“El silencio creó cierta tolerancia a la violencia contra la mujer”: asesora de la ONU

Agosto 18, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Meryt Montiel Lugo | Editora Equipo Domingo

Adriana Quiñones, asesora regional de la ONU para la eliminación de la violencia contra la mujer, analiza las causas y consecuencias de esta problemática en Colombia.

[[nid:454907;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/08/adriana-quinones.jpg;full;{Adriana Quiñones, asesora regional de la ONU para la eliminación de la violencia contra la mujer. Foto: Especial para El País}]]

Dentro de los factores que influyen para que una mujer sea víctima de violencia física, sicológica  o sexual, está el hecho de que no terminen su bachillerato;  que se casen o tengan un hijo a temprana edad; que su primera experiencia sexual haya sido forzada y/ o que hayan estado inmersas en un ambiente de agresiones cuando niñas. Lea también: Impunidad, un aliado de la violencia contra la mujer en Cali

 Las secuelas del maltrato a que son sometidas no solo las  afectan  a ellas sino a sus hijos e incluso, al mismo Estado.     Así lo explica Adriana Quiñones Giraldo, asesora regional para la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas de la ONU, para América Latina y el Caribe.

Desde su oficina en Panamá, la bogotana, quien estudió ciencias políticas y cuenta con maestría en Estudios de Paz  y Resolución de Conflictos y otra en Desarrollo Internacional, habló sobre esta temática:

¿Cuáles son las causas más comunes de la violencia contra las mujeres?

Las relaciones de pareja donde hay relaciones de poder desiguales; donde no se benefician los  procesos de toma de decisiones; donde las mujeres son tomadas como propiedad de sus cónyuges, donde se entiende que tiene que haber un control en su forma de vestirse, de comportarse, cuando en realidad la relación de pareja se  trata de mucho apoyo, negociación  y donde las dos personas tengan  pleno ejercicio de sus derechos. Y hay leyes que discriminan a las mujeres, por ejemplo, en el tema de salarios: que no sean iguales para hombres y mujeres a pesar de que tengan la misma educación y experiencia.   

¿Por qué la violencia contra las mujeres puede llegar a ser un problema de salud pública?

La violencia para que sea considerada problema de salud pública tiene que ver sobre todo con la severidad, la frecuencia y el gran número de víctimas de este tipo de violencia. Este no solo ocasiona secuelas a la persona que ha vivido la violencia,  sino que tiene un impacto intergeneracional: los hijos de parejas donde ha habido violencia van a tener  muchas más posibilidades de repetir esa situación  ya sea como víctimas o como victimarios. Los costos para la sociedad son bastante altos en términos de los servicios de salud que tienen que proveerse a las afectadas y los  servicios de justicia, sociales, sicológicos. Hay una cadena  de necesidades que se genera para las víctimas, que realmente puede ser prevenible. 

El 37 %  de mujeres en Colombia manifestó en 2010 que  su pareja ejerció violencia física contra ella. Eso es más que la media internacional que es de 30 %.  ¿Por qué las cifras son altas en nuestro país?

Nosotros creemos que  en Colombia así como en muchos países en el mundo, porque este es un flagelo mundial, ha habido mucho silencio con respecto a la violencia hacia la mujer. Hasta hace poco es que se empieza a hablar públicamente sobre el tema, se ha empezado a tener leyes, a tener políticas públicas al respecto. Ese silencio creó cierta tolerancia  hacia el tema y eso es lo que queremos romper, el silencio, queremos entender mejor cuáles son las condiciones que producen la violencia y cuáles ayudan a prevenirla. 

Denos ejemplos concretos del tipo de agresiones  contra la mujer que culturalmente estamos aceptando ...

El hecho de que muchas mujeres no puedan dedicar su tiempo a trabajar, a estudiar, a tener mejores ingresos porque trabajan mucho más horas que los hombres en responsabilidades del hogar. El hecho de que en Colombia y en muchos países de América Latina hay un mayor número de mujeres que va a la universidad y se especializa, pero en el mercado laboral no acceden a los puestos directivos. El tema de participación política, el número de mujeres que participa es bastante bajo y de acuerdo con nuestras investigaciones tiene que ver con el acoso que ellas sufren por cómo se vistieron, qué hicieron,  qué dijeron, que no les permite ejercer sus derechos políticos.     

¿Y a nivel de pareja?

Como la violencia es un ciclo que empieza  a reproducirse, por ejemplo, al principio es un comentario desobligante o una humillación frente a otras personas  y poco a poco se va empezando a normalizar ese comportamiento,  empieza a escalar y se pasa de los comentarios desagradables, de  la violencia sicológica a los gritos, al control de los celulares, de la forma en que las mujeres se visten, que no puedan participar en la vida económica porque tienen que cuidar a los hijos;  a que se asuma que la mujer dentro de una pareja tiene que tener relaciones sí o sí cuando el compañero se lo pida, que no pueda negociar el uso del preservativo.

La ONU promociona nuevas masculinidades. ¿Cómo esto contribuye a la lucha contra este flagelo?

  Las nuevas masculinidades es comenzar a ver que no solo queremos trabajar con mujeres sino también con hombres; tiene que ver con la negociación no violenta de los conflictos; con la libre expresión de los sentimientos de ellos; con trabajar en equipo en el hogar, que no todas las responsabilidades domésticas recaigan sobre las mujeres, tiene que ver con el goce de la paternidad por parte de los hombres. Muchos países están promulgando leyes para aumentar los días de paternidad, que les permita a los papás realmente compartir con sus hijos. Investigaciones en Asia han demostrado que los hombres que participan más en las labores del hogar tienden a ser menos violentos. 

Según estudios de 2014 hay indicios de que los colombianos son menos tolerantes con  la violencia contra la mujer. No piensan, por ejemplo, como hace unos años, que ellas  deben obedecer siempre a sus maridos…

 Ese estudio se hizo en el contexto de un programa que atendía las violencias y es muy importante ver la diferencia que hay, sobre todo en los funcionarios públicos, de cómo conciben la violencia. Porque si un número importante de jueces piensa que “las mujeres están en una relación de violencia porque les gusta”, que eso cambie,  va a tener una aplicación directa en el momento en que ellas van a pedir ayuda.

Pero la encuesta también arrojó que persisten conductas  como que el 26 % considere que es normal no dejar salir sola a la pareja. ¿Hay otros aspectos que le preocupen?

A mí  me preocupan todo tipo de actitudes que tengan que ver con control de las mujeres y que no generen tanta alarma.  Yo diría que todos esos resultados de ese informe nos muestran que hay muchas creencias que  creíamos superadas como región y no es así. En el caso de Colombia, tener esa evidencia ha sido una contribución muy importante porque podemos ver en dónde es que tenemos que trabajar. 

¿Por qué cada día vemos más feminicidios? ¿Se están dando más o es que se están denunciando más?

No sabemos. Pero lo que sí sabemos es que lo que se denuncia es mucho menor de lo que en verdad sucede. Cuando ya las cifras son altas, eso nos está dando una indicación  importante de que tenemos un problema bastante serio. Creo que Colombia ha dado un paso muy grande con la ley de feminicidios porque nos permite empezar a identificar ese tipo de muertes basadas en violencia de género.

  En ONU Mujeres hemos sacado un protocolo para la investigación del feminicidio con el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, que le da guía a los policías, fiscales, jueces, médicos forenses para empezar a identificar  la historia de violencia que llevó a esa muerte. Idealmente lo que podremos  hacer con estas herramientas es llegar a prevenir un asesinato de una mujer por razones de violencia, porque empezamos a identificar los patrones, puede ser primero una lesión pequeña, luego una lesión grave que deja a la mujer en el hospital, eso tiene que ser parte de un protocolo de análisis de riesgos y hay que tomar  medidas necesarias para protegerla.  

Señala que la violencia contra la  mujer tiene consecuencias para ellas…

Sí, ellas tienen muchas más altas tasas de inasistencia laboral, sufren depresión, no tienen habilidad para concentrarse. Por sus traumas e inseguridades no aprovechan oportunidades de estudios nocturnos, de trabajo en otras jornadas porque están amenazadas, con miedo. 

¿Y qué secuelas deja  en los hijos? 

Van a tener muchas más probabilidades de ser una víctima de violencia o perpetrador de violencia. Por eso es que el tema de la prevención es tan urgente. Por ejemplo, para una niña que vio violencia en su infancia, relacionarse con un hombre violento en su edad adulta va a ser algo normal, porque eso es lo que ella vio durante su niñez, le va a parecer normal el control, el grito, que no la dejen salir, que no la dejen poner ciertas cosas, que no la dejen trabajar.

 La otra situación  es que en la medida en que el Estado muestre su no tolerancia, por ejemplo con estas leyes del feminicidio, con el incremento al acceso a la justicia, con servicios que tratan a las mujeres con dignidad y le suplen sus necesidades, mucho mejor. Por ejemplo, ahora se trabaja muchísimo en centros donde en un solo lugar las mujeres reciban todos los servicios. ¿Por qué muchas mujeres tienen que contar la historia que sufrieron en la Policía? ¿Después al médico forense? ¿En los servicios clínicos? Eso las retraumatiza. A nivel mundial, lo que se está haciendo es que las mujeres tengan que ir a una instancia y el gobierno se comprometa a trabajar de manera tal que no tengan que repetir y retraumatizarse contando la historia  de nuevo y reciban la atención indicada en el menor tiempo posible.

Perfil Adriana Quiñones es especialista  en planificación estratégica y es la asesora regional para la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas de la ONU, para América Latina y el Caribe.Su trabajo es en temas de género  y empoderamiento de las mujeres en las actividades de Naciones Unidas, y velar por la gestión y los resultados en las oficinas de la región. Ella es colombiana, con posgrados en resolución de conflictos y desarrollo económico en la Universidad de Notre Dame (Indiana) y Johns Hopkins (Washington DC), respectivamente.
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