con tantas necesidades como Colombia no pueda adelantar acciones humanitarias. “Me parece injustificado ese rechazo de las comunidades”, sostiene Marulanda.Para los militares que realizan estas labores de acercamiento con las poblaciones también resulta “injusto” que los habitantes no acepten su ayuda. Un soldado que hace parte del grupo de la Brigada XV que realiza operaciones psicólogicas en el Chocó cuenta que la labor de las institución es muy importante, pues promueven jornadas de salud y recreación en corregimientos muy alejados.“Nosotros hacemos esto porque queremos servirle a la comunidad, porque parte de nuestra labor es ayudarla. No entiendo porque ni siquiera el Obispo de Quibdó nos apoya”, dice el militar, quien pidió no revelar su identidad.En medio de esas voces a favor y en contra, lo cierto es que por estos días las comunidades del Chocó, especialmente las que viven a orillas del río Atrato, se preguntan por qué ahora que los habitantes están confinados y no tienen alimentos, pues muchos han dejado de trabajar por temor a los combates, no aparece ni el Ejército ni las otras organizaciones del Estado para brindarles ese llamado apoyo social.

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