La historia de los herederos de los paramilitares en Colombia

La historia de los herederos de los paramilitares en Colombia 

Septiembre 05, 2017 - 11:30 p.m. Por:
Resumen de agencias / El País 
Clan del Golfo

Este es el cartel de la Policía y el Ministerio de Defensa que ofrece recompensas por información de los señalados como jefes del Clan de Golfo.

Cortesía Policía Nacional

Cuando las autodefensas se desmovilizaron, algunos de sus antiguos hombres, liderados por Daniel Rendón Herrera, jefe de los paras en el Urabá, formaron un grupo. Se llamaron ‘Urabeños’. Rendón fue detenido en el 2009 y su poder lo heredaron los hermanos Juan de Dios, alias Giovanny, y Dairo Antonio Úsuga, ‘Otoniel’. Ambos, ex miembros, primero del EPL y luego de las AUC.

‘Giovanny’, quien había sido integrante del Bloque Calima de las AUC y delinquió en el Valle del Cauca, fue abatido en un operativo de la Policía en el 2012. Su hermano asumió el control de la organización.

Luego, por petición de la comunidad de Urabá de no ser estimagtizados el nombre de la considerada banda criminal más grande de Colombia pasó a ser Clan Úsuga. Sin embargo, tiempo después, personas con este apellido pidieron lo mismo y el Gobierno empezó a llamarlos Clan del Golfo.

‘Otoniel’, de 46 años, se convirtió en el hombre más buscado de Colombia. El Gobierno Nacional ofrece una recompensa de 3000 millones de pesos (un millón de dólares) y el de Estados Unidos va más allá, con otra de hasta cinco millones de dólares, según los volantes que reparte la Policía Nacional principalmente en la selvática y rica región agroindustrial región de Urabá, limítrofe con Panamá.

El capo está desde 2013 en la ‘Lista Clinton’ de EE. UU. junto a los más peligrosos narcotraficantes y blanqueadores de dinero en el mundo.

Aunque han querido extenderse a gran parte del país y tomar zonas dejadas por las Farc, en el Urabá y norte de Colombia tienen su principal área de influencia. Esa presencia extendida quedó en evidencia a comienzos de abril del año pasado durante un “paro armado” de esta banda criminal que paralizó 36 municipios de diferentes regiones del país y dejó cinco personas muertas.

Los paros armados y el asesinato selectivo de policías, una estrategia que llaman Plan pistola (imitando las amenazas de Pablo Escobar y de las Farc) forman parte de las acciones intimidatorias a las que recurre el Clan del Golfo para atemorizar a la población y mostrar su poder.

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Pero también, con esos actos, intentan mostrarse como un grupo político, más allá que una banda criminal. Incluso, se hacen llamar Autodefensas Gaitanistas de Colombia.

Para capturar a ‘Otoniel’, el Gobierno se inspiró en la Guerra de Troya y puso en marcha en febrero de 2015 en Urabá la Operación Agamenón, un enorme despliegue de más de 1200 policías que propinó duros golpes a esta banda.

En una de las acciones de Agamenón, el pasado jueves, fue abatido el número dos de esta banda, Roberto Vargas Gutiérrez, alias Gavilán, en una acción de comandos de la Armada Nacional llevada a cabo en Puerto Plata, un caserío de Turbo, también en Urabá.

Igualmente en dichas operaciones el Gobierno sufrió un revés el 4 de agosto de 2015 cuando 16 policías de un cuerpo de elite llamado Comandos Jungla murieron al accidentarse entre las localidades de Carepa y Chigorodó, en Urabá, el helicóptero Black Hawk en que perseguían a Luis Orlando Padierna Peña, alias Inglaterra, otro capo de la banda.

El pasado 22 de junio el Gobierno lanzó la Operación Agamenón II, bajo el mando del general de la Policía Jorge Luis Vargas, que en menos de tres meses ha arrojado importantes resultados.

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