“Gilberto patrocinó seis campañas presidenciales”: última pareja de Gilberto Rodríguez

Octubre 13, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Jorge Enrique Rojas | Editor Unidad de Crónicas
“Gilberto patrocinó seis campañas presidenciales”: última pareja de Gilberto Rodríguez

Aura Rocío Restrepo, la mujer que pasó los últimos 8 años de clandestinidad junto al excapo del cartel de Cali, Gilberto Rodríguez Orejuela.

Aura Rocío Restrepo, la mujer que pasó los últimos 8 años de clandestinidad junto a Gilberto Rodríguez Orejuela, habla por primera vez. De su vida pasada. De la que espera en el futuro. De un libro.

En la historia del ajedrez hay una jugada que se convirtió en mito. Se llama Mate Pastor y es uno de los movimientos favoritos de los asesinos seriales de ese juego que llaman deporte ciencia. La ciencia, en ese caso, es la velocidad de la muerte: en no más de cinco movimientos el rey está liquidado. En la vida de El Ajedrecista hay un mito que se convirtió en historia: se llama Aura Rocio Restrepo, tiene 46 años y es la reina que puso en jaque a Gilberto Rodríguez Orejuela, el narcotraficante que se convirtió en monarca del extinto Cartel de Cali reinando bajo el sobrenombre de El Ajedrecista.El jaque fue al corazón. No en cinco movimentos, sino en ocho años. Aura Rocío fue la mujer que vivió junto al capo su último tiempo de clandestinidad en las calles de Cali. En caletas, casas que no eran casas, escondites a la vista de todos pero invisibles para todos, ella lo esperaba cada noche. Entonces le leía, lo escuchaba, le recordaba las píldoras que debía tomar para el estrés, la hipertensión, el ácido úrico. Aura Rocío jura que lo amaba. Y ella cree que él también la amó. El jaque, en todo caso, fue para su corazón.Cuando lo conoció, El Ajedrecista estaba separado de su segunda esposa. O eso fue lo que le dijo. Era el final del año 1987 y un senador de la República los presentó en un edificio del norte de Cali donde Rodríguez tenía una de sus oficinas. Entonces ella era una chica de 20 años: rubia, alta, flaca, de piernas larguísimas y un cuerpo asesino de voluntades masculinas. Tanto como para haber sido nombrada reina del turismo del Valle. Las fotos que tiene en su Macbook White no la dejan mentir.Por esos días la reina paseaba su belleza en una motico ofreciendo seguros y títulos-valores. Con ese trabajo pagaba sus estudios de Administración de Empresas. Los fines de semana jugaba squash y raquetball en el Club Cañasgordas. Ella, dice ahora, creía en ese tiempo que su vida sería como de cuento, con un príncipe amoroso que le daría hijos bellos y mucha felicidad y sueños convertidos en realidad, cosas todas inventadas por los escritores. Porque un día el príncipe que había encontrado se fue. Y en ese momento, apareció el dragón.La tarde que lo vio por primera vez, el dragón estaba vestido con un traje italiano hecho a la medida de sus 48 años. En ese momento, Gilberto Rodríguez Orejuela era el presidente del Banco de Los Trabajadores y detrás del escritorio se comportaba así: como un ejecutivo y no como un narcotraficante. Aura Rocío había llegado hasta ahí para ofrecerle un título-valor que el capo no quiso negociar en ese momento. Cuatro meses después, cuando se volvieron a ver para lo mismo, El Ajedrecista hizo su primer movimiento. En los cuatro siguientes la mujer ya había perdido el corazón.De un momento a otro, la reina estaba viviendo con el capo. En medio de la guerra entre los carteles; en medio de bombas y muertes; en medio de las amenazas de Pablo Escobar; en medio de los asesinatos y las torturas ordenadas por los hermanos Rodríguez y su cuadrilla, ella se enamoraba de un hombre que, asegura, era muy distinto a como el resto creía. Entonces leían. Todas las noches para ayudar a que el capo conciliara el sueño, leían juntos. Y a veces también jugaban: cartas o ajedrez. Una vez ella dice haberle ganado. Le aplicó el Mate