El miedo no quiere dejar a Caloto

El miedo no quiere dejar a Caloto

Marzo 06, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Perla Escandón Tovar Reportera de Elpais.com.co

Habitantes de esta población insisten en quedarse a pesar de los combates constantes. “El miedo pesa más que la verdad", asegura una de sus habitantes.

“El miedo pesa más que la verdad. Aquí el que hable corre el riesgo de amanecer muerto. Yo he visto muchas cosas, pero prefiero callarlas porque nadie sabe dónde está el enemigo”. Le da temor el solo hecho de nombrar las Farc. Tiene razón. Hace once años durante una toma subversiva a Caloto, en el norte del Cauca, una bala segó la vida de su esposo y padre de sus cinco hijos. Desde entonces soporta el miedo que le hace doler los huesos. Se hace llamar Erminia porque no quiere revelar su verdadero nombre. Accede a hablar para exorcizar su drama. Para contar que tras su viudez tuvo que vender empanadas en el parque para poder sacar adelante a sus cinco hijos. Además habla porque el asesinato de Aida Lucía Victoria, la auxiliar de odontología, ocurrido el martes pasado durante una incursión del Sexto Frente de las Farc, le recuerda su triste historia. Ese martes, Victoria murió junto a un funcionario del Banco Agrario y a cuatro policías que fueron atacados por un reducto del Sexto Frente que hurtó un botín millonario de un helicóptero transportador de valores. “Lo que ella está sintiendo, lo sentí yo”, expresa Erminia tras observar el llanto de Gilma Victoria, la hermana de Aida Lucía. A ellas las une el hecho de que sus muertos son víctimas inocentes en esa guerra que libran las Fuerzas Militares y el Sexto Frente de las Farc. “La guerrilla comenzó a hostigar por el puente Calicanto. Una bala quebró la plancha del techo, mi esposo estaba recostado y el tiro le cayó en la aorta, murió en forma instantanea”, relata.En esta ocasión, la auxiliar de odontología Aida Lucía falleció en circunstancias similares. La mujer de 30 años estaba en la cocina con su hermana Gilma cuando un proyectil entró por la puerta principal y le impactó el cráneo. “Lamentablemente son los inocentes los que caen”, agrega Erminia. La zozobra es permanente en los rincones de este pueblo. En las esquinas, en las bancas. Nunca se sabe en que momento la guerrilla irrumpe entre los matorrales y aterroriza con sus armas. Esa atmósfera sombría contrasta con los bellos y acogedores parques en este municipio que constituye un corredor de movilidad de estupefacientes y armas. “Un paso obligado para sacar droga. En seