La ‘Nikita’ contra el secuestro

Diciembre 19, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Laura Marcela Hincapie I Elpais.com.co
La  ‘Nikita’ contra el secuestro

Alida ha frustrado más de 40 extorsiones desde hace tres meses que ingresó a ocupar el puesto de subcomandante del grupo antisecuestros del Gaula Valle.

La capitana Alida Reyes, del Gaula de la Policía, es quien planea todos los operativos contra secuestros y extorsiones. Diario de una valiente.

El secuestro de la capitana Alida Reyes estaba planeado para el 26 de octubre del 2007. Se había convertido en la pesadilla del Frente 18 de las Farc. Entonces alias Manteco ordenó callarla. Callar a la comandante y a la única mujer policía del municipio de Caucasia, Antioquia. Los controles que la oficial ejerció en las carreteras para bloquear el ingreso de los kilos de coca que surtían al grupo guerrillero eran una sentencia anticipada.Un grupo de 50 subversivos en camionetas blancas fueron en busca de la mujer de 25 años que los tenía en aprietos. A ellos, a los peones de una guerra de hace más de medio siglo. La orden era sacarla viva de la subestación. Según los planes de ‘Manteco’, esa misma noche Alida dormiría en la selva.De armas tomarTiene estatura de modelo. Hace tres meses es la subcomandante del grupo Antisecuestro del Gaula del Valle. Ojos cafés, oscuros y rasgados. Dueña de uno de los rangos con más autoridad en el departamento. Labios delineados con un lápiz rosado que se mantiene intacto. Está a cargo de 67 policías. Y su voz es tan suave, que parece de seda. Dicen que cada quien se labra su destino. Pero la capitana tolimense, que hoy tiene 28 años, no pudo traicionar eso que algunos llaman vena artística. En esta historia fue una vena militar, una vena de guerrero que nació con su padre, un sargento primero retirado del Ejército que dice haberle entregado a los uniformados del país un tesoro invaluable: además de Alida, que es la mayor, sus otros dos hijos también son oficiales de la Policía. Desde niña le tocó un régimen militar. Dormía en los batallones y en el año varias veces tenía que mudarse de ciudad, de región, de colegio, de amistades. Mudaba hasta el acento. A los tres años sus travesuras eran camuflarse en los comedores de los militares y robarles el almuerzo. El menú era carne asada con papa. Y ella, como una porcelana en medio de aquellos hombres fortachones, siempre rompía el hielo.Pero a aquella figurita de muñeca creció y le dieron ganas de mandar. “Yo le dije que si lo que quería era ser jefe y tener una carrera de mando tenía que meterse a la Policía y no al Ejército. Ella entendió y me sonrío con un sí”, recuerda aún con rastros de emoción don Ramiro Reyes. Fue así como a los 17 años empezó a escribir su historia. Inició en Bogotá la carrera para oficial de Policía y en esos días de adolescencia, a las 3:45 a.m, cuando quizá muchos de sus amigos aún no llegaban a la casa, Alida ya estaba agotada por una intensa rutina de ejercicios. “El frío era lo más tenaz, a esa hora uno se sentía en un congelador y para mí era peor porque venía de Melgar, Tolima”. A pesar de esos contrastes, Alida fue la única sobreviviente de aquella generación de oficiales. Las otras 16 mujeres que ingresaron con ella no aguantaron el ritmo y se retiraron. Desde allí, la mujer de cuerpo imponente empezó a sobresalir. Comenzó como comandante de la estación de Policía de El Poblado, en Medellín. Después estuvo en Casanare, luego de varios años se convirtió en teniente y así llegó a la subestación del corregimiento de Caucasia. Aquel lugar donde fue sentenciada, aquel donde por primera vez sintió ese taco en el pecho llamado miedo. Tras una labor intachable, aún sorprendente en una institución donde la mayoría de las mujeres ocupan cargos administrativos, a Alida deciden enviarla al Gaula de Caldas.Pasaron dos años exitosos en esa estación, que para muchos ya le quedaba pequeña. “Estaría lista para ser subcomandate de un Gaula tipo A, como el del Valle”, pensó el entonces Director Antisecuestro. La buena noticia se la comunicaron en septiembre de este año. A los pocos días, Alida, que ya tiene alma gitana, estaba radicada en Cali, en la casa de una tía, donde sólo llega a dormir. El resto de las horas del día son inciertas. Pueden trascurrir en su oficina de la estación del barrio El Lido o en la calle, liderando un operativo, donde casi siempre actúa