Pastor.Aura Rocío Restrepo está ahora sentada en un viejo sillón de cuero de un apartamento al sur de Cali. Tiene el pelo recién cepillado, pantalón negro, blusa Animal Print y unos zapatos con plataforma que le hacen juego con todo eso. Sobre la lamina de vidrio de un antiguo comedor, está el Macbook. Y en el Macbook, fotos de su pasado y hojas y hojas de lo que será su futuro: la reina de El Ajedrecista está escribiendo un libro sobre los ocho años que pasó a su lado. Un texto en el que cuenta, desde las alergias nasales de uno de los tipos con mayor olfato para el crimen, hasta los detalles del día de la captura. El 9 de junio de 1995, cuando Gilberto Rodríguez fue detenido en una casa del norte de Cali, fue ella quien abrió la puerta; minutos antes, había sido ella quien lo había escondido en la caleta que los policías encontraron tras seguir los rastros de un portarretratos roto. Luego de tres años y medio de cárcel acusada de encubrimiento y concierto para delinquir, luego de haber re hecho su vida, luego de haberse vuelto a enamorar, luego de haber sido mamá, luego de haberse encontrado con otro dragón que calcinó su corazón, la reina que ya no es reina habla por primera vez de lo que fue y espera que sea su vida.¿El libro que planea es una manera de exorcizar dolores, es sólo un negocio, es una manera de hacer de lo que pasó una enseñanza para las mujeres que aún sueñan con un narco?El fantasma de hacer el libro siempre ha estado. Yo tuve una separación traumática con el padre de mis hijos. Me casé con él tres años después de terminar con Gilberto y un año después de recobrar definitivamente mi libertad; duré once años a su lado. Fue una relación muy dura, con episodios de violencia donde mis hijos también fueron víctimas. Hace unos meses un periodista extranjero me dijo que le gustaría escribir ese libro, empezamos a hablar y me entusiasmé. Una de las principales motivaciones es asegurar un futuro para mis hijos y eso no se lo puedo confiar a su padre. Lo que me hace tomar la decisión es comprender que es una verdad que la gente tiene que saber, que no todo es  como lo pintan. Lo último que yo quiero es que mis hijos crezcan y vivan lo que yo viví.Usted tiene tres hijos. ¿No cree que puede ser muy duro para ellos ver la historia de su mamá, esa historia, justamente en un libro?Al principio me frenaba la imagen que ellos pudieran tener de mí. Pero el papá, en esos episodios de violencia, encañonándome mientras ellos me abrazaban, les gritó que su madre era una delincuente, una narcotraficante, expresidiaria, y eso a mis hijos los marcó. Yo les expliqué la verdad, les dije lo que había pasado. Y después de no tener secretos con ellos, los frenos de mano se acabaron. Si yo puedo, narrando mi historia, cambiar la vida de niños y adolescentes, ya tendré un motivo por el cual esto valdrá aún más la pena. El libro va más allá del dinero. ¿Cómo le explicaría a alguien que no la conoce que esté quebrada económicamente? Porque cualquier persona que sepa que usted pasó ocho años al lado de Gilberto Rodríguez Orejuela, no lo va a poder entender...La Fiscalía me quitó mis propiedades; había cómo pelear jurídicamente pero un abogado se robó un dinero y otra abogada se llevó mis cuadros. Además, cuando estaba en la cárcel, le entregué todas mis joyas a un hijo de Gilberto, se las devolví. Así que no me quedó nada. Este apartamento en cualquier momento me lo quita Estupefacientes. Y a eso hay que sumarle que mi exesposo me dejó en la calle.¿Cómo logró desligarse de Gilberto? ¿Cómo decirle no más a un hombre como ese?Gilberto siempre me dijo que si terminábamos y al día siguiente yo quería salir con alguien, era libre de hacerlo, lo iba a respetar. Cuando salí de la cárcel una vez llegó alguien que tocó mi corazón, un médico; un trabajador de Gilberto fue a visitar a esa persona y le dijo: mire, don Gilberto le manda a decir que no se preocupe, que si usted va a estar con la monita él no se va a meter; pero usted es un picaflor y si él se da cuenta que ella derrama una sola lágrima por su culpa, usted se va a tener que entender con él. El médico no volvió a aparecer. Después de eso, en todo caso, no se volvió a meter. ¿Qué era lo que tenía Rodríguez? Porque como narcotraficante fue célebre por su astucia y malicia...Lo principal era la inteligencia. Lo primero que me impactó fue su carisma, cómo manejaba las personas, las situaciones. Había estudiado hasta cuarto de primaria, pero era muy culto. Una de esa personas que tienen imán.Si es que hombre y capo pudieran separarse, ¿cómo era el hombre detrás del capo?Un hombre que se deprimía mucho: todas las noches tomaba un antidepresivo. De hecho, ahora en la cárcel de Estados Unidos, una de las presiones sicológicas es suprimirle las píldoras. Era un hombre dominado por el estrés. ¿Cómo era de puertas para adentro?Parecía un niño chiquito. No se perdía una sola novela. Si por algún motivo el VHS no grababa, eso era una tragedia. Tampoco se perdía ningún noticiero, tocaba grabárselos. El estrés lo reflejaba en mal genio y cuando uno está encerrado, pues termina desquitándose con la persona que tiene más cerca, ¿no? A mi me tocó muchas veces ser como el cojín de los boxeadores, su deshaogo. Aunque él nunca me agredió físicamente. Usted estuvo ocho años con él. Pese al riesgo, ¿nunca pensó en dejarlo?Siempre. Lo intenté muchas veces. Primero porque yo no estaba preparada, estaba bastante joven y tenía los valores familiares muy arraigados. Lo que pasa es que lo amaba intensamente. Yo trataba de alejarme y no podía. Era una mezcla del amor que le tenía y de esa necesidad que yo sabía él tenía de mí. Si yo lo dejaba y pasaban dos o tres días, la depresión le aumentaba. Yo sabía que su único consuelo en las noches era yo.Pero a pesar de eso, de usted, él mantenía la relación con su familia...Miriam (la segunda esposa) nunca fue su exseñora. De hecho yo salí y ella siguió siendo su esposa. Yo vivía con él, pero él nunca terminó su relación. Él vivía conmigo pero cuando iba a ver sus hijos el fin de semana, ella estaba y compartían. Eso era muy difícil y era otro motivo para salir corriendo. Cuando yo lo conocí él estaba separado temporalmente. Y cuando me enamoré, ya no pude dar reversa.¿En ese tiempo, el recuerdo que tiene de usted misma es el de una mujer feliz?No. Yo tenía momentos. Cuando compartíamos, cuando podíamos ir un fin de semana a una finca. Pero no, yo nunca fui feliz. ***En las noches, cuando leían juntos, la reina también se convertía en una doncella complaciente. El rey del cartel de Cali, entonces, recibía masajes, atención para sus dolencias, era escuchado. Y así, aliviado en su regazo, el dragón dejaba de resoplar. A veces, allí en la cama, ella llegó a saber secretos de la guerra entre los carteles todavía desconocidos por periódicos y noticieros. Hubo un momento, por ejemplo, en que Aura Rocío, mujer de oídos generosos, se encargó de oír los casettes con las conversaciones que le interceptaban a Pablo Escobar. E incluso se encargó de seleccionar los apartes más determinantes y editar los audios finales que llegaban al capo, limpios de conversaciones ajenas a la guerra que lo acosaba y le quitaba el sueño. La reina, de alguna manera, también fue un alfil de El Ajedrecista. ¿En medio de la guerra, cómo escogía él la gente que lo rodeaba, las caletas?Buscabamos lugares para tener listos, ya sea para tener a donde trastearnos u oficinas pequeñas para atender citas. Calles mochas, no muy transitadas. No conocía a casi nadie por fuera de las personas que vivían con nosotros: dos conductores y el secretario que iba todos los días. Si se tenía que entrevistar con un político o una persona especial, les hacía poner gafas de sol, pintadas de negro, para que al recogerla no supiera a donde iba. Nadie iba donde vivíamos, solo la gente de confianza. Por seguir a uno de ellos fue que llegaron donde nosotros.