Indígenas del Cauca atacan a empresario para obligarlo a vender su finca

Septiembre 19, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Unidad Investigativa de El País

Un agricultor del Cauca, cansado de las amenazas y agresiones de los indígenas que decidieron adueñarse de su finca, cuenta su drama. Líder indígena admite amenazas e insiste en que se apoderarán de los predios.

Si la cita que el 7 de octubre del 2014 le pusieron los indígenas al ingeniero agrónomo Álvaro José Saa en el cafetal de su propia finca le pareció extraña, la razón por la que lo habían llamado era inverosímil.

Esa tarde el líder indígena Julio César Tumbo instó a Saa, propietario de la finca García Arriba ubicada en el municipio de Corinto, a que fuera al Incoder y pusiera en venta su finca para no tener que invadirla por la fuerza.

“Lo que usted tiene que hacer es ofertar la tierra; usted  decida cuánto vale porque eso  no lo compramos nosotros sino que presionamos para que la compre el Gobierno. Luego esperamos a que el Gobierno nos la entregue”, sentenció el líder indígena, quien le explicó al propietario que si  colaboraba, “nosotros hacemos el simulacro de que nos tomamos la finca, pero no le hacemos ningún daño”.

Confiado en que algo así no podría ocurrir en un Estado de derecho y que su finca no estaba en venta, el ingeniero Saa no dio  crédito a la extraña reunión e ignoró el tema.

No pensó jamás que podría vivir un drama como el que  padece desde el pasado 25 de diciembre, cuando lo llamó el mayordomo para avisarle que en un sector de la finca hallaron varios campamentos con cerca de un centenar de indígenas.

“Yo me imaginé que eso se solucionaba en dos semanas porque me parecía absurdo y no podría entender  que estuvieran en mi finca y que la justicia ni la Fuerza Pública no hicieran algo para desalojarlos”, señala Saa.

Nueve meses han pasado y pese a que se han ordenado dos desalojos con Fuerza Pública, los indígenas vuelven al siguiente día y hoy no solo permanecen en la finca, sino que ya tienen cultivos de maíz, plátano y fríjol.

Según el alcalde de Corinto, Óscar Quintero, los indígenas llegaron apoyados por  la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, Acin, “y se tomaron la finca de García Arriba  y la hacienda Miraflores liderados por Feliciano Valencia, un delincuente que  en este momento está preso”.

“Cuando ordenamos el primer desalojo para restituir el bien, los indígenas se tomaron el puente de Corinto, desviaron el río, desbarataron el  puente, saquearon viviendas, a mí me iban a hacer un atentado  y luego intentaron incendiar una cancha de fútbol sintética que es de mi hija”, dice el Alcalde, a quien también le quemaron una caña en retaliación.

[[nid:465309;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/09/predios-disputa-cauca.jpg;full;{En la imagen se puede ver la cantidad de caña que los indígenas han destruido en la finca García Arriba, en Corinto, y que entre sus restos empiezan a florecer los cultivos de plátano, fríjol y maíz.}]]

Con el paso del tiempo, y sin una alternativa a la vista, los daños sobre el predio son cada vez mayores; sobre todo desde julio pasado, cuando los indígenas le cortaron los suministros de agua.

“A mí me siguen haciendo daños, me han quemado más de 20 hectáreas de caña, me tienen prohibido trabajar, me amenazan con que no puedo volver a la finca,  con quemar la maquinaria, amedrentan a mis trabajadores y les ofrecen que se vayan con ellos  y que les dan parte de la tierra que me han ocupado”, indicó el ingeniero.

El pasado 10 de agosto Álvaro Saa fue abordado de nuevo por Julio Tumbo, quien le hace un ultimátum que fue grabado en video cuando el propietario de la finca García Arriba le notificó que su predio no está en venta y que el Gobierno decidió que deben desalojar.

“No nos interesa que el Gobierno tome una decisión porque la decisión ya la tomamos nosotros. Y el agua se la suspenderemos las veces que sea necesario, pero aquí nos quedamos y como usted dice que no quiere nada con nosotros, entonces hacemos las acciones de hecho”, señala el indígena.

“A nosotros nos interesan estas tierras. Nos interesan siete fincas y por las buenas o por las malas nos vamos a quedar con ellas. García Arriba, Granadita, Caucanita, Miraflores y las demás. Esta es una guerra declarada y a nosotros no nos da miedo; tractor que aparezca hablamos por las buenas o ya sabe lo que pasa”, amenaza Tumbo.

El pasado lunes, cuando el ingeniero encendió un tractor en medio del desespero porque se está muriendo el café y la caña que le queda, fue atacado por los indígenas a piedra y palo.

“Ellos llegaron a quemar el tractor y cuando intenté oponerme, uno me lanza una piedra en el brazo y al intentar defenderme me fui al piso y fue cuando me agarraron a garrote los demás indígenas. Si no es porque aparece el Ejército, me matan”, narra Saa.

Para su fortuna, junto a su finca permanecen apostadas tropas del Ejército y el Esmad cuidando un acueducto que los mismos indígenas han destruido en dos oportunidades y que llevará el líquido a Padilla, Villa Rica, Puerto Tejada, Guachené, y Caloto.

“Estábamos cuidando un bien público esencial cuando el comandante fue enterado de que había un hecho violento y cuando la tropa bajó pudo evidenciar que el dueño de una propiedad estaba siendo agredido por unas personas y por eso se procedió a brindarle protección sin hacer uso de la fuerza”, explicó el general Mario Valencia Valencia, comandante de la Tercera División del Ejército.

[[nid:465330;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/09/disputa-indigenas.jpg;full;{En las imágenes se puede ver la ocupación de los indígenas en la finca del ingeniero Álvaro Saa y las agresiones en su contra.Fotos: El País}]]

El País habló con Julio Tumbo, quien aseguró que sí ha habido agresión, “ha sido verbal, pero de parte de él. Hoy nosotros nos sentimos dueños de estas fincas y si alguien viene a torpedear, no nos quedaremos con los brazos cruzados; él hoy tiene solo una sola opción que es venderle al Gobierno e irse”.

“Desde 1991, con la masacre del Nilo, ordenaron reparar a las víctimas nasa con 15.600 hectáreas y entre los indígenas de la Acin y la Cric y los gobiernos de César Gaviria y de Ernesto Samper se estableció que eran esas tierras que hoy estamos ocupando y no han cumplido”, aseguró Tumbo.

Sentenció que lo ideal es que no haya muertos en esta confrontación, “pero muy seguramente, y esperamos que no sea así, alguien tendrá que perder la vida y le hemos dejado en claro al Gobierno que por cada indígena que muera en esta liberación, son cinco mil hectáreas de tierra que deben reparar al cabildo nasa del Norte del Cauca”.

Sin embargo el riesgo de una confrontación radica hoy en que los indígenas reclaman tierras que estarían proyectadas para las minorías afro y que los mismos indígenas no comparten la forma en que están actuando.

El propio hermano de Julio Tumbo, Jorge Eliécer Tumbo, es el gobernador del Cabildo Indígena de Corinto Tierra de Bendiciones, Caicotb, que rechaza el accionar violento de los otros.

Al respecto, Julio Tumbo aseguró que su hermano de sangre no hace parte de ellos: “Su piel es indígena, pero su pensamiento es mestizo”.

Tan arraigado está en Corinto el malestar contra este grupo de indígenas, que han recogido firmas para evitar la ampliación del resguardo que han proyectado ante el Incoder.

“No estamos en contra del cabildo, pero ejercemos el derecho de manifestarnos en contra de la ampliación. Es muy diciente que en solo cinco días recogimos 7000 firmas  y este miércoles en audiencia pública diremos que rechazamos que vulneren los derechos de los demás pidiendo 41.000 hectáreas de tierra, cuando el municipio lo que tiene son 31.000. Eso es anárquico porque entonces ¿dónde quedamos los demás”, dijo Juan Carlos Gutiérrez, uno de los organizadores de la firmatón.

Intento por dañar las fotos

El pasado viernes un equipo de periodistas de El País fue retenido por los indígenas que se tomaron la finca García Arriba para exigir que le entregaran la cámara y se borraran todas las fotos. 

Después de varios minutos rodeado por los indígenas,  y revisar que no había fotos en la cámara, al vehículo se le permitió que siguiera con su marcha.

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