Estudiantes de Cali visitan cárcel Villahermosa como terapia de choque contra el delito

Marzo 09, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Paola Ramírez, especial para El País.
Estudiantes de Cali visitan cárcel Villahermosa como terapia de choque contra el delito

Los estudiantes caminaron por el corredor de la muerte apenas a unos pasos de las celdas donde los internos gritaban para asustarlos.

35 jóvenes hacen parte del programa ‘Delinquir no Paga’, que realiza el Inpec en la cárcel de Cali. Es un modelo replicado de Terapia de Shock, una serie estadounidense que visita correccionales y luego lleva a los menores a una prisión para adultos con el fin de mostrarles cómo es un día en ese lugar.

Con los ojos vendados, 35 estudiantes caminan en medio de uno de los pasillos de Villahermosa, la cárcel. La angustia se nota, sus caras develan miedo. Cada muchacho se aferra al compañero de adelante con fuerza como si creyera que se va a quedar adentro. Caminan con cuidado de no caerse, pero es difícil, los pisos están desnivelados. El aire es escaso, el olor es fuerte: huele a humedad, orina, comida, tierra, moho, sudor, sangre. -No se arrimen a las rejas, muévanse, rápido y no se suelten, vocifera uno de los monitores. Tropezones, empujones, voces pidiendo ayuda, se escuchan por esos corredores. Los internos tras las rejas se asoman para gritar con fuerza, sus voces se confunden entre tantos, no se entiende qué dicen, pero lo hacen duro y sus alaridos los alarman. Abuchean a los muchachos que, a este punto, ya están asustados. Se escuchan también los estruendos causados por los guardias que golpean con sus pesadas botas los carros de hierro donde transportan alimentos. Jalones de cabello, brazos y pies sobresaltan aún mas a los visitantes. Los internos asumen el papel de villanos durante este proceso, hay varios alrededor de la larga fila, son quienes coordinan cuándo se les grita a los muchachos, a quién le jalan un brazo o su ropa, a quién asustan. Les transmiten temor, necesitan lograr que reflexionen, que nunca quieran entrar a un lugar como éste. Los 35 jóvenes hacen parte del programa ‘Delinquir no Paga’, que está realizando el Inpec en la Cárcel Villahermosa de Cali, es un modelo replicado del canal A&E, que transmite Terapia de Shock, una serie estadounidense que visita correccionales, lleva a los menores a una prisión para adultos y les muestra un día en una cárcel. Una hora antes de entrar al penal, los estudiantes del Liceo Comercial la Milagrosa del Diamante, zona del Distrito de Aguablanca, esperaban a las puertas de Villahermosa en Cali. No sabían a qué iban realmente, algunos solo tenían una idea. Todos estaban tranquilos. Cuando se abrió la gran puerta azul, un guardia empezó a llamar a lista para que entraran uno a uno. A los chicos los reseñaron mientras a las niñas solo las requisaron. Sin embargo, ellas también tuvieron que pasar por la inspección del perro antinarcóticos. Los sentaron en sillas rimax, mientras el guardia pasaba el animal para que los olfateara. Continuaron su paso por un detector de metales. En ese momento todavía estaban tranquilos, incluso uno muy seguro dejó salir entre los tantos un chiste: “y los que tienen braquets por dónde pasan”. Una advertencia empezó a poner la tensión. “Aquí el diablo se viste de azul”, dijo alguien; con un golpe en la puerta cerró su aviso. Era el guardia que se sumaba al proceso como otro villano. Fueron requisados nuevamente y recibidos por otra puerta, azul también. Había un candado y un pestillo, mohosos y corroídos. Esa es la puerta que separa la libertad del encierro.De frente al edificio por el cual se ingresa a los patios, la frase escrita en el muro que encierra a 5.700 internos: “Aquí entra el hombre y no el delito”. La antesala, es La Jaula, así es como le llaman los reos a una celda ubicada en ese primer patio que se debe atravesar para llegar a los demás y que recibe a todos los internos que llegan por primera vez. Alberga a varios por una o dos semanas. Pueden ser dos, diez o más, no importa cuántos lleguen, todos pasan sus primeros días en La Jaula. “Vamos a hacer unas filas y a ir con los ojos vendados. De pronto hoy van a hacer el recorrido mas largo de sus vidas. Unas personas estarán en el central que es a donde van a pasar ahora para que no halla peligro. Ustedes tranquilos, van a ir con toda confianza formando grupos de cinco. Las mujeres van a ubicarse contra la pared y los hombres lo mismo. Les vamos a entregar los tapa ojos y estén tranquilos”, advirtió Esteban, el líder de la actividad e interno de la cárcel. Empieza el recorrido con el llamado ‘Corredor de la muerte’.Para María Elena Arias, sicóloga y docente del colegio visitante, esta terapia de choque: “es de impacto positivo, les permite de alguna manera reflexionar sobre el rumbo de sus vidas”.Los reos hablanLos estudiantes entran a un salón, se sientan aún con los ojos vendados. Se escucha un estruendo. Los sonidos de las sirenas ensordecen. Un avance de última hora anuncia que un accidente ha dejado una madre de familia muerta y a sus dos hijos heridos. Un grupo de jóvenes en estado de alicoramiento chocó contra el vehículo de la familia. En el carro encontraron armas y droga. Los adolescentes serán juzgados por conducir ebrios, porte ilegal de armas, tráfico de estupefacientes y tentativa de homicidio. La escena que hicieron los monitores conmocionó a muchos. Para este momento varios están llorando. Continúa el ejercicio, todos prestan atención a uno de los testimonios que cuenta un interno. “Un día salí de mi casa a comprar lo del almuerzo, como me encontré con un socio y nos fuimos a fumar bareta, luego se nos acabó. Estando en la casa del ‘jíbaro’ para comprar más, hubo una balacera en la que murió una persona. Me achacaron ese muerto. Tengo 18 años y ya me leyeron. Me dieron 40 años”. El muchacho llora y otro compañero le palmea la espalda, trata de calmarlo. Los visitantes, escuchan con atención.-Vea escuche, usted- le dice uno de los estudiantes a otro de sus compañeros. (Momentos después reconocen que el joven anda con “malas compañías”).-Sí ya aprendí la lección- responde el aludido.Otro reo también cuenta su historia. “Tenía 19 años y vivía en un barrio caliente. Siempre andaba armado, un día salí con un amigo, estábamos drogados y empezamos a pelear, él me pegó. A mi me dio mucha rabia, como tenía el arma, entonces le disparé”.“Yo estoy arrepentido. Maté a mi amigo, pero de que me sirve arrepentirme, eso ya está hecho y yo lo estoy pagando”, cuenta el joven.Un día de cárcelWílliam, otro interno, les habla de la cárcel, Villahermosa “que de villa y de hermosa no tiene nada”, dice el guía. Les cuenta a los muchachos que por patio hay dos baños para 80 y 90 personas, que tienen problemas de hacinamiento, que los levantan de madrugada y deben hacer una fila de 700 para recibir el desayuno. Que a las 6:00 a.m. desayunan, entre 9:00 y 10:00 a.m. almuerzan y a las 2:00 p.m. llega la cena. Así que deben esperar entre 12 y 14 horas para volver a recibir alimentos. Que a la comida le dicen el loco y a la carne el burro, porque a veces de lo dura no pueden comérsela.Al que quiera tener visita conyugal le toca en el spa de la cárcel. Baños desagradables, con las puertas descolgadas, paredes rayadas con insultos y en medio de la suciedad de un baño utilizado por 90 reos, con un “campanero” que le avise si a alguien le da por entrar y escuche toda su intimidad. A eso se le suma que solo tienen 10 o 15 minutos porque la fila es larga y hay otros internos que quieren encontrarse con sus esposas o compañeras. El que tenga cómo pagar puede cancelar $10.000 por hora y gozar de una celda, el día completo cuesta $40.000.Para cualquier actividad deben contarlos y tienen que esperar uno a uno que pasen los 700, si por algún motivo, alguno falta en la contada porque se quedó dormido o estaba en el baño, empiezan de nuevo.Sellando un pactoEl proceso concluye invitando a los jóvenes a comer. En las afueras del salón, otros internos esperan a que los estudiantes pasen para servirles. Algunos los desaprueban y otros comen sin problema.El menú es pollo guisado con arroz. Uno de los internos asegura “hoy está bueno, normalmente no es así”.Los estudiantes también les han llevado comida a los reclusos. Tortillas de huevo, dedos de queso y gaseosa. Las caras de felicidad abundan. “Es que esto no se ve todos los días, nadie sabe lo que para nosotros significa comer algo de afuera”, dice efusivamente uno de los monitores.En un círculo tomados de la mano termina el proceso. Con la frase ‘Delinquir No Paga’, los estudiantes cierran un pacto en el que aseguran que volverán a la cárcel solo de visita.

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