“En Cali hay una crisis de respeto por la autoridad”, general Castañeda

Junio 11, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Ana María Saavedra y Adolfo Ochoa | El País
“En Cali hay una crisis de respeto por la autoridad”, general Castañeda

General Fabio Alejandro Castañeda fue comandante de la Policía Metropolitana de Cali.

Fabio Castañeda, comandante de la Policía de Cali, dice que hay zonas donde se agrede a los policías cuando hacen requisas. Olla del barrio Sucre, su objetivo.

El general Fabio Castañeda, comandante de la Policía de Cali, dice que está satisfecho con la labor que viene adelantando en la ciudad y que, pese a los sacrificios que implica mejorar la seguridad urbana, se siente optimista de lograrlo. Ahora los esfuerzos de la Policía estarán concentrados en la intervención a las ollas de Cali, que fue ordenada por el presidente Juan Manuel Santos. Castañeda anunció que luego de una “exitosa” labor en El Calvario, su nuevo objetivo es el barrio Sucre. Tiene 60 días para acabar con la olla de Sucre. ¿Qué se va a hacer?Vamos a atacar las bandas que hay allí porque el problema social de El Calvario se trasladó allí. Uno ve callejones con hasta 50 personas consumiendo drogas allí. Eso queda cerca del MÍO, es en pleno centro de la ciudad.¿Las demás instituciones de la ciudad lo han apoyado en, por ejemplo, la intervención que le hizo a El Calvario desde hace dos meses?Pienso que estamos cargándole la mano a una sola institución para responder por muchas cosas. Por ejemplo en lo de la intervención en El Calvario no vi al Icbf. Hay muchos niños en El Calvario, que están rodeados de drogas, de prostitución, que son maltratados y obligados a delinquir. ¿Y dónde estaba Bienestar Familiar mientras ustedes intervenían El Calvario?Desafortunadamente no lo vimos.Entonces, ¿sí siente que al resto de las autoridades les falta compromiso para combatir la violencia y que lo dejan solo aplicando medidas de represión policial?Aquí todos debemos comprometernos y trabajar de la mano. Cali tiene una cultura de la ilegalidad muy arraigada. Es que mucha gente en Cali arregla las cosas a las malas. Si tienen un problema con alguien sacan un arma de fuego o arma blanca y comenten un delito. Incluso a veces atacan a los propios policías cuando están en un operativos. Si se llevan a alguien detenido, los vecinos salen y agreden a los uniformados, forman asonadas.¿Usted no cree que eso se debe a que no hay confianza en las autoridades?Por el contrario. Esta es una ciudad en la que la gente confía. Pero, hay zonas en las que no respetan a la Policía. Requisan a alguien y le encuentran un arma de fuego ilegal o le encuentran drogas y la gente se enoja. En barrios como El Vallado hay que hacer allanamientos con miembros del Esmad. Eso no es pérdida de imagen de la Policía sino falta de respeto. En Cali hay una crisis de respeto por la autoridad, una cultura de falta de respeto. Los menores son criados en hogares disfuncionales. Niños que crecen golpeados, sin uno de los padres. Hay una cultura de la ilegalidad enquistada en varios sitios de la ciudad. Se quiere el dinero fácil. Cambiando de tema, Terrón Colorado fue, según el Observatorio Social de la Alcaldía, fue el sector más violento en los primeros meses de este año. ¿qué está pasando allá?Allá está muy enquistado el tema de las oficinas de sicarios que le servían a alias Martín Bala. Pero las capturas que se han hecho, incluida la de ‘Martín Bala’, han dado resultados.En el caso de ‘Martín Bala’ hay algo paradójico. ¿Cómo es posible que una persona que tenía un prontuario tan largo no tuviera un proceso de narcotráfico o por homicidio. Solo tiene procesos por porte ilegal de armas y por identificarse con una cédula falsa.Ese individuo se había encargado de volverse en un mito. Tenía varias identidades falsas. Nunca se vinculaba directamente en los delitos, solo los ordenaba.¿No falló la inteligencia de la Policía en el caso de ‘Martín Bala’?A ‘Martín Bala’ lo reseñamos cuando fue capturado hace ya varios años y se le quitó un fusil. Lo que pasa es que se presentaron unas situaciones con él que prefiero no hablar de ellas. Pero, nosotros lo hemos estado buscando. ¿Esa captura de ‘Martín Bala’ pudo haber influido en el aumento de los homicidios en Terrón y el resto de la ciudad?Ese podría ser un motivo. No se descarta que el reacomodamiento de las estructuras delincuenciales de la zona haya generado violencia. Pero, en Terrón Colorado hay un problema de ilegalidad. Hace unos días yo estaba allá cuando se capturó a un menor de 15 años. Cuando yo hablé con él lo vi muy enojado, le pregunté por qué y me respondió que era porque “le habían dañado la vuelta”. El muchacho estaba enojado porque lo detuvieron y no alcanzó a asesinar a alguien. Entonces me pidió que lo dejara ir a matar a su víctima, para poder cobrar el dinero que le habían prometido y dárselo a la mamá. Me dijo que después de eso él se entregaba de nuevo y que pagaba la pena que se le impusieran. Eso lo que demuestra es el poco temor que tienen los menores de edad a ir a un centro de rehabilitación...Claro porque los centros están concebidos como colegios. No son cárceles. Se ha insistido en que esos sitios deberían tener medidas de seguridad iguales a las de centros carcelarios porque los que están adentro, aunque son más víctimas que victimarios, no son angelitos. Hay que poner corriente a los muros para que los menores dejen de saltar por encima y se escapen. ¿Por qué eso no se ha hecho?Porque falta plata y voluntad. Y eso es responsabilidad de Bienestar Familiar. El sistema de responsabilidad penal para adolescentes establece que hay que tener un centro de formación que permita resocialización y adentro hay gente al margen de la ley, que se quiere volar. Adentro solo hay formadores. A esos sitios les falta más infraestructura. Necesita más medidas de seguridad. Hablando de la violencia en la ciudad, desde hace un tiempo se han implementado estrategias para reducir los homicidios: hay toque de queda en seis comunas, restricción al porte de armas, pero los números de muertes parecen no bajar. Incluso, en una de esas comunas hubo un desplazamiento interno por una banda que tiene azotada a la comunidad...En esa zona de Comuneros tenemos ya un refuerzo por unas quejas que se presentaron. Allá enviamos escuadrón de carabineros y personal de Unipol. Nosotros vamos detrás de doce estructuras delincuenciales. Una de ellas que se hacen llamar los Buenaventureños, liderada por alias Danilo que está en una disputa territorial con alias Milord. Pero, allí estamos con el grupo de inteligencia y Fiscalía.En Cali las bandas parecen monstruos de mil cabezas. Cada que se acaba una otra la reemplaza ¿cómo contrarrestar eso?No podemos desfallecer. Hay que atacar cada vez que surge una banda criminal. Cada semana en los consejos de seguridad que se hacen, juntos a todas las instituciones de Cali, evaluamos eso. Nosotros le declaramos la guerra a los ilegales, vengan de donde vengan. No podemos cansarnos de pelear.Cuando usted llegó a Cali venía muy optimista y tenía mucho ímpetu. ¿cómo se siente ahora?Sigo siendo optimista. Cuando decidí quedarme lo hice porque es un reto y porque sentí el respaldo de la comunidad. En muy poco tiempo logramos ganarnos el cariño de la gente. El problema de Cali no se soluciona con más policías, se soluciona con un trabajo articulado entre todos. Hoy seguimos pidiendo fiscales para la ciudad. Pedimos 40, nos ofrecieron 25 y nada que llegan. ¿Cuántos defensores de familia han llegado? Ninguno. Nosotros cumplimos con los nuestro, pasamos de hacer 30 capturas diarias a 60. Pero, necesitamos fiscales para judicializar. ¿Por qué no se fue?Ante tanto cariño de la gente era egoísta de mi parte irme. Yo soy un policía con 31 años en la institución y mi familia me extrañaba y eso me motivaba a irme. Pero, la comunidad pidió que me quedara, hablé con el Ministro de Defensa. No era la hora.Pero, al echar para atrás su renuncia, ¿no siente que perdió credibilidad ?No, al revés. Siento que ganamos todos porque se sensibilizó a gente que era indiferente. ¿Valió la pena quedarse entonces?A pesar de los sacrificios, de los dolores de cabeza, de la apnea de sueño, de la mala calidad del sueño. Con todo eso siento que valió la pena quedarme.

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