La 'pacificación' en el norte del Cauca, ¿una ilusión o una realidad?

Agosto 25, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Oriana Garcés Morales | Reportera de El País
La 'pacificación' en el norte del Cauca, ¿una ilusión o una realidad?

En Toribío afirman que en los últimos meses han mermado los combates en el casco urbano, pero aclaran que en la zona rural la situación aún es delicada.

En el 2013, los hostigamientos de las Farc han mermado en los cascos urbanos de Toribío, Caloto y Corinto. ¿Es algo pasajero o definitivo?

Hace un año, cuando el soldado Martínez* patrullaba las calles de Toribío, lo hacía pegado a las paredes de las casas. Dice que era una medida obligatoria, con la que evitaba ser detectado por guerrilleros que permanecían en las montañas que rodean al municipio y que constantemente lanzaban ‘tatucos’ o disparaban en su contra.Hoy afirma que la situación ha mejorado. Reconoce que la posibilidad de un ataque siempre está ahí, pero también asegura que hay más confianza en la zona y que ya no es común ver cuadrillas de subversivos uniformados en el pueblo.¿Por qué en los últimos meses la guerra en el Cauca ha dejado de ser noticia a diario? Para los habitantes y autoridades de la región hay tres explicaciones: el proceso de paz, la consolidación del Ejército y las protestas de la comunidad indígena en contra del conflicto armado.En el casco urbano de Toribío, el pueblo que para muchos se había convertido en sinónimo del terror y parecía representar la fuerza de las Farc en el Cauca, se han registrado cuatro ataques en lo corrido del 2013, mientras que en el 2012 hubo 32. Son muchos, comparados con otras zonas de Colombia, pero pocos en un lugar donde sus habitantes ya sabían hasta las horas del día en las que se producían los combates.¿Se está ganando la guerra?La muerte la semana pasada de ‘Jaimito’ y ‘El Burro’, los dos jefes del Sexto Frente de las Farc, se dio luego de un trabajo de inteligencia en el que se convenció a uno de los miembros del anillo de seguridad de dar información sobre los subversivos.La consecución de esa información, dice el general Jorge Jerez Cuéllar, comandante de la Fuerza de Tarea Apolo del Ejército, es lo que ha hecho la diferencia. El oficial afirma que se ha logrado por una estrategia de cinco puntos: combatir a las Farc y al narcotráfico; aumentar la moral de las tropas; acercarse a la comunidad; y apoyar proyectos productivos y de infraestructura. Su unidad militar, conformada por cuatro brigadas móviles distribuidas en el sur del Valle y el norte del Cauca, fue creada en diciembre del 2011 con el fin de cambiar la estrategia contra las Farc.La idea fue que a través de “unidades militares ligeras”, con áreas territoriales específicas, se pudieran golpear estructuras y bloquear los corredores de movilidad del Sexto Frente, las columnas móviles Gabriel Galvis, Jacobo Arenas, Miller Perdomo y el Frente Urbano Manuel Cepeda Vargas de las Farc.Cuando llegaron, cuenta el soldado Martínez, era casi imposible pensar en avanzar sin ser atacados. Sitios como El Palo, en Caloto, eran más familiares para las Farc que para el Ejército. Ahí fue donde murió el mayor Dixon Castrillón, en febrero del 2012, al ser víctima de un explosivo durante unos combates en los que el Ejército intentaba posicionarse en la montaña. Este hecho, así como la muerte de otros 11 militares, ha quedado en la mente de las tropas y los ha impulsado a seguir adelante. Así, poco a poco, y a pesar de los hostigamientos, los ‘planes pistola’ y las minas antipersonal, el Ejército logró entrar y mantenerse en los cascos urbanos y puntos claves de las vías de acceso a los municipios. “Antes la entrada del Ejército era esporádica. Llegaba un batallón y a las semanas se iba, por lo que la estrategia no daba resultados”, dice el general Jerez. Aunque casi dos años después de la creación de la Futap, la guerrilla no ha perdido su capacidad operativa, sí ha cedido terreno en la zona. Por los cascos urbanos de Toribío, Caloto, Corinto y Miranda ya no transitan libremente uniformados y con fusil, pues hay presencia de autoridades. “La guerrilla ya no se mueve con la tranquilidad de antes. Si bajan al pueblo lo hacen de civil”, dice José Miller Correa, secretario de Gobierno de Toribío.El general Jerez estima que las Farc en el norte del Cauca se han reducido en un 50%, pues desde diciembre del 2011 sus tropas han capturado a 140 insurgentes, otros 74 se han desmovilizado y 28 más han muerto en operaciones militares.Asegura que esto se ha logrado por la confianza que han ganado con los habitantes y los trabajos con las tropas para que comprendan las costumbres indígenas. “Hoy es más fácil que la población se acerque a nosotros, porque saben que no los vamos a desproteger”.Según el alcalde de Miranda, Walter Zúñiga Barona, esto también se ha logrado gracias a las jornadas de salud y cultura que ha hecho el Ejército, así como al apoyo en proyectos de restitución de cultivos ilícitos o reforestación de bosques.Sin embargo, el personero de Corinto, Víctor Manuel Salas, señala que aún falta consolidar esta parte de la estrategia. “En las zonas rurales no le tienen mucho aprecio al Ejército. Cambiar eso es muy difícil”. Dice que este año su despacho ha recibido 20 quejas por situaciones como la ocupación