“En Buenaventura usan métodos sanguinarios hasta para robar”

“En Buenaventura usan métodos sanguinarios hasta para robar”

Marzo 09, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Por primera vez, las autoridades lograron encontrar las casas de ‘pique’. Gobierno inició intervención para tratar de frenar la violencia.

Los gritos de Marisol, dicen, se escucharon por toda la Calle Piedras Cantan, en el barrio Viento Libre. Sus habitantes, acostumbrados a oír y callar, esta vez no aguantaron el horror y alguien llamó al Gaula de la Armada. El viernes, 28 de febrero, Marisol Medina, su esposo Ómar Alexánder Angulo Valois y Jhon Edwar Cuero habían desaparecido, tras llegar en su lancha a Viento Libre.Traían la carga que Marisol le había comprado a los pescadores de La Bocana, donde vivían. Ese día habían pescado una raya. Ella, quien creció en el barrio La Playita, cerca a la plaza de mercado, tuvo varias lanchas para pescar con trasmallo y ahora se dedicaba a comprar y vender pescado. Su esposo Ómar tenía una lancha de turismo y la había traído para que ella no tuviera que pagar el transporte desde La Bocana.Un investigador de la Fiscalía explica que para descargar el pescado, Marisol debía pagarle una vacuna a la banda que delinque allí: Los Chiquillos. Ella, al parecer, se negó. Entonces, los retuvieron y los llevaron a uno de esos lugares que en los últimos días han sido nombrados insistentemente por los medios de comunicación: las casas de ‘pique’, pero que para los porteños de barrios como Lleras, Nayita, Muro Yusti, Viento Libre son una realidad que conocen desde hace años.“Se oyen gritos desgarradores de gente pidiendo clemencia, luego el silencio, hasta ponen música a todo volumen, no se sabe si es por diversión o para acallar los gritos”, relata un vecino del sector de Piedras Cantan, que abandonó su barrio.Marisol ese día gritó. Dicen que eran lamentos desgarradores. Entonces, la llamada de un morador de Viento Libre alertó a la Armada que llegó hasta una vivienda de la Calle Piedras Cantan. Allí los militares hallaron sangre y los documentos de Marisol, Ómar y Jhon Edwar. El cuerpo de Marisol fue descubierto el sábado en la bajamar. Le habían amarrado una piedra para que no flotara. El de su esposo lo hallaron un día después. Aún se esperan los resultados de las pruebas de ADN de un tronco que se presume es una parte del cuerpo de Jhon Edwar.Tras esos hallazgos, desde Cali viajó una comisión de peritos del CTI de la Fiscalía. Los investigadores descubrieron que las tres personas habían sido llevadas primero a esa casa y luego a otra cercana.Les robaron el motor de la lancha, el radio de comunicaciones y un dinero. “Les estaban cobrando ‘vacunas’ y como se negaron, los mataron. Es que la violencia en Buenaventura va más allá de las bandas que quieren controlar las zonas de bajamar por las rutas del narcotráfico. Es mucho más complejo que eso y se relaciona con esas prácticas de violencia ya aprendidas, unas actitudes sanguinarias que se meten en la cotidianidad de las personas. Se usan métodos sanguinarios hasta para robar”, explica un investigador del CTI.Buenaventura es un botín codiciado por su condición de puerto. Allí se mezclan las economías de la ilegalidad, desde el contrabando, el narcotráfico hasta las microextorsiones.Los peritos que llegaron desde Cali allanaron tres casas: una, donde se hallaron los documentos; otra que los delincuentes intentaron destruir para borrar sus huellas, y otra más en la que encontraron escondidas las tablas de madera, con sangre, de la vivienda contigua. En el segundo lugar hallaron evidencias de que allí habían sido asesinadas las tres personas. Es la primera vez que las autoridades logran encontrar las casas de ‘pique’. El año pasado habían allanado otra vivienda en el barrio Alfonso López Michelsen, en la zona continental, pero no había ninguna evidencia. Todo quedaba en los rumores de las personas.La única certeza es que en el 2013 encontraron nueve cuerpos descuartizados. Este año, solo en dos meses, según la Personería, van ocho cuerpos desmembrados. Pero la Policía habla de cinco cadáveres hallados.La violencia se ha recrudecido este año, explica la Policía, por una confrontación entre el grupo ‘La Empresa’ y un reducto de ‘Los Urabeños’. “Aquí, en diferentes barrios, existen pequeñas bandas que se dedican a la extorsión”, señala el general Ómar Rubiano, comandante de la Regional No. 4, quien desde hace varias semanas lidera una ofensiva contra estos grupos, en la que han sido capturados 51 de sus miembros. El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, visitó el viernes el Puerto. Lo hizo acompañado de la cúpula policial y militar. Llegó al mediodía, rodeado de escoltas y de una comitiva de periodistas, al barrio Muro Yusti, uno de los más afectados.Las cámaras se encendieron y Pinzón dijo que no le parece acertado decir que hay sitios específicos que llamen casas de ‘pique’. Aunque reconoce los actos de barbarie que ocurren en el Puerto.Paradójicamente, entre murmullos, alguien decía que a pocas calles de donde habló el Ministro, está una de esas casas. Señalaba un pasadizo que daba a las casas de palafitos de bajamar. Varias estaban destruidas porque sus habitantes se habían desplazado hacia San Antonio, donde están reubicando a los moradores de las zonas de bajamar. Ahí, en esa calle, el año pasado encontraron otro cuerpo desmembrado. El tronco estaba cerca al puente de Los Nayeros y la cabeza en el basuro. Vivir con miedoPolo* está parado justo en la entrada del Sanyú, a tres cuadras de la galería de Pueblo Nuevo. Dice que quisiera ir al Muro Yusti a decirle al Ministro lo que él piensa, pero como los de su barrio no pueden salir de ahí por las fronteras invisibles... “Ni a la galería de Pueblo Nuevo, podemos pasar”, dicen en el Sanyú.“Le quiero decir lo que nosotros vivimos. Esta mañana a las 7:00, estaban los militares, pero casi nunca entran. Yo quiero que se queden porque no aguantamos más esta situación. Ahora está calmado porque viene el Ministro, pero cuando se vaya todo vuelve a ser igual. Y eso que estamos cerca al centro”, dice Polo.A su lado, otro hombre insiste en que las balaceras no los dejan en paz, las relacionan con la presión que quieren ejercer para que abandonen sus casas y se pueda construir el malecón. “De aquí me sacan muerto. Aquí nací y crecí y aquí es donde trabajo ayudando a bajar el pescado o cargando hielo. Si no tengo comida, pues pesco”, insistía Polo.El Sanyú es otro de los barrios afectados por la violencia. En enero se presentaron, según la Acnur y la Personería, dos desplazamientos masivos que suman 261 personas.Buenaventura lleva más de una década con una espiral de violencia. En años, como el 2004, la tasa de homicidios llegó hasta las 200 por cada cien mil habitantes. La violencia que padecen es como la marea del Pacífico, sube y baja.

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