La historia de las tierras despojadas por Iván Urdinola y Lorena Henao

La historia de las tierras despojadas por Iván Urdinola y Lorena Henao

Septiembre 30, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
La historia de las tierras despojadas por Iván Urdinola y Lorena Henao

Esta es la finca La Magdalena, ubicada en el corregimiento de Ceilán, zona rural de Bugalagrande, en plena cordillera Central. Allí vivió Iván Urdinola.

Un Juez acaba de ordenar la devolución de dos fincas a familias de Bugalagrande arrebatadas por los narcotraficantes. Reconstruimos la historia.

En la década de los 90, los esposos Iván Urdinola y Lorena Henao Montoya Grajales, asociados con otro narcotraficante, se apropiaron, con amenazas, de los predios aledaños a la hacienda La Magdalena, ubicada en zona  rural de Bugalagrande.

En total, según las demandas presentadas ante la Unidad de Restitución de Tierras del Valle, ocho  familias tuvieron que abandonar sus fincas, en el corregimiento de Ceilán. 

Este semana, el Juez 1 de Restitución de Tierras ordenó devolverle los terrenos a los integrantes de las familias Bernal y Valencia, quienes hace más de 20 años fueron obligadas a  vender sus fincas. Son predios, que suman 144 hectáreas que habían sido anexadas a la finca La Magdalena.

Una fuente de la Unidad de Restitución explicó que en los 90,  Fernando Marulanda (socio de los esposos Urdinola-Henao)  era propietario de una hacienda de 400 hectáreas llamada La Magdalena. A través de intimidaciones, Marulanda y los Urdinola-Henao compraron  las fincas aledañas hasta quedarse con un total de 1.036 hectáreas. 

El Juez, en el fallo, reconoció  como “víctimas acreedoras de la acción de restitución por desplazamiento y despojo forzados”  a los miembros de ambas familias.

En la sentencia, se relató que las “dos familias acaudaladas” fueron primero, extorsionadas  por la guerrilla, “debían pagar las ‘vacunas’ y llevarlas a una tienda de la población”.

Luego, llegaron las amenazas de los narcotraficantes para obligarlas a vender los predios, “colindantes y vecinos de la gran hacienda La Magdalena, propiedad de Fernando Marulanda Trujillo, señalado como autor de los sucesos victimizantes. Finalmente, todos los inmuebles fueron vendidos forzosamente a la Sociedad Agroinversora Henao, cuyos propietarios eran Iván Urdinola  y Lorena Henao”.

El drama para la familia  Bernal empezó antes de los 90, cuando fueron extorsionados. 

Después, llegaron las amenazas para que vendieran sus terrenos. El 22 de noviembre de 1989 mataron a  Elver Bernal Martínez, y escribieron un letrero donde se indicaba que “ahí le de dejaban eso para que vieran que las amenazas no eran en vano y que ahí le quedaban los dos hijos para que siguieran a Pelusa (como le decían a Elver)”, indicó la sentencia del juez. 

Cinco meses después, sus hermanos  fueron abordados por un hombre armado que intentó dispararles pero el arma no funcionó, lo que les permitió huir. 

En la sentencia se explicó que tras los atentados “la madre de los Bernal empezó a recibir visitas y presiones de Octavio Pabón, ‘Nano’ Cancino y Fernando Marulanda Trujillo para que vendiera las propiedades y como el grupo familiar estaba atemorizado por aquellos sucesos, decidieron negociarlas por conducto de ‘Nano Cancino’, presunto testaferro de Marulanda Trujillo, quien aconsejaba a la viuda ‘venda, venda, que le van a matar sus otros muchachos’”.

Entonces, se pactó una venta  por $125 millones, incluyendo 250 reses y todo el terreno. Sin embargo, solamente les pagaron $100 millones.

A la familia Valencia también la desplazaron con amenazas, por lo que tuvieron que irse a vivir a San Pedro, en una casa alquilada. Allí los obligaron a firmar los papeles del traspaso y les cancelaron solamente la mitad del valor de los predios.

La mitad  de la finca La Magdalena fue objeto de extinción de dominio en el 2006. Sin embargo, el juez ordenó la devolución de los predios de las familias Bernal y Valencia.

Las demandas de las otras seis familias son estudiadas por un magistrado de Restitución de Tierras, ya que en las fincas viven campesinos que se opusieron en el proceso.

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