Informe especial: ¿por qué Cali es la ciudad con más menores detenidos en el país?

Informe especial: ¿por qué Cali es la ciudad con más menores detenidos en el país?

Mayo 05, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Informe especial: ¿por qué Cali es la ciudad con más menores detenidos en el país?

Según el Icbf, en dos meses estarían listas las obras de seguridad para el centro.

Aquí el problema de los menores detenidos ha crecido como en ninguna otra parte. Aquí, ellos, esos chicos, son distintos a todos los demás. Un problema que se torna de castaño a oscuro.

En apariencia la cuenta es sencilla: todos los días en Cali son capturados entre 15 y 20 menores de edad por diferentes delitos. De ellos, por lo menos tres son judicializados y van a dar a un centro de formación. Si el promedio se mantiene, eso quiere decir que cada semana son recluidos 21 chicos. Cada mes 84. Cada año 1.008. Pero con los menores infractores de esta ciudad no hay promedios. Ni lógicas. Ni proyecciones posibles: en los primeros cuatro meses de este año, la Policía ya capturó 850 chicos. ¿Cuántos terminarán tras las rejas al final? Nadie lo sabe. Si esto ocurriera en las épocas del ábaco, no alcanzarían las pepitas para hacer la cuenta. Aun hoy, en tiempos de modernidad, las máquinas son insuficientes. No hay manera de diagnosticar qué hacer ante todo esto. Con esos chicos: la capacidad de los entes encargados de su custodia y resocialización está desbordada. En los últimos cinco años, 503 muchachos escaparon de Valle del Lili. Y la facilidad con que lo hacen quedó otra vez en evidencia hace unos días. Las imágenes aparecieron en tono de alarma en los noticieros: hordas de muchachos provocando peleas, fuego, saltando muros, armando motines tan grandes que parecían una burla a su condición de menores. En las dos últimas semanas 66 escaparon. Tres, murieron en el intento.En estas épocas de modernidad, donde la vida se cuenta a través de alarmas vibrantes en teléfonos y tabletas, alguien podrá decir que hablar de lo que sucede en Cali en esos términos es una exageración. Entonces deslizará el dedo sobre el teléfono y buscará el record de lo sucedido en otras partes. Y encontrará que en Barranquilla, Cartagena, San Andrés, Riohacha, Tunja, Medellín y Bogotá, ocurrieron cosas similares. Y que hace un mes, los muchachos recluidos en La Guajira quemaron el centro de formación. Dirá pues que no es un asunto exclusivo de la ciudad, porque el ingreso de adolescentes al sistema de responsabilidad penal se disparó en todo el país. E invocará una cifra: mientras que en el 2007 cuatro mil menores fueron recluidos, el año pasado los chicos que ingresaron a los centros de formación llegaron a los veintinueve mil. Pero lo de Cali no es una exageración. El Icbf lo tiene medido: Entre 2011 y 2012, el aumento de menores judicializados en todo el país llegó al 12% en comparación con los años anteriores; en Cali, ese aumento fue del 50%. En todo el país, Cali es la ciudad con mayor número de menores tras la rejas, superando incluso a Bogotá, que tiene cinco veces más habitantes. Porque en Cali pasan cosas como las que aparecen convertidas en números entre las estadísticas de la Policía: este año, un niño de 8 años fue capturado por robar una casa; uno de 10, por transportar un arma de fuego; dos de 12, por robar un almacén; tres de 13, por participar en secuestros; veintisiete de 14, por robos callejeros; cuarenta y dos de 15, por tráfico drogas; y ocho de 17, por haber matado a alguien.Camilo Rodríguez, director nacional de Protección del Icbf, dice que justamente allí hay un dato que pone la situación de la ciudad en una perspectiva distinta: mientras que en el resto del país el primer motivo de reclusión es el tráfico y consumo de estupefacientes, en Cali lo es, de lejos, el hurto. Y aquello, dice, lo que indica es un perfil del delito más complejo. “Además, aquí también hay una reincidencia más alta. Y problemas de salud mental y consumo de alucinógenos más marcados que en otras partes. Aquí los esquemas de los pedagogos son insuficientes. Esos pelados están con síndrome de abstinencia. Aquí, esto es también un problema de salud pública”. Por eso Rodríguez cree que una de las primeras cosas que deben hacerse en Cali es implementar un verdadero programa de prevención para rebajar los índices delincuenciales. De lo contrario, dice él, Cali no se salvará. Pero en la situación que afronta la ciudad, la prevención es un asunto mucho más complejo de lo que suena. No solo por la guerra entre bandas que en las calles se disputan el control del