de viviendas de civiles durante los enfrentamientos. “Mientras no se vean los resultados de las investigaciones, no se va a cambiar la percepción en la población”.La lucha indígenaEn Toribío, muchas personas atribuyen el cese parcial de las hostilidades a que desde mediados del año pasado, a raíz de un ataque al pueblo, la comunidad ha exigido la salida de los actores armados de sus territorios.La petición, que despertó una polémica nacional, es sencilla pero difícil en la práctica: que la dinámica de la guerra no se dé en medio de la población civil. Marcos Yules, gobernador del cabildo de Toribío, afirma que desde ese momento decidieron arriesgar sus vidas e impedir que se presenten nuevos enfrentamientos. “Nosotros no perseguimos a los miembros de los bandos, sino cuando van a hacer un ataque contra la población civil”, dice Yules.La estrategia ha ayudado. Una fuente militar contó que a comienzos de este año un grupo de indígenas impidió que las Farc atacaran de sorpresa al municipio por uno de sus extremos, mientras una cuadrilla guerrillera distraía a las autoridades en otro.La población tiene una percepción similar. María Helena Santacruz, rectora del colegio de Toribío, afirma que la guardia indígena “se ha organizado más en los últimos meses y tiene puestos de control en la zona. Eso ha permitido que bajen los hostigamientos”.Sin embargo, esa determinación ha traído amenazas. El secretario de Gobierno de Toribío indicó que este año la guerrilla ha aumentado los asesinatos selectivos y las intimidaciones contra miembros de las comunidades indígenas. La Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca también lo ha denunciado. De hecho, en el 2013 han tenido un intercambio epistolar con el Secretariado de las Farc, en el que le reiteran su exigencia de cesar los ataques en sus territorios.Un analista del conflicto armado, que prefirió omitir su nombre, asegura que las diferencias entre las Farc y las comunidades indígenas habían llegado “a un punto de no retorno. La guerrilla los acusaba de ser informantes del Ejército y ellos de violentar sus territorios e incumplir acuerdos que habían logrado con el Secretariado”. En esto coincide el personero de Toribío, Juan Carlos Chamorro, al indicar que "los lazos de comunicación que existían ahora están muy sensibles". El funcionario recuerda que la situación se agravó cuando en mayo pasado las Farc asesinaron a Benacio Taquinás, médico tradicional de Jambaló.Por su parte, el defensor del Pueblo del Cauca, Mauricio Redondo, afirma que este reclamo de la población civil no sólo se ha sentido en el norte del departamento. "En zonas campesinas como Argelia (sur) también se ha tomado esta posición. Es importante porque el corregimiento de El Mango ha tenido más de 200 afectaciones por el conflicto en los últimos meses".Los coletazos de la pazLa relativa calma del Cauca puede rastrearse desde noviembre del 2012, cuando las Farc anunciaron una tregua unilateral de dos meses como gesto de buena voluntad para el proceso de paz. Sin embargo, a habitantes de poblaciones como El Palo, Caloto y Corinto, que durante años han visto cómo la guerrilla hace parte de su cotidianidad, les cuesta trabajo creer que se esté cerca de la firma de un acuerdo que ponga fin al conflicto armado. En esto difiere un analista que recalca que "las Farc están reconsiderando los ataques en los centros poblados y eso no es ajeno a lo que se está viviendo en Cuba. Sus estructuras en el Cauca están comprometidas con la iniciativa política de la paz". No obstante, señala que en esta región del país es donde "se está librando la batalla más importante de la política de seguridad del Gobierno y por eso las Farc podrían responder manteniendo la ofensiva y fortaleciéndose en el territorio". Y es que la posiblidad de un ataque guerrillero está latente. Para el defensor del Pueblo del Cauca, la baja en los enfrentamientos obedece a la naturaleza cíclica del conflicto armado. “Ya hemos tenido antes estas pausas. No significan una merma en la capacidad bélica de las Farc, pues continúan teniendo una fuerte presencia en esos territorios”.De hecho, aclara que aunque ha mejorado la situación en el nororiente del departamento, "a finales del año pasado la dinámica del conflicto comenzó a moverse hacia la cordillera occidental, en Morales, Suárez y Buenos Aires, y hacia el sur en El Tambo, El Patía y Argelia". Lo que vivía Toribío el año pasado ahora parece replicarse en veredas como La Alsacia, de Buenos Aires, donde desde hace varias semanas los combates han causado el desplazamiento de 250 personas.Desde la muerte de 'El Burro' y 'Jaimito', en el norte del Cauca comenzaron los rumores sobre el fin de la calma reciente. Los habitantes temen que la guerrilla se esté reagrupando y responda fuertemente a los golpes de las Fuerzas Militares, en hechos donde los civiles son los más afectados. Les preocupa que después de meses de permitir que la guerra salga por momentos de sus vidas, esta vuelva y se reinstale en sus casas; esperan, por ejemplo, que el Sexto Frente no quede en manos de alguien como alias Meneíto, a quien identifican como una persona enfocada solamente en la parte militar. Algunos, incluso, dicen que es un "sanguinario".* Nombre cambiado

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