La delincuencia hace de las suyas en las calles de Caracas

Noviembre 02, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
La delincuencia hace de las suyas en las calles de Caracas

Violencia. Durante los fines de semana mueren en el quirófano del hospital Ana Francisca Pérez de León entre siete y diez personas que ingresan con heridas de armas de fuego. Ángel Raúl Acosta fue uno de ellos.

Un reportero de El País acompañó por una noche al personal médico del hospital Pérez de León, en la zona de Petare. Las noches de Caracas, considerada después de Ciudad Juárez como la capital más violenta del mundo, tienen el olor nauseabundo del miedo.

Las noches de Caracas, considerada después de Ciudad Juárez como la capital más violenta del mundo, tienen el olor nauseabundo del miedo. Desde hace varios años sus habitantes no encuentran un solo sitio donde puedan esquivar la ofensiva criminal que cobra cada día, en promedio, la vida de 15 personas y deja con heridas a otras 60 ó 70.Los fines de semana no tienen comparación. Pese a que el gobierno del presidente Hugo Chávez asegura que la “inseguridad” es un invento de la oposición, ya no impresiona a nadie que entre un viernes y un domingo los atracos, el secuestro express y las riñas callejeras dejen entre 60 y 70 muertos. Cuando hay menos de 40 se lee en los diarios que fue uno de los festivos más tranquilos del año.De esta orgía de sangre y muerte, que en el 2009 enlutó a 19.133 hogares en toda la Nación, es testigo silencioso la sala de urgencias del Hospital Ana Francisca Pérez de León, localizado en Petare, el barrio más grande de América Latina.Es allí donde van a parar las procesiones de vehículos y motos que descuelgan afanados con muertos y heridos de todas partes de la ladera.Son las 9:15 de la noche de un día sábado y El País llega hasta Petare para acompañar al personal de urgencias del centro asistencial.Sólo quince minutos después el pito insistente de un maltrecho campero llama la atención de quienes laboran este hospital. En segundos el equipo de urgencias reacciona y sobre una camilla blanca revestida con una lona azul ingresa, casi sin vida, Ángel Raúl Acosta, de 31 años de edad.Frente al quirófano se cierra una cortina, con visos de mantel, y adentro una doctora, un traumatólogo, dos enfermeras y un periodista observan el primero y único reto que la muerte plantearía en esta noche.A punto de cerrarAquí el bip... bip de los equipos que alertan sobre los signos vitales de los pacientes en las series de televisión no se escucha. Todo lo que se advierte es una cubeta de acero con algunas pinzas y una cuchilla.Antes del primer corte El País se retira del pequeño salón y adentro se escuchan los esfuerzos por salvar a Acosta. El silencio es total. En una esquina, junto a la greca de café, el radioteléfono de uno de los policías alerta sobre otros hechos.Se reporta en Guarenas el asesinato Geovani Núñez, en Caricuao acribillaron frente a su esposa y su hija a Evangelista Terán, en Las Mercedes acuchillaron a Carlos Cáceres, empleado de la pollera Hermanos Rivera, y en Antímano el colombiano Alirio Petaquero dio su vida por no dejarse robar una moto.Casi una hora después la cortina del quirófano se abre de nuevo y el llanto desgarrador de una madre anuncia la muerte de Acosta. Su cuerpo no soportó los efectos de las siete bala que se le alojaron en el cuerpo.“Si hubiera ido a un hospital chavista quizá se habría salvado. Aquí no tienen nada”, advierte otro de los heridos de la sala.Curiosamente, en el patio de este viejo hospital se levanta un monstruo de ocho pisos con el mismo nombre y con equipos médicos de última tecnología, pero no se usan. Pese a que su inauguración estaba prevista para el 2008, el acto se aplazó indefinidamente cuando la oposición ganó la Alcaldía de Sucre, que estaba en manos del hijo del ex vicepresidente José Vicente Rangel.Dicen que pocos hospitales en América Latina tienen los equipos que allí permanecen encerrados a la espera de que un chavista recupere el mando.El resto de la madrugada estuvo calmada. Los médicos tuvieron el tiempo para narrar las veces que han sido intimidados, cuando han debido esconderse para evitar agresiones de pandillas o cuando las bandas intentan rescatar a sus heridos o rematar a sus rivales.