Formulan pliego de cargos a militares por masacre de las Farc en Buenos Aires, Cauca

Mayo 16, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpaís.com.co
Formulan pliego de cargos a militares por masacre de las Farc en Buenos Aires, Cauca

La emboscada fue realizada por la columna móvil Miller Perdomo de las Farc, en la que murieron diez militares, en Buenos Aires, Cauca.

De acuerdo con el Ministerio Público, los miembros del Ejército Nacional incurrieron en presuntos actos de indisciplina y no reaccionaron oportunamente para evitar la emboscada de las Farc.

En la mañana de este lunes, la Procuraduría General de la Nación formuló pliegos de cargos a nueve miembros del Ejército Nacional por no ejecutar acciones de táctica militar para evitar la emboscada de las Farc al municipio de Buenos Aires, Cauca, en abril 14 de 2015. 

En esta masacre perdieron la vida un suboficial y nueve soldados profesionales, también resultaron heridos un suboficial y 19 soldados más afectados por la onda expansiva. 

La Procuraduría General de la Nación formuló pliego de cargos al comandante de la Brigada Móvil 17, coronel Pedro Antonio García Vásquez;  el comandante del Batallón de Combate Terrestre 110, mayor Andrés Celemín Celis; oficial de operaciones de la Brim-17 y el teniente coronel Manuel Fernando Celis López.

De igual manera, contra los comandantes de la Compañía Coloso, cabo Rodolfo Díaz Donoso;  cabo primero Wilder Camilo Aguilar Sánchez; cabo tercero Merbyn Adrián Jaramillo Marín; cabo segundo Diego Corredor Montes; cabo Alfonso Carvajal cuadros y cabo tercero Juan de Jesús Torrado León. 

"Los hechos por lo que son objeto de investigación disciplinaria los uniformados están relacionados con una probable omisión de sus deberes de control y supervisión", informa el Ministerio Público a través de un comunicado. 

Dice la Procuraduría que hubo exceso de confianza tras la declaración de cese unilateral del fuego anunciada por las Farc, incurriendo en presuntos actos de indisciplina. Lea también: Video: el temor que ronda a Buenos Aires, Cauca, después de la masacre de 11 soldados.

Entre estos actos de indisciplina están "desobedecer órdenes superiores, pernoctar por más de 24 horas en el mismo lugar y luego de ser vistos por la población civil, no implementaron medidas de seguridad, frecuentar tiendas, cantinas, ventas de comida y algunos ingirieron bebidas alcohólicas y participaron de juegos de billar, de azar y hasta establecieron relaciones sentimentales con mujeres de la comunidad", se cita en la misiva. 

No obstante, la Procuraduría General de la Nación reconoce que los principales autores intelectuales y materiales de las muertes, lesiones personales, daños y de las pérdidas de armamento, fueron las Farc. 

Por este caso, la actuación disciplinaria en contra del brigadier general Wilson Danilo Cabra Correa, comandante de la Fuerza de Tarea Apolo, fue archivada.

En la cancha de fútbol en que ocurrió el ataque se podían ver los cráteres que dejaron los explosivos y las vainillas de las balas disparadas. En una esquina, solo en una esquina, podían contarse 69 de esos restos de proyectiles.  

Sobre el pavimento de la cancha también podían verse jirones de los uniformes de los soldados, tubos de pasta dental, bolsas de arroz, de sal, tomates, cebollas, cepillos de dientes, pequeñas ollas en las que los militares hacían el café o el chocolate, un par de medias, gorras, espejos rotos. 

 Se trataba de una acumulación de destrucciones: las sillas plegables en que descansaban, ahora rotas; las carpas en que habían dormido, ahora inservibles; las botas que habían usado, ahora sin su dueño.    

En el centro del lugar, sobre una mancha de sangre, yacía un pequeño fragmento de tela con el apellido Prado. Una mujer que lo vio dijo: “pobrecito, ahí debió haber muerto”.

Un grupo de soldados recogió los últimos destrozos de la noche y encendió una fogata para quemar los uniformes rotos, manchados de sangre, algunos alimentos, los maletines maltrechos. Uno de ellos, con la mano en la boca, observó por un momento el fuego. Era evidente su esfuerzo por ahogar el llanto. 

El ataque fue perpetrado en completa oscuridad. Los guerrilleros dañaron una de las líneas principales del alumbrado público para facilitarse el acceso hasta el lugar donde estaban los militares. 

Toda la vereda, la angosta calle rodeada de casas y coronada por una pequeña iglesia, los cerca de 900 adultos y más de 150 niños que la habitan, quedó sin energía eléctrica.

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