“La paz siempre es más difícil que la guerra”: exguerrillero de El Salvador

Mayo 31, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Fenner Ortiz R. | Reportero de El País, Bogotá
“La paz siempre es más difícil que la guerra”: exguerrillero de El Salvador

El exguerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos aseguró que "si las Farc hubiesen firmado la paz en el Caguán, habrían conseguido más, pagando menos. No veo al Estado en emergencia por firmar el acuerdo de paz”.

El excombatiente guerrillero de El Salvador, Joaquín Villalobos, dice que las Farc están en mora de entregar las armas y hacer política. Anota que el proceso que se adelanta en La Habana marcha muy bien.

Joaquín Villalobos era un hombre de guerra. Bajo su alias de ‘Comandante Atilio’ se enfrentó contra el Estado de El Salvador hasta que llegó el momento del diálogo, del cual fue uno de sus protagonistas.Hoy es un pregonador de paz. Habla de sus experiencias cuando empuñó el fusil y la forma cómo su grupo del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), del que fue su fundador y que hizo parte de los cinco del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), logró llegar a acuerdos con el Gobierno y terminar la guerra civil que afectó este país centroamericano entre 1979 y 1992.La cátedra de la vida en las armas la usa para referirse a los procesos de paz que se adelantan en diferentes partes del mundo y se refiere al que hoy el presidente Juan Manuel Santos lleva a cabo con las Farc, en busca de la pacificación y el fin de un conflicto de más de medio siglo.Vino a Colombia invitado por la Fundación Saldarriaga Concha y habló del proceso, del cual dijo avanza bien y que los tiempos que se vienen manejando son “razonables”.Advierte que la paz es más difícil que la guerra, porque muchos problemas salen a flote cuando no hay un conflicto y enfatiza que las Farc están en mora de dejar las armas y hacer política.Con la experiencia que tuvo usted en El Salvador, ¿cómo ve la situación de Colombia en estos momentos?A pesar de que parece lento el proceso, creo que los tiempos son razonablemente buenos. Creo que seis meses para el punto más complejo es corto. Obviamente Colombia tiene su dinámica democrática, las elecciones que van a ir ahí en paralelo, esas son realidades inevitables, pero el proceso en mi opinión va bien. A estas alturas estaríamos hablando de que tiene un año y fracción, tomando la parte que fue, digamos, privada y confidencial, me parece razonable.¿Usted cree que ponerle plazos a un proceso de paz para un conflicto de más de medio siglo es viable?Creo que es importante que se trabaje con la conciencia de que no tienes todo el tiempo del mundo, o sea no es buena idea trabajar sin plazos. No se trata de porque viene una elección, no, simple y sencillamente una negociación también se puede perder porque se congele, porque no ocurra nada, porque se crea que se tiene todo el tiempo del mundo y la verdad es que ahora hay una oportunidad y es una oportunidad que tiene que ver con factores regionales, con factores internos, algunos de ellos se pueden modificar, se puede modificar la política interna, se puede alterar la situación en Cuba, se puede alterar la situación en Venezuela y se perdería la oportunidad. Por lo tanto, hay que trabajar pensando que esto hay que lograrlo mañana.En El Salvador hubo una guerra civil frontal muy contrario a Colombia, en donde ha sido más una guerra de guerrillas. ¿Cree que es más difícil negociar con un esquema violento como el colombiano frente a lo que ustedes vivieron en su país?Creo que cada proceso tiene sus particularidades. En el caso nuestro, que se trataba de que el carácter de las transformaciones que se tuvieron que negociar afectaban seriamente al régimen de Gobierno, eso lo hacía complicado. Acá el problema es, como siempre lo he llamado: la negociación o el esfuerzo por reconciliar a la Colombia salvaje rural profunda, con la Colombia sofisticada urbana y eso genera una realidad difícil para lograr entendimientos en momentos en que Colombia tiene una vivencia democrática que nosotros no teníamos en ese momento en El Salvador. Es otro tipo de dificultades, así que cada proceso tiene sus propias preocupaciones y dificultades que tienen que atender quienes afrontan este tipo de procesos.Salvo el caso de Cuba, en América Latina está demostrado que las guerrillas no lograron acceder al poder por las armas. ¿Usted cree que esta filosofía ya fracasó en esta parte del mundo?Creo que lo que pasa es que Latinoamérica cambió. Cuando se produce el triunfo de la revolución cubana y cuando se produce la victoria armada de los sandinistas, el continente era completamente