¿Cómo era la relación con los políticos? Usted lo conoció a través de un Senador de la República...Gilberto patrocinó seis o siete campañas presidenciales. Su primera participación no fue tan activa como las siguientes, pero definitivamente lo hizo. Para empezar, era muy, muy amigo, de la mayoría de los políticos; muchos eran amigos de infancia. Suena irónico, pero los principales cargos del país siempre estuvieron influenciados por ellos (los hermanos Rodríguez) y sobre todo por Gilberto.Su riqueza llegó a estar registrada en la revista Forbes. ¿Alguna vez le dijo cuánta plata tenía?Él me decía mija, llegó el momento en el que no sé cuánto tengo. En algunas ocasiones lloraba y decía que sacrificaría todo por sus hijos, verlos crecer. Era uno de sus arrepentimientos.Entiendo que era metódico con la plata, casi tacaño...Gilberto me repetía constantemente: cuide los pesos que los millones se cuidan solos. Cuando estaba pequeño fue muy pobre, andaba descalzo. El papá era pintor de iglesias y la mamá lavaba ropa. El primer par de zapatos que tuvo, por la emoción, los compró chiquitos... En él la plata tuvo el efecto contrario: era sumamente metódico y ese era mi dolor de cabeza porque cuadrar cuentas con él era medio traumático.¿Cuál es la verdad de la participación de los hermanos Rodríguez en la persecución de Pablo Escobar?Pretender que el Estado diga la verdad es una utopía. Pero los equipos, el entrenamiento de las personas, las recompensas, salieron de ellos. El Estado, los americanos, podían ofrecer recompensas, pero las más grandes las ofrecían ellos. ¿Es cierto que él había dicho que el día que muriera Pablo Escobar, justo ahí, paraba de mandar drogas a los Estados Unidos? Él siempre lo decía, le juró a Dios eso. El día que muere Pablo, se emborracharon en un momentico, fue como el descanso... Pero luego empezó: es que no puedo dejar a la gente en el aire. Él decía que la guerra costaba un millón y medio de dólares por cabeza mensual y que ese ritmo no se podía sostener de otra manera que no fuera con el narcotráfico.¿Es verdad que cuando lo capturan, él estaba negociando su entrega?El día anterior él llegó ilusionado, me dijo que a más tardar en quince días se iba a entregar. Estaba muy contento porque Pacho Herrera lo iba a acompañar; Miguel no quería y Chepe (Santacruz) le tenía pánico a la cárcel. Entonces él estaba cuadrando eso.¿Qué recuerda de la captura, de ese instante?Eran las tres de la tarde. Yo había regresado de ver a mi abuelita, que estaba en la clínica, y de pagar la declaración de renta del nombre ficticio que Gilberto utilizaba para eso. A pesar de la emoción del día anterior, ese día había amanecido tan deprimido que no se había duchado siquiera.En 1995, en un aparte de la audiencia ante el fiscal, él dijo que no podía dar el nombre de las personas que lo iniciaron en el mundo de las drogas porque su familia tenía más de cien miembros y él temía por su seguridad. ¿Ahora que usted está con este proyecto editorial, no teme la mala lectura que pueda hacer alguien de esa familia?No me interesa dañarle la vida a nadie, no me interesa ganarme enemigos. Yo no voy a dar nombres, ni a hacer señalamientos. Es una historia muy interesante que habla de la miseria en medio del esplendor que permitía el narcotráfico. Nuestra vida era un infierno. No tengo temor porque estoy apegada a la verdad, sin necesidad de dañar la vida de terceros.Usted pasó tres años y medio en la cárcel. ¿Qué pasaba por su cabeza allí? Ocho años atrás usted era, de verdad, una reina...El día de la captura y los siguientes, lo único que me preocupaba era que Gilberto se podía morir de un infarto. Él era mi vida, lo más importante. No me preocupaba lo que fuera a pasar conmigo porque sentía que lo mío se iba a resolver, no tenía culpabilidad de nada, no había cometido ningún delito.

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