La intolerancia todavía continúa matando a los caleños

La intolerancia todavía continúa matando a los caleños

Enero 02, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Daniel Suárez Pérez l Reportero de El País

En la capital vallecaucana las autoridades registraron que en el 35% (567) de los homicidios hubo un consumo previo o se perpetró bajo los efectos de licor y en un 28% (454) los decesos ocurrieron en el momento en el que la víctima se encontraba consumiendo algún tipo de bebida embriagante.

En la tarde del pasado 28 de diciembre varios jóvenes se arrojaban bombas con agua y piedras en las calles del barrio Bonilla Aragón. Quebraron varios vidrios de las ventanas de las viviendas. Uno de los niños que estaba en medio del desorden arrojó una piedra y le quebró el parabrisas a un taxi que pasaba por el lugar.El taxista se bajó del vehículo, encerró al menor en el auto, sacó un arma y amenazó con matarlo si no le reparaba el daño. Las intimidaciones del conductor terminaron cuando la madre del menor consiguió prestados $100.000 y se los entregó al chofer.Según las autoridades entre el 1 de enero hasta el 30 de noviembre del año pasado en Cali se cometieron 1.621 homicidios, de los cuáles 978 (60%) se debían a problemas de convivencia que en su mayoría correspondían a casos de intolerancia social como “el cobro de deudas, la reacción ante desacuerdos, el préstamo de una bicicleta, la no devolución de un cambio y la reacción por ser sacado de una fiesta”. El 60% de los asesinatos cometidos en Cali se origina en riñas o problemas de intolerancia, porcentaje que supera la cifra nacional que llega al 37%. El reporte de la Policía Nacional indica que de 15.238 homicidios registrados hasta el 22 de diciembre de 2010 en Colombia, 5.639 muertes se presentaron como desenlace de disputas por intolerancia o venganza.Una pareja mortalEn la capital vallecaucana las autoridades registraron que en el 35% (567) de los homicidios hubo un consumo previo o se perpetró bajo los efectos de licor y en un 28% (454) los decesos ocurrieron en el momento en el que la víctima se encontraba consumiendo algún tipo de bebida embriagante.De igual forma, se indica que en el 12% (195) de los casos, previo a la consumación del homicidio la víctima se encontraba bajo efectos de sustancias narcóticas. María Isabel Gutiérrez, médica epidemióloga y directora del Instituto Cisalva, comenta que el licor y las drogas psicoactivas se convierten “en potenciadores” de las situaciones de intolerancia. Por su parte, Fernely Domínguez, sociólogo e investigador de la Universidad Santiago de Cali, opina que “no todos los que toman trago terminan matándose los unos a los otros. Antes de ‘trabarse’ o emborracharse, la persona sale de un puerto de seguridad y confianza, si la constante en la vida del individuo es la indisciplina personal y no hay un control por parte de las instituciones, le da rienda suelta a la intolerancia”.El informe del Observatorio Social de Cali indica que entre enero y noviembre del año pasado el día de la semana en el que más se presentaron muertes fue el domingo con 398 muertes, y la jornada de más ocurrencia fue la madrugada con 170. El segundo día con más asesinatos es el sábado con 242, le sigue el viernes con 227 y por último el martes con 181.Las violenciasEl investigador define la intolerancia como “la incapacidad de aceptar las diferencias” y opina que los homicidios y riñas en Colombia, relacionados con este móvil, obedecen a una “violencia generalizada” en la que “las personas encuentran en la agresión la forma más rápida de solucionar los conflictos y eluden el diálogo, la consulta al estado como mediador. Inclusive, a nivel familiar los hijos no recurren a los padres o abuelos para resolver los desacuerdos”. El sociólogo añade que la génesis de la violencia generalizada ocurrió a mediados del siglo pasado con los enfrentamientos entre liberales y conservadores. Y que la segunda ola se presentó a mediados de los año ochenta. El investigador explica que el común denominador entre ambas ‘violencias’ es que siempre aparece la muerte atroz, la crueldad de eliminar al otro. “Antes eran el corte franela y el corte corbata. Luego los paramilitares inauguraron el uso de la motosierra”.La Directora del Instituto Cisalva dice que estudios que se han realizado en años anteriores en Cali, Medellín y Bogotá explican el porqué las personas usan la violencia y no el diálogo.La ‘mano dura’ en el hogarEl compañero sentimental de Olga, una mujer de estatura mediana, delgada y de 30 años de edad, llegó en la tarde del pasado miércoles a su casa. Comenzaron a discutir porque el hombre había llegado de mal humor de su trabajo. En medio de la discusión el esposo partió una botella y cortó a la mujer desde la sien hasta el pómulo, uno de los golpes también le ocasionó un corte y una fractura en la muñeca.No era la primera vez que el hombre maltrataba a Olga, y tampoco era la primera vez que su hermana le pedía que lo denunciara y que ella le contestaba con un no. Tenía temor a que la dejara sola con sus cuatro hijos menores de 14 años y sin una entrada económica para sostenerlos.“Se ha demostrado que la violencia viene desde las habilidades de crianza, si los padres castigan a su hijo a través del maltrato físico para corregirlo, va creciendo en un ambiente de agresión. Cuando ya es adulto en lugar de tratar de negociar cuando hay una diferencia, a través de diálogos o acuerdos, reacciona de manera violenta”, explica Gutiérrez.La especialista en epidemiología agrega que esos castigos físicos que sufrieron los agresores -palmadas o golpes con correas u otros objetos- se repiten en las relaciones interpersonales con sus hijos o su pareja.Gutiérrez advierte que para disminuir la intolerancia “se debe trabajar con la familia para que implementen unas prácticas de crianza negociadas, impartir disciplina sin castigo físico, pero no es el hecho que el niño haga lo que quiera porque si no obedece a los padres no obedece a la sociedad, y eso se vuelve un círculo vicioso”.Agrega que el individuo debe considerar siempre el diálogo como un medio para la solución al conflicto y que la justicia disminuya los niveles de impunidad para que “no haya problemas entre los vecinos”.

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