microtráfico y se surten de menores para engordar sus ejércitos del crimen, sino por los efectos colaterales de esa disputa: de acuerdo con la Personería Municipal, el pasado año lectivo 1.673 chicos matriculados en colegios oficiales dejaron de estudiar por razones asociadas a la violencia urbana. ¿Cuántos de esos chicos acorralados, sin opciones, sin estudio, que se sienten marginados, terminarán un día delinquiendo? ¿Qué hacer entonces para empezar a conjurar la situación de los menores infractores?El alcalde Rodrigo Guerrero cree que en medio de todo podría existir una solución. Al menos un comienzo. Además de un cambio integral, que incluya el cambio de legislación, “hay que analizar la naturaleza de los crímenes. Yo no creo que un muchacho que cometa un homicidio en una riña sea igual a uno que estuvo tres meses siguiendo a una persona para matarla. Deben revisarse las penas, no todos deben estar encerrados: por ejemplo a uno que cogen con marihuana la segunda vez,  lo encierran con uno que tiene 20 homicidios. Lo único que hace la legislación actual es volverlos más criminales”.El Alcalde piensa entonces en generar oportunidades en medio del encierro. Él cree que sería posible convertir los centros de formación en talleres del Sena para que los muchachos aprendan algo que de verdad les sirva: “Cambiaría la concepción, no el sitio de reclusión. Establecería granjas agrícolas para que aprendan a cultivar y que parte del producido sea para el sustento de ellos y sus familias, por ejemplo”.El defensor regional del Pueblo, Carlos Hernán Rodríguez, también habla de oportunidades por encima de los castigos. Coincide en que ahí está el inicio del cambio de vida para los chicos. Sin embargo, cree que también es necesaria la consecución de un centro de formación que ofrezca verdaderas garantías, no solo de seguridad, sino de resocialización.Para eso, sin embargo, aun falta tiempo. Aunque el Icbf entregó un lote en Buga donde está planeada la construcción de un reclusorio que albergaría 500 menores y la Gobernación tiene aforados 8.000 millones de pesos para la obra, el Gobierno Nacional aun no ha comprometido recursos. Y con los 8.000 millones del Departamento, es poco lo que puede hacerse. Eso tampoco es una exageración: en los últimos cinco años el Icbf invirtió 12.000 millones de pesos en la adecuación y arreglo de los centros de formación para menores en Cali; en tiempo hubo tantas fugas, que para devolver al mismo tiempo a todos los chicos evadidos sería necesario contratar diez buses tipo Pullman.Aunque John Arly Murillo, el director regional del Icbf, dice que la prioridad es la inversión estatal y el apoyo de la Policía para evitar más fugas, en algunas calles de esta ciudad ya se habla de los próximos escapes. Además de ‘Carne’, el menor que instaló la bomba lapa en el carro del exministro Londoño y que paga condena en el Buen Pastor, decenas de chicos recluidos en Cali trabajan para bandas criminales asentadas en la ciudad. Un investigador de la Personería Municipal que pide la omisión de su nombre da un dato para dimensionarlo: la semana pasada, en una requisa realizada en El Buen Pastor, fueron encontrados diez teléfonos celulares en la celda de un menor. Con los aparatos se comunicaba con sus patrones y coordinaba ‘vueltas’ que, al salir, serían ejecutadas por algunos chicos recomendados por él. Un exguerrillero que ahora trabaja en la defensa de los derechos humanos pero que conserva contactos a los que poco les importa la vida ajena, dice que casos como esos nos solo se están volviendo comunes adentro de Valle del Lili y El Buen Pastor, sino que sobre las últimas fugas hay dos versiones relacionadas con la influencia de las bandas criminales sobre los menores allí encerrados. La primera, tiene que ver con ‘Papagayo’, sucesor de ‘Chicho’, antiguo jefe de Los Rastrojos en Cali. ‘Papagayo’ habría promovido el escape de varios menores tentándolos con dinero. Al parecer, en la guerra que tiene cazada con Los Urabeños por el control de varios expendios de vicio en Cali, algunos de esos muchachos que se volaron componen el brazo armado que cuida algunas de las ‘ollas’ que ya le pertenecen. La otra versión tiene que ver con un asunto de supervivencia: varios de los 66 chicos que escaparon en las últimas semanas, estaban sentenciados por pertenecer a uno u otro bando. La sentencia incluía que murieran dentro de su sitio de reclusión. Lo que se desconoce es cuántos estaban destinados a morir. El número, tal vez, podría contarse con un ábaco. Tal vez.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad