Hombres que algún día fueron héroes de la patria y hoy están en el olvido

default: Hombres que algún día fueron héroes de la patria y hoy están en el olvido

Soldados, ex secuestrados por las Farc, reconstruyen su historia y explican su precaria situación. Proponen que se establezca una política de atención para víctimas del secuestro y evitar casos como el de William Domínguez.

Hombres que algún día fueron héroes de la patria y hoy están en el olvido

Septiembre 11, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Hombres que algún día fueron héroes de la patria y hoy están en el olvido

El 21 de junio de 2008, gracias al acuerdo humanitario pactado entre el gobierno Pastrana y las Farc, fueron liberados 242 soldados y policías que estaban en cautiverio.

Soldados, ex secuestrados por las Farc, reconstruyen su historia y explican su precaria situación. Proponen que se establezca una política de atención para víctimas del secuestro y evitar casos como el de William Domínguez.

Hacia las 4:30 de la mañana, según lo recuerda el soldado Wilton Jamir Ávila Olmos, cayó el primer cilindro bomba contra la base. Entonces, “se alborotó el avispero”. “Empezaron a tirarnos cilindros por todo lado. Vi compañeros volando por los aires debido al impacto de esos explosivos. El combate duró muchas horas, (desde las 10:00 de la noche según reportes oficiales) pero no fue sostenido. Por ejemplo: atacaban dos horas seguidas, fuego cruzado para aquí, para allá. Y había un receso de otras dos horas. Pero después nos atacaban nuevamente y cada vez con más intensidad. Así estuvimos todo el día”. Resistieron. El soldado Olmos calcula que hasta las 5:30 a.m. A esa hora ya los guerrilleros de las Farc los habían rodeado y tenían en condición de prisioneros de guerra a decenas de soldados y policías. Olmos, sin embargo, intentó fugarse de la base, la del Batallón Joaquín París del municipio de Miraflores, departamento del Guaviare. Con tres compañeros más salió en total silencio por una zona de arrastre que los conducía al cementerio del pueblo. Después, debían atravesar un rebalse. Había que nadar. El soldado Olmos no sabía. Tampoco otro de sus compañeros. Los dos soldados restantes debieron llevarlos por el agua “como niños”.Sin embargo, atrás, un grupo de guerrilleros les seguían la pista, disparando. Los soldados se escondieron tan cerca de los guerrilleros, que los oían gritar, dar órdenes. Hasta que escucharon una frase que los hizo salir del escondite clamando para que no los mataran:- ¡Traigan el lanza cilindros! Fue ahí cuando empezó el cautiverio del soldado Olmos. Todo sucedió el 3 de agosto de 1998. Ese día, 500 guerrilleros de las Farc se tomaron la base de la Policía Antinarcóticos y la del Batallón Joaquín París del Ejército, en Miraflores Guaviare. En total se llevaron en condición de prisioneros a 56 policías y 73 soldados regulares, entre ellos Olmos y el soldado Giovanny Ardila Barbosa, un muchacho que trabajaba como instalador de avisos publicitarios y que fue reclutado por el Ejército después de que el bus en el que iba para su casa fuera detenido en un retén militar, en Bogotá. A Ardila le pidieron la Libreta Militar. No tenía. 24 horas después, relata, ya viajaba para San José del Guaviare como soldado. Era 1997.Ardila y Olmos estuvieron durante tres años como secuestrados. Ardila recuerda que a veces no había agua para tomar. Entonces, cuando llovía, aprovechaba, se quitaba sus botas, recogía agua en ellas, tomaba. Cuando no se podía mover de su sitio de cautiverio para hacer sus necesidades fisiológicas, entonces, también, las hacía en las botas. Y en esos tres años sólo se veía partes del rostro con pedazos de un bombillo quebrado. Cuando se pudo ver en un espejo, ya libre, se asustó. No se reconoció. El soldado Olmos recuerda que los días más azarosos del cautiverio fueron aquellos en los que bombardeaban los campamentos. Esos bombardeos, la vida sin libertad, lo afectaron psicológicamente. Recién liberado se asustaba con el timbre de un celular, el sonido de un avión, el golpe de una puerta que se cierra con fuerza. La libertad, justamente, se dio el 28 de junio de 2001, después de que el gobierno del presidente Andrés Pastrana firmara un acuerdo humanitario con las Farc. Durante 15 días previos a ese 28 de junio, Olmos, Ardila, y el resto de los 242 liberados, se habían movilizado en lancha y a pie por las selvas del país con esa promesa de quedar libres.Ni Olmos ni Ardila creyeron. Sólo cuando vieron una carretera, el encuentro con la civilización, empezaron a pensar que era verdad. Fueron liberados en el municipio de La Macarena, departamento del Meta. Les tomaron fotos, los sacaron en radio, prensa y televisión, escucharon discursos del gobierno en el que prometían becas para estudiar, un empleo estable, una vivienda. “Nada de eso se cumplió”, dice, diez años después, el soldado Ardila. “Es absurdo lo que le voy a decir, es muy absurdo, pero a veces uno piensa si no era mejor estar allá, en la selva, que acá con los problemas que tenemos”, agrega.Ardila enseguida habla de decepciones. Recién liberado, y cuando una junta médica había dictaminado que tenía un 75% de disminución de su capacidad para trabajar, imaginaba esa casa que le prometieron, ese empleo, esa beca, esa nueva vida en la que recuperaría el tiempo perdido. Ardila sólo recibió una pensión. Cada mes, el Ejército le entrega $750.000 mil pesos. Pero no le alcanza. Y el problema es que desde que fue desvinculado de las Fuerzas Armadas, no ha podido conseguir un empleo estable por su condición psicológica. Todos los días debe tomar pastillas: Sertralina, un antidepresivo, y clozapina. “Son para mantenerme tranquilo, no sentir ansiedad, no sentirme perseguido”. Cada dos meses, además, asiste a controles psiquiátricos. Y por esos trastornos mentales, asegura, le negaron un crédito en un banco para estudiar. Ardila estudia derecho. Para poder hacerlo le pidió a un familiar que hiciera el préstamo por él. En la misma condición está el soldado Olmos: “Nos pintaron florecitas en el cielo. Y al principio sí, nos dieron tratamiento psicológico. El tratamiento médico general duró unos cinco, seis meses. Fue ahí cuando nos llegó la baja, nos desvincularon del Ejército, nos echaron. Desde entonces no hemos tenido ningún tipo de acompañamiento por parte del Estado”.La pensión del Ejército que recibe Olmos, también por 750 mil pesos, la ganó por intermedio de una tutela. Pero también por su condición psicológica (Olmos toma pastillas diarias) no ha logrado obtener un empleo estable. Entonces trabaja con un cuñado pintado casas eventualmente. Con la muerte el fin de semana pasado del soldado William Domínguez y el conocimiento público de su precaria situación social, además del suicidio en 2007 del policía Fredy Andrés López Ramírez, uno de los liberador por las Farc después de la toma a Mitú en noviembre de 1998, se ha evidenciado que los miembros de las Fuerzas Armadas que fueron secuestrados por la guerrilla no han recibido el acompañamiento ideal del Estado en su recuperación y vuelta a la sociedad.Sólo este jueves, EL País tenía programada una entrevista con el soldado Simón Ardila, otro de los que perdieron la libertad en la toma de Miraflores. El soldado no pudo hablar. “Se puso muy mal, empezó a gritar, tenemos que calmarlo”, informó su abogado, Roberto Quintero. Simón padece de trastornos mentales agudos. Y según el abogado Quintero, que ha apoyado los procesos jurídicos de algunos soldados, hay unos 20 militares más que presentan una situación similar y están desprotegidos totalmente por el Estado.“Hemos ido a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, a los tribunales, todo lo que había qué hacer ya lo hicimos. Las demandas están puestas, pero eso se demora. ¿Y mientras tanto qué pasa con los soldados que necesitan una atención urgente?”, se pregunta. Ellos, los soldados, están, por ahora, solicitándole al gobierno del Presidente Juan Manuel Santos una audiencia. “Queremos que nos escuchen, que nos atiendan para dar a conocer nuestra situación actual”, dice el soldado Ardila.También él y otros compañeros, que crearon la fundación Cadenas de Libertad, proponen que en el país se establezca una política estatal para la atención y reparación a víctimas del secuestro, “para que se sepa qué hacer en casos como estos. Porque el tratamiento que se le da a uno u otro militar que haya sido prisionero de guerra no es el mismo. Muchas veces se les da un mejor trato a los que tienen un rango alto, por ejemplo. Con esa política se establecería los mecanismos de atención ideales para todos, todos, los que han sido privados de su libertad”, agrega Ardila, que por cierto no entiende por qué desmovilizados de las Farc o las Autodefensas, gozan de mejores beneficios que ellos. Ante la propuesta, esperan que el gobierno nacional les responda. Insisten: “queremos que nos escuchen”. Secuelas de un secuestroSegún Olga Lucía Gómez, directora de la Fundación País Libre, el cautiverio origina en el secuestrado una serie de síntomas similares los que aparecen como resultado del estrés post-traumático: “el re - experimentar el evento traumático (a través de pesadillas, recuerdos repentinos del evento, sensación de revivir la experiencia); La evitación de estímulos asociados con el evento, se manifiesta a través de anestesia emocional y conductas que buscan suprimir cualquier conexión y la activación incrementada o hiperreactividad que se manifiesta a través de dificultades en conciliar el sueño, irritabilidad y explosiones de rabia, hipervigilacia y dificultades para concentrarse.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad