Fotografía de una condena eterna en una prisión China

Septiembre 15, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Yefferson Ospina Bedoya | Reportero de El País

Una de las condenadas a cadena perpetua en China es mujer. Está en la prisión de mujeres de Beijing. Según sus familiares, la mujer trabaja durante doce horas cada día en la prisión. En Cali, su hija y su madre la esperan.

Entre las 7:00 a.m y las 7:00 p.m, con algo menos de media hora para almorzar y dos permisos para ir al baño, Andrea teje sillas de mimbre. El día, un mismo día que se repite para ella desde mayo del 2012, se desliza monótono, implacable, acosada por las guardas de la Prisión de Mujeres de Beijing. No hay otra perspectiva para ella sino el duro trabajo, el sueño perturbador de la noche con la certeza de que el día siguiente será igual, y lo será por toda su vida, desde mayo de 2012, cuando fue condenada por un Tribunal de Beijing a cadena perpetua. Sin embargo, los fines de semana Andrea estudia inglés y mandarín. Estudia para evadir el silencio y el desolado aislamiento que ha conocido en la prisión. Estudia para comunicarse con las otras, para hablar con las guardas, para que sea oída, para hablar, para no estar en silencio. Estudia, condenada a vivir en esa prisión por toda su vida, en un esfuerzo absurdo en medio de lo que parece irremediable, asiéndose a la vida, no por una esperanza, sino por una especie de deseo animal de vivir. El enero del 2012, en un bar de Cali, unos hombres le ofrecieron a Andrea un trabajo en Brasil. Ella tiene una hija con síndrome Down y para esos días estaba desempleada. Andrea aceptó la propuesta. El 30 de marzo viajó a Brasil. El 4 de abril, su madre llamó a una hermana de Andrea a Bogotá, preocupada por no saber nada de ella. Días después, la hermana de Andrea recibió una notificación de la Cancillería en la que se le informaba que su hermana había sido detenida en Pekín con 1.200 gramos de cocaína. Luego pudo hablar con Andrea, la pudo llamar desde Colombia a la cárcel en la que la retenían. Andrea le contó que luego de llegar a Brasil la amenazaron con dañar a su familia en Colombia si no llevaba la cocaína a China. El 31 de agosto pasado Andrea cumplió 28 años. Cada mes a su hermana le permiten hacer una llamada a la prisión en la que Andrea está. Habla con su hija y con su madre. Desde la prisión oye llorar a su hija, la oye llorar y hablar con sílabas torpes. Andrea le pide que no llore, que pronto estará de vuelta. A la niña le han dicho que ella está de viaje. Cuando termina de hablar con su hija, cuando ella no la escucha, Andrea llora. Pero lo hace silenciosamente, un llanto que se acumula en ella como un río pero al que apenas se le permite la línea húmeda de una lágrima. Si llora, su llamada es interrumpida por las guardas de la prisión.

Una mujer cuyo padre está preso en Shangai por ingresar 1.400 gramos de cocaína, lidera una iniciativa para la repatriación de los colombianos presos en ese país llamada 'Sí a la Repatriación de Presos colombianos en China'. La mujer ha escrito a la Cancillería, a la Presidencia, a varias Personerías, exponiendo más de 20 casos documentados que conoce, pidiendo que se realicen las gestiones necesarias para un tratado de repatriación de presos colombianos. En varias ocasiones, el director de asuntos consulares de la Cancillería, Álvaro Calderón Ponce, ha afirmado que la repatriación de los presos colombianos en China es imposible. En una carta en la que Calderón da una respuesta a las solicitudes de la mujer, se afirma: “Existen delitos tales como terrorismo político y narcotráfico; los cuales no son susceptibles de ser considerados dentro de una posible repatriación. La República Popular China, dentro de su ordenamiento jurídico no permite la repatriación de presos extranjeros que estén condenados por el delito de narcotráfico, porque ese delito es considerado como muy grave. De otra parte, en nuestro ordenamiento político no existen sentencias análogas a las contempladas en China, como la pena de muerte y cadena perpetua”. Sin embargo, la mujer continúa enviando cartas, movida acaso por ese mismo impulso que mueve a quienes desde China buscan volver a Colombia, buscan no morir, ejecutados, o en la vejez de una prisión. La senadora María Alexandra Piraquive Moreno ha asumido también la situación de los colombianos presos en China. Una carta enviada por María Alexandra al Ministerio del Interior en la que pide al Gobierno adelantar negociaciones con el Gobierno de China, fue respondida oficialmente por ese ministerio afirmando que no “era viable la negociación”, entre otras razones, “porque el sistema penitenciario presenta una sobrepoblación de internos”, de modo que no habría lugar para ellos. No obstante, María Alexandra afirma que la única razón por la cual no se ha firmado un tratado de repatriación entre el Gobierno chino y el Gobierno colombiano es por inoperancia diplomática por parte de Colombia. “Nosotros le hemos expuesto el caso a la Fiscalía General de la Nación, y el propio fiscal Eduardo Montealegre ha analizado los casos. El embajador de China en Colombia ha dicho que su Gobierno sí está dispuesto a negociar, solo falta disposición del Gobierno colombiano para hacerlo”. Según la senadora, abogada especializada en Derecho Constitucional de la Universidad Javeriana, el Gobierno chino no exige que haya una homologación de las penas en Colombia. Es decir, para China no es necesario que las penas impuestas a los colombianos en ese país sean las mismas que ellos paguen en Colombia. “Lo que le importa al Gobierno chino es que haya una sanción”, dice María Alexandra. En otra carta enviada por la senadora al exministro del Interior, Fernando Carrillo, María Alexandra le pide al Ministerio del Interior adelantar las negociaciones entre los dos países para una posible repatración, fundamentándose en “una conversación sostenida con el señor Embajador de la República Popular China, quien me ha manifestado que su Gobierno tiene toda la intención de suscribir este tipo de tratados de repatriación entre los dos estados”. La respuesta por parte del Ministerio del Interior fue un simple no, “porque ellos deben cumplir con la pena que les fue impuesta por las autoridades de China”. (Vea aquí la primera parte de este informe).

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