Hacer la guerra es una tarea militar, hacer la paz es una tarea política: ex representante del Ejército

Septiembre 12, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Diego Arias | Especial para El País.
Hacer la guerra es una tarea militar, hacer la paz es una tarea política: ex representante del Ejército

General (r) Mauricio Vargas, ex representante del Ejército.

El general (r) Mauricio Vargas, ex representante del Ejército en las negociaciones con la guerrilla de El Salvador, habló sobre el proceso de paz.

La primera vez que supe del general Mauricio Vargas fue en 1988 en medio de un combate  en el Frente de Guerra Oriental en El Salvador, cuando al mando de un batallón de fuerzas especiales  realizó un desembarco aéreo y tomó por asalto el campamento guerrillero en el que yo me encontraba.  A lo largo de tres años hasta el fin de  la guerra, le vi ascender al alto mando de las Fuerzas Armadas salvadoreñas hasta ser el representante militar en las negociaciones con la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN, que derivaron luego en el Acuerdo de Paz de Chapultepec en 1992. Formado en las mejores escuelas de contrainsurgencia de EE.UU., el general Vargas primero enfrentó a la guerrilla y luego llevó a todo el alto mando  a comprometerse con una negociación de paz que encabezó el entonces presidente Alfredo Cristiani. El 5 Seminario Internacional  Interculturalidad y Paz Territorial, esta semana en la Universidad Javeriana de Cali, hizo propicio nuestro   encuentro: el de dos excombatientes, antes adversarios,  que hoy coincidimos en tareas de construcción de paz.  ¿Qué factores en el caso salvadoreño fueron decisivos para empujar una negociación de paz y ponerle fin a la guerra?Toda negociación tiene una maduración y  se va dando en hitos y en momentos. Tiene factores  como la presencia de un liderazgo político muy fuerte en el gobierno, pero al mismo tiempo en la guerrilla del FMLN, a través de su comandancia general. También hay hitos y momentos de orden militar, de dinámicas internacionales, de lo social, factores de opinión pública...  que si usted los deja pasar no se sabe cuándo van a regresar.  ¿Es necesario para llegar a una paz negociada, haberle negado al adversario la posibilidad de una victoria estratégica por la vía militar?El objetivo de la fuerza es que el adversario acepte las condiciones políticas del otro. Si usted se sale de eso y se va en una vía militarista, como un fin en sí mismo, se va a equivocar.  Hacer la guerra es una tarea militar pero hacer la paz es una tarea política.  Nosotros no trabajamos a la par de postulados filosóficos sino a la par de la realidad. Yo creo que hubo un razonamiento sano, juicioso, con buen criterio de las partes que relativizó eso de obtener una victoria militar. Siempre existe la posibilidad de lograrla pero hay que estimar los costos que esa decisión conlleva, pues estos suelen ser siempre demasiado altos. ¿Cómo se hace para llevar al estamento militar hacia una decisión de pactar la paz?Es muy difícil porque los militares no vamos a un conflicto para terminar en una negociación con el adversario; vamos para hacer el desfile victorioso luego del triunfo, no para terminar sentados en una mesa de conversaciones. Yo tengo la cuenta exacta en días de ese proceso que nos tomó 28 meses y 3 días continuos de un ejercicio en el cual el “principio de realidad” nos fue dando un horizonte claro,   fue muy complejo, difícil y doloroso. Yo fui acusado por unos pocos recalcitrantes de ser incluso un comunista y  un traidor a la patria, pero teníamos certeza en el alto mando de que el tiempo iba a decir quienes tenían la razón. Pero también dijimos “si el poder político de esta nación determina que la vía es la militar pues nosotros cumplimos la orden, pero la responsabilidad no va a ser luego del estamento militar, que quede eso muy claro”. Afortunadamente la decisión política fue terminar la guerra.  ¿Cuáles son las mayores inquietudes que una negociación de paz debiera satisfacer en términos de tranquilidad para las Fuerzas Armadas en circunstancias de transición de la guerra a la paz?Ahí diría que más que por las fuerzas armadas lo pondría para la sociedad en su conjunto.  La paz tiene un costo y si estamos dispuestos a ganarla de verdad pues tenemos que asumirlo. En la historia de la humanidad, en el tipo de conflicto como el que resolvimos nosotros y el que pretende resolver Colombia, los parámetros de justicia y paz jamás se van a encontrar en la misma equivalencia. O se le pone un valor mayor a uno o se le pone un valor mayor a otro. Y ese diferencial entre uno y otro se llama el costo de la paz, pero ese costo de la paz es de la sociedad en su conjunto, no es de la guerrilla ni de la fuerzas armadas o el gobierno solamente.  Un posconflicto implica nuevos desafíos para  las Fuerzas Armadas ¿cree razonable que su rol  deba ser discutido en la negociación?En una mesa de negociación de paz se está resolviendo esencialmente un problema político no un problema militar. Por tanto, el tema militar y el papel de las Fuerzas Armadas dentro de una sociedad democrática deben estar fuera de una mesa de conversaciones.  El tema militar puede ser discutido por la sociedad en su conjunto, en democracia, pero no con los adversarios armados. Creo que será la sociedad colombiana  la que determinará cuál es el rol y el papel que le va a dar a las FF.AA. en el futuro. ¿Cuáles son los mayores desafíos desde el punto de vista de las políticas de seguridad que debieran tenerse presente en el posconflicto?Primero que la reinserción y la reintegración sean las más adecuadas para evitar que realmente tengamos otros conflictos de orden social o criminal. Segundo, hay que atender posibles incrementos de la delincuencia común  que tiene una multicausalidad. Adicionalmente, tenemos el narcotráfico y formas diversas del crimen organizado, todo lo cual debe ser enfrentado eficazmente. Pero lo más relevante sobre la seguridad es remover las causas directas del conflicto, las que están en su origen.  Los mecanismos y el momento del desarme en una negociación de paz  son cruciales y no esta claro para muchos las implicaciones de “ dejación de armas” y “entrega de  armas” por parte de la guerrilla…El desarme no puede disfrazarse. A las cosas hay que llamarlas por su nombre y por lo que realmente son. El desarme lo que implica además de algo crucial y práctico es que es un paso simbólico a través del cual se hace una renuncia a la utilización de las armas pero también se hace el reconocimiento a la autoridad legítimamente constituida que es el Estado. El mensaje del acuerdo de paz de El Salvador fue: “señores del FMLN hagan política sin armas; señores de las Fuerzas Armadas ustedes tienen las armas sin hacer política”. ¿Cuáles son los hechos que muestran el éxito del proceso salvadoreño?Uno tiene que ver con la coexistencia pacífica de opciones políticas distintas, la derecha, la izquierda y otros matices. Y está por supuesto el éxito notable de la antigua guerrilla del frente Farabundo Martí que hoy está en un segundo ejercicio de gobierno en la presidencia, y eso, insisto, es notable.    Usted ha reconocido abiertamente que  pertenece a una expresión política de derecha en la Asamblea Legislativa (Congreso) en El Salvador en un gobierno que en este momento es de izquierda… Para esos efectos de la política yo no tengo mano izquierda. Yo no puedo escribir ni firmar con la mano izquierda, solo con la mano derecha (risas). No tengo problema en decirlo. Yo camino con una política liberal y con una economía social de mercado; no camino con socialismos, ni camino con control social del estado, no camino con revoluciones ni con democracias revolucionarias… Eso no es conmigo, pero yo lo respeto. Yo trabajo lo mío con mis convicciones y allá ellos con las de ellos y que escoja la sociedad, porque esa es la democracia. Pero esto no nos ha impedido conversar e incluso llegar a acuerdos con la exguerrilla ahora en el poder. Es que es mejor coexistir que matarnos y hablarnos en vez de seguir ignorándonos.

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