como francotiradora. Lo único seguro es que a diario tiene que resolver dos dudas poco envidiables: cómo lograr la captura de los delincuentes sin disparar un solo tiro. Cómo dirigir a ese grupo de hombres que está a su cargo, un número con el que podría conformar hasta seis equipos de fútbol.Para el agente investigador Wilmer Jiménez, a la capitana Reyes no le ha quedado grande dicha tarea. “Es una mujer tan frentera como cualquier hombre. Una persona seria y exigente, que trabaja a la par con uno”. El capítulo de ‘Nikita’ Ese respeto se lo ganó una mañana en La 14 de Calima con una hazaña que se convirtió en su hoja de vida. Se trataba de un caso de extorsión. Un señor, de unos 40 años, denunció que ese día tendría que entregarle $10.000 millones al dueño de una voz que amenazó con matarlo si no cumplía. La cita se mantuvo y se desplegó el operativo. Alida, algo angustiada por los nervios de la víctima, acudió al lugar con otros diez agentes, que luego serían sólo espectadores de lo que pareció ser un capítulo de ‘Nikita’. Sentada en una silla rimax, a unos dos metros del delincuente que acababa de recibir el dinero, la capitana no pensó y se lanzó al pecho de aquel hombre bonachón. Lo tomó del cuello, lo puso contra la pared, le dio la vuelta y finalmente lo tiró al suelo. Con sus botas de tacón le apretó la espalda y lo esposó. Cuando reaccionó, miró a su alrededor y estaba sola en medio de un grupo de ciudadanos que se sintieron extras de una película. “Fue tan rápido que el extorsionista no alcanzó hacer nada y mis compañeros tampoco, porque el plan inicial era seguir al tipo y luego proceder a la captura. Pero los nervios del señor que nos pidió ayuda hicieron que sólo pensara en acabar de una vez con su angustia”, narra la capitana que por esa captura fue catalogada por algunos diarios como la “súper policía”.Otro de los operativos más recientes que aún satisfacen su memoria fue el rescate del mexicano que duró dos semanas secuestrado en una casa del sur de la ciudad. Eran las 10:00 p.m. del pasado sábado 4 de diciembre. Estaba viendo Sábados Felices cuando recibió la llamada del extranjero, que decía tener indicios de la ubicación de su encierro. Llegaron a la zona a las 11:00 p.m. y pasaron casi toda la noche esperando el momento de ingresar a la vivienda. En esos minutos de tensión, que parecen ser un abismo interminable, Alida, la mujer que se vistió con un yin de bolsillos y taches, una camisa azul ajustada y un collar que le hace juego a un anillo que brilla desde el dedo corazón, saca los polvos y se da una “retocadita” antes de entrar en acción. “Me declaro una defensora de la feminidad. Las policías también podemos maquillarnos”, dice la capitana que ese día a las 6:00 a.m., con el rostro radiante, junto a sus hombres explotó una bomba en la entrada de aquella vivienda, que dejó pasmados a los delincuentes. De allí salió con el mexicano y cuatro capturados.¿Y entonces quién es digno de ganarse el corazón de aquella heroína con estilo? Para su padre, ninguno. El sargento se convirtió en un suegro temido y Alida sólo hasta los 19 años tuvo el primer novio, un compañero de la escuela de Policía. Luego, se encontró con otros amores que se irían sin avisar. Pero en Caldas llegó el hombre con el que hoy planea casarse. “Yo pensé que nunca la conquistaría. Era muy seria y no le gustaba mezclar el trabajo con la vida personal. Pero una vez trabajamos juntos en un caso y fue así como se dieron las cosas”, dice su novio José David Córdoba, un capitán del Ejército que poco habla de su vida privada. Por esa seriedad de Alida, esa que él mismo José conoció, han logrado mantener su relación a distancia. Él vive en Manizáles y ella viaja a visitarlo una o dos veces al mes, dependiendo de la ‘agenda’ de actividades que tengan los delincuentes en la región. ¿Y los planes de ‘Manteco’?Ese 27 de octubre del 2007, minutos antes de que aquellas camionetas blancas del Frente 18 llegaran por ella, una llamada del grupo de inteligencia de la Policía la salvó de ese infierno que el cuerpo y la mente viven en cautiverio. “Recuerdo que una voz dijo van por usted y al instante ya estaba montada en un carro alejándome del lugar”. Hoy, desde su oficina en el Gaula, a centenares de kilómetros de aquellos recuerdos, reconoce que fue un milagro no haber dormido esa noche en la selva.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad