La historia detrás del 'clon' del exdiputado Sigifredo López

La historia detrás del 'clon' del exdiputado Sigifredo López

Junio 28, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
La historia detrás del 'clon' del exdiputado Sigifredo López

El abogado Elmer Montaña, quien se sumó a la defensa de Sigifredo López, acompaña al doble del exdiputado del Valle, Guillermo Alberto Peñalosa.

Un hombre se parece a Sigifredo López y teme. Teme pero lo busca. Cree que puede ayudarlo. Crónica de un buen clon.

El hombre que está al frente se llama Guillermo Alberto Peñaloza Ortegón. Mide uno con ochenta, pesa ciento diez kilos y calza cuarenta y uno y medio. A los 35 años, cuando trabajaba en una empresa de aluminios, empezaron a salirle las canas que hoy le dan a su cabeza un color plomizo. Ahora ya no tiene jefes, pero sí más canas: desde hace un tiempo comenzaron a confundirlo con el ex diputado Sigifredo López y ahora él piensa que aquello, ese parecido, más que una casualidad puede ser un riesgo. ¿Como una coincidencia aparentemente tan inocente llega a convertirse en temor?En algún momento el asunto había tenido cierta gracia: en el 2010, cuando el ex diputado hacía campaña para el Senado, a Guillermo le regalaban frutas en la calle. Una vez, estacionado junto al Hospital Cañaveralejo, una mujer se le acercó con un gajo de bananos; le dijo que lo admiraba y que desde que vio la transmisión de su liberación y el encuentro con sus hijos, algo en ella había renacido también. Guillermo le insistió en su confusión, le explicó, le repitió su nombre, pero fue imposible. “Estos políticos sí son chistosos...”, dijo ella antes de despedirse dejándole los bananos sobre las piernas. En las estaciones de gasolina lo saludaban, le preguntaban por la familia; y en la Oficina de Pasaportes, cuando fue a renovar los documentos de sus papás, no lo dejaron hacer fila. Incluso en un sitio de karaoke llegaron a saludarlo con estruendo: “Buenas noches al doctor Sigifredo que hoy nos acompaña en una mesa”, escuchó una vez retumbar en los parlantes. Pero en esta historia hay anécdotas con un ruido menos simpático: Hace un tiempo, cuando caminaba junto a su padre cerca a la Gobernación, dos tipos pronunciaron estas palabras cuando se lo cruzaron: “Ahí vas, perro, sin escoltas”. Pudieron haberle dicho cualquier cosa; haberse referido a la similitud, en efecto existente, entre Guillermo y Sigifredo; a su también nariz aguileña o a la exacta contextura física que comparte con el político. Pero lo llamaron “perro”, como si su presencia en la calle fuera una animalada difícil de tolerar. El mensaje, entonces, le hizo caer en cuenta de que ese parecido, hasta el momento visto como un chiste del destino, podía tener implicaciones mucho más serias.El hombre cayó en cuenta de que hace cuatro años, cuando el ex diputado aún estaba secuestrado, frecuentó varias veces Pradera. Allí, donde llegó a rumorarse que Sigifredo caminaba campante mientras cumplía cautiverio, Guillermo iba a comer cholado. Él tiene una explicación sencilla para eso: los domingos a veces iba en bicicleta hasta Palmira porque allí tiene una amiga. La amiga vive en el barrio Prados de Oriente. Prados de Oriente queda en la salida hacia Pradera. Y en Pradera, dice él, venden unos cholados deliciosos. Guillermo es separado. La amiga es bonita. ¿Cómo no invitarla a tomar algo en la tarde de un domingo?“Yo sí notaba que me miraban. Que la gente del pueblo se quedaba viéndome por donde pasaba, cuando pedía un helado, cuando me sentaba en una banca; pero yo creí que era por lo alto, por la pinta que tengo. En ese tiempo no se me cruzó por la mente que al verme pensaran en Sigifredo, pero ahora sí lo pienso”.Guillermo se gana la vida con un oficio noble. Guillermo es comerciante de zapatos. El tipo, es un tipo buena gente: hace dos días se puso a pensar en que tal vez su presencia en la calle, durante todo este tiempo, podía haber perjudicado en algo a ese político con el que lo confundían y que ahora tiene la casa por cárcel. Así que empezó a averiguar en dónde vivía y se hizo anunciar en la portería: dígale al doctor Sigifredo que yo me parezco mucho a él y que mi historia, quizás, puede ayudarlo en algo. Y puede que sí. Ayer, en compañía de Elmer Montaña, uno de los abogados de López, Guillermo se presentó ante el Fiscal 38 de Derechos Humanos para dar su testimonio; el próximo martes se lo recibirán. El trámite, además, explica el abogado, servirá para darle a Guillermo una luz con respecto a su situación personal, puesto que teme que su seguridad pueda verse en riesgo por las reacciones de la gente. Ayer, mientras caminaba hacia el despacho del fiscal, algunas personas se le acercaron. Hubo quienes le dieron la mano. Otros lo miraron. Algunos torcieron la boca. En un momento, mientras atendía una entrevista, una mujer dijo que era una grosería que Sigifredo estuviera ahí, en pleno centro de Cali. Eso, y otras voces disonantes y sorprendidas, se escucharon entre la romería.

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