distinto, estaba gobernado por el verde olivo, por los militares por todos los lados y en esa condición tuvo algún sentido, independientemente de que algunos se convirtieron en adoradores del fusil como religión y para otros tuvo un sentido práctico, pragmático y coger el instrumento porque no había otro. Ahora, creo que simplemente la realidad ya superó esta etapa, el continente está completamente transformado y no tiene ningún sentido la lucha armada en estos momentos en ningún país.Cuando se adelantan procesos de paz, la justicia transicional cumple un papel preponderante, pero cuando se habla de cárcel efectiva las cosas se complican. ¿Será que en este tipo de procesos se debe aceptar un grado de impunidad?Es una pregunta bien complicada en la realidad de Colombia, porque como esto que hablaba anteriormente, nosotros negociamos en otra condición internacional, con otra situación interna y con una correlación. Entonces, a nosotros aplicó una amnistía y aceptaron una dosis de impunidad que, incluso, el Gobierno era el más interesado en ella. Acá es al revés. Creo que es como una norma, cualquier proceso de paz va a necesitar de una dosis de aceptar resolver su pasado buscándole mecanismos de justicia que no van a ser los de enviar a la gente a la cárcel.¿Qué es más complicado: el conflicto, la negociación o el post conflicto?La paz siempre es más difícil que la guerra.¿Por qué?Porque los conflictos ocultan problemas, o sea un conflicto tiene una intensidad, una presencia que hace que haya cosas que no las ves y estas te aparecen después, que fue la realidad que vivió El Salvador o la que vivió Guatemala, por ejemplo. Ambos países tenían el narcotráfico en desarrollo, termina su conflicto y les apareció, les rebrotó en espacios que habían sido dejados por el Ejército y eso genera una situación complicada de manejar. Por otro lado, la guerra es blanco y negro, la paz es la pluralidad, es todas las tonalidades, es lidiar con una sociedad mucho más complicada, pero lo cierto es que entre más compleja es una sociedad civil en su pluralidad, políticamente es más estable.Usted toca un tema álgido y es el del narcotráfico. Si bien en Guatemala surgió en el post conflicto, en Colombia existe una combinación, porque las guerrillas tienen la dualidad entre el delito común con el narcotráfico y el delito político en sus aspiraciones de tomarse el poder...Esa es una de las malformaciones que tiene el conflicto colombiano, en el cual –en alguna medida- existe una etapa anterior a esta, en la cual podríamos decir que en general, buena parte de la sociedad colombiana pecó de eso, pecó unos de tolerancia de aceptar una impunidad para determinados sectores que estaban involucrados en actividades criminales; otros porque se involucraron en corrupción directa o indirecta y esto es como lo último que queda de lo que sería la parte política de la sociedad, que ha quedado ahí amarrada con eso y que hay que sacarla de allí. Incluso, digo que si las Farc no pasan a hacer política su futuro es hacerse bandidos y narcotraficantes.¿Es decir que se perdió la filosofía guerrillera?Creo que desde el punto de vista de Colombia y su propio interés, la actual generación de dirigentes de las Farc pertenecen a la etapa de las Farc-políticas, pero no tengo certeza que la siguiente generación van a ser políticos, creo que podrían llegar a ser más bandidos.En un post conflicto existe el riesgo del resurgimiento de nuevos grupos, tal y como se ha evidenciado en Centroamérica con las Maras y en Colombia con las Bacrim, ¿por qué se da este fenómeno?Lo que pasa es que hay una transición de una violencia organizada en el marco de un conflicto armado con actores claramente identificados, hacia una violencia anárquica, que en El Salvador apareció con pandillas juveniles conocidas como Maras. Esta situación no la vimos venir y ha configurado nuevamente el mapa de un Estado débil. El fenómeno se registra porque no se puso atención a las heridas sociales como los desplazados, los refugiados, la cultura de la violencia.En un caso bastante hipotético que usted hiciera parte protagonista del conflicto colombiano ¿se desmovilizaría?Por supuesto, es más, creo que ya van tarde. Pienso que quien tiene más prisa por botar las armas, en el sentido de su propio interés, son las Farc, porque a esta guerrilla las armas le hacen estorbo hace rato, están perdiendo oportunidad política y la prueba de ello es el entorno regional. Acá se observa que las Farc son el más grande bloqueo a la izquierda en Colombia, en donde está rezagada con respecto a los demás países del continente porque todavía existe un grupo armado de izquierda.

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