“A mí me tuvieron que esconder las enfermeras en una oportunidad en la capilla, quitarme la bata y sacarme por la parte de atrás del Hospital porque entraron disparando los amigos de un muchacho que murió en el quirófano”, cuenta el médico Héctor Bastardo. Es el amanecer del domingo y todo indica que este será uno de los fines de semana menos violentos del último año, pero pronto cambiará esa percepción. Lo que revela BellomonteLa realidad en la Morgue de Bellomonte es otra. Una vez más el tanatorio amanece atestado. Este es quizá el único lugar donde la muerte no encuentra escondite.A Bellomonte llegan cada lunes, desde el 2005, cuando el gobierno de Hugo Chávez no encontró otra manera de detener los índices de violencia que ocultando las cifras, adonde llegan los periodistas para hacer sus propios conteos.Bellomonte tiene seis mesas de autopsia, 60 cuartos frigoríficos y se acondicionó un cuarto frío para esos días en los que ningún espacio es suficiente.Afuera permanecen los familiares de Acosta, quien murió en el Pérez de León, junto a decenas de personas que aguardan por sus parientes. En total, fueron 47 las personas que murieron este fin de semana de manera violenta en Caracas.Aquí nadie hablar con los medios ante el temor de que en represalia les demoren la entrega de sus muertos. Julio, quien acompaña a Josefina Nieves, que aguarda a que le entreguen a su hermano y su sobrino, Alejandro y Deivis, asesinados por robarles una moto, recuerda que hace dos años debió esperar cinco días por el cuerpo de su hijo, por haber hablado con el diario El Nacional.Pero allí no terminan los males para las familias. Su próxima odisea será buscar un sitio dónde velarlo.Motociclistas siembran el terrorLas directivas de la Funeraria Hispania optaron por cerrar sus puertas a las víctimas de homicidio. Lo mismo han hecho otros centros asociados a la Cámara Nacional de Empresas Funerarias que desde el 2007 no prestar servicio a las familias de los jóvenes muertos a tiros.“Es un peligro. Muchos de esos jóvenes son pandilleros. Y cuando matan al miembro de una banda, los rivales llegan al velorio disparándole a todo”, dice uno de los administradores.Capítulo aparte merece el tema de las motos, dice el sociólogo Walter Díaz. “El presidente Chávez trajo unas motos de China e Irán y las sacó al mercado sin que haya almacenes de repuestos y cuando alguna se daña salen a matar a otro para quitarle la suya y sacar la parte”.“Si existe en Venezuela un aspecto en el que ya se percibe el ingreso del socialismo, es en la manera como la violencia y la inseguridad está golpeando a ricos y pobres por igual”, dice Díaz.Detonantes de la violencia en CaracasAlrededor del 40% de los jueces y fiscales permanecen en provisionalidad, por lo que muchos están más preocupados por mantener su trabajo que por impartir justicia de frente a una Constitución desmembrada.EL Congreso de Venezuela, en un 98% chavista, ha dictado leyes que ordenan que sólo se puede detener una persona si es capturada en flagrancia.El Gobierno llama constantemente a las armas y a sus seguidores a defender su “revolución” a sangre y fuego.Cifras180 muertos por cada cien mil personas es la tasa de homicidios en Caracas.347 muertos violentos habían entrado a Bellomonte hasta el día 26 del mes de septiembre.8,8 homicidios por cada cien mil habitantes es el promedio mundial.8 millones de armas ilegales circulan en las calles de Venezuela, según datos oficiales.

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