En Terrón Colorado temen el regreso de los tiempos violentos

Noviembre 15, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Unidad de Crónicas y Reportajes

Recientes capturas hacen pensar en la posibilidad de un ajuste de cuentas. Autoridades luchan contra el microtráfico. Informe de una historia repetida.

Subiendo por la carretera que conduce al mar, al borde de una curva trazada antes de llegar al kilómetro 4, está el Ecoparque de la Vida. Extendido en 150 hectáreas descendentes en la montaña, fue hecho hace más de un año en honor de los exdiputados asesinados por las Farc. Alrededor crecen chiminangos, carboneros, árboles de pomarrosa, guayacanes. En el centro hay una plazoleta desde donde es posible alargar la vista hasta el jardín botánico, el zoológico, el río Cali, bosques insospechados desde el otro lado de la ciudad. Por las tardes, como a las 4:00, el aire limpio de la cordillera baja en ráfagas capaces de levantar faldas y elevar cometas en temporadas de sequía. A veces se ven flores revoloteando en el viento. El sitio podría servir de escenario para picnics familiares, para que los poetas escribieran versos o para que los enamorados se hicieran promesas perpetuas. Pero eso pocos lo saben. Lástima.Desde hace días se habla más de las malas noticias que suceden del otro lado de la carretera, en Terrón Colorado. Hace algunos años llegó a ser tan comentado el espiral de violencia que recorría sus calles, que el barrio, víctima de una de esas bromas urbanas de común aparición en las ciudades acosadas por la criminalidad, fue llamado “terror colorado”. En esa época —principios del 2000—, combos de al menos cinco sectores diferentes se habían cruzado en una pelea territorial que cada tanto dejaba muertos tendidos en andenes y esquinas.La disputa de entonces, cuentan habitantes históricos, fue tan dura que los mismos jefes decidieron una tregua. 11 de los homicidios contabilizados en el barrio durante el 2003, fueron consecuencia de venganzas y retaliaciones. Ese año, en toda la comuna, 47 personas terminaron asesinadas; 4 cada mes. Registros del Observatorio de la Violencia del Municipio señalan que en ese periodo la violencia creció un 62%. Un día los combos de El Realengo, Mateguadua, Puente Azul, La Estatua, La Playita (todos barrios contiguos a Terrón Colorado, en la Comuna Uno), juraron no atacarse más, cansados ya de ver caer amigos, hermanos, novias, en un choque por defender fronteras invisibles trazadas en la guerra de la droga que se libraba allá arriba. El pacto fue sellado con un grafitti famoso: “Hay un pasado que se fue para siempre, no más violentos” (ver foto) y un torneo de fútbol que ya es leyenda; porque los enemigos que se agredían al toparse en cualquier esquina empezaron a compartir canchas y uniformes y celebraciones. Y entonces los juegos, en contravía de predicciones fatalistas que auguraban guerras campales en la cancha, terminaron zanjando rivalidades eternas. Pero los partidos, ya se sabe, no son eternos. Lástima.Porque aunque muchos lo nieguen, aunque las autoridades insistan en que la situación de orden público está controlada, aunque muchos habitantes de la zona digan que se trata de una estigmatización, los actuales no son propiamente tiempos de paz. A pesar de que ya no exista una guerra entre combos apuntando sin dirección, a pesar de que hace año y medio la muerte de Over Fredy Cardona (considerado el presunto cabecilla del mayor grupo delincuencial que operaba en la zona) haya conjurado otros conflictos, arriba aún se respira miedo. Contrario a la tranquilidad que se esperaba traerían las capturas de ‘El Pollo’, ‘El Viejo’ y ‘El Enano’, logradas por la Policía en los dos últimos meses, hay quienes temen que esas detenciones deriven en un ajuste de cuentas que no distinga inocencias. Antes de que ellos (sindicados de instalar retenes en la vía al mar para atracar vehículos, reclutar menores para surtir grupos delincuenciales y ordenar asesinatos) fueran detenidos, las autoridades contabilizaban 19 asesinatos en Terrón Colorado. En lo corrido del año ya se cuentan 31. Tres de esos homicidios ocurrieron después de las capturas.Días antes de que se escribiera este artículo, tres de las fuentes consultadas (habitantes de la zona) llamaron para pedir que su nombre no fuera mencionado: “Hay gente preguntando por los que hablaron con la prensa. Por favor no se le ocurra nombrarme”. Letras caídasAunque el alcalde Jorge Iván Ospina considera que la situación de la ladera no es una problemática exclusiva de la ciudad sino que se trata de un mal trasnacional, repetido en una y otra parte como consecuencia de la debilidad de la justicia, un oficial de Policía de la Estación de Terrón Colorado cree que en el sector sí hay particularidades especiales. De hecho, piensa que lo del ajuste de cuentas podría darse: “Esos tipos, los que capturamos, son así. El temor de la gente puede que no sea en vano”.En Terrón, dice el oficial, las dinámicas del microtráfico han generado una tensión que parece imposible de contener. Están identificadas dos líneas: la de ‘El Guajiro’ y la de ‘Patiobonito’. Y aunque no hay enfrentamientos territoriales porque están muy separadas, lo que se deriva de esos movimientos es complejo.Las líneas, ya se sabe, son esas estructuras retorcidas montadas para comercializar droga y surtir ventas callejeras utilizando cadenas humanas adiestradas para transportar y esconder alijos. En el barrio, a la fecha, hay 38 expendios identificados. De acuerdo con un detective de la Sijín, la estrategia de quienes están detrás de todo eso es cambiar de inmueble cada tanto para impedir que las autoridades recopilen las pruebas necesarias para proceder con la extinción de dominio. La táctica parece haberles funcionado: la red sigue operando pese a los 30 allanamientos realizados este año.El señor P, habitante de El Realengo, dice que en un sector, incluso, no sólo se vendería droga sino que se estaría produciendo un tipo de heroína que de ese lado de la ciudad ya es conocido como ‘Tomy’. La fuente, en algún momento cercana a uno de esos clanes de distribución, habla también de caletas. Dice que en los patios de algunas casas, junto a las plantas, en la raíz de algunos árboles, bajo las tapas de ciertas alcantarillas, hay droga empacada en condones y bolsas plásticas. “Droga que vale plata. Por eso cuando uno de los duros (jefes) cae preso o muerto, hay ajustes y peleas por saber quién se queda con qué”.Uno de esos supuestos “duros” sería ‘El Guajiro’. Pese a que en la estación de Policía de Terrón aseguran que el alias no tiene representatividad dentro de la estructura criminal del sector, investigadores que siguen de cerca la situación de la ladera creen que él sería uno de los responsables de que los alijos lleguen hasta los negocios del barrio. Siguiendo sus pistas a través de los expendios, las autoridades han hecho 40 judicializaciones relacionadas con microtráfico. En los operativos, además de droga, han sido decomisadas pistolas y 4 granadas.La otra cabeza que persiguen los 89 policías adscritos al barrio, es la de un hombre sindicado de reclutar menores para vincularlos a actividades delictivas. “Los tienta con $20.000 al día y los incita a cometer delitos”, cuenta una fuente policial. En el barrio, en voz baja, se habla del resurgimiento de ‘Los Teteros’, una banda conformada por chicos de menos de 15 años de edad, que hace unos años fue célebre por haberse convertido en una célula de carteristas infalible. “Cuando le caían a alguien, era como ver pirañas sobre un pedazo de carne”, recuerda la señora T, una abuela asustada que jura ya nunca salir de su casa después de las 6:00 de la tarde.A solo unas calles de ahí, al fondo de una vía estrecha, está la casa donde años atrás fue estampada la leyenda esperanzadora que hablaba de un pasado extinto. El grafitti, nadie lleva la cuenta, hace tiempo fue borrado de la pared. Lástima.De los capturados’El Pollo’ y ‘El Viejo’ montaban retenes en la vía al mar disfrazados de policías. Así inmovilizaban los vehículos, que luego conducían a zona montañosa desde donde pedían rescate por los carros y sus ocupantes. Tres integrantes de la banda aún son buscados.’El Enano’, quien fue seguido durante seis meses por las autoridades, es sindicado de utilizar menores para cometer robos en propiedades del Oeste. Identificado como Andrés Ortega, ha sido inculpado también de homicidio agravado. Está vinculado en cerca de ocho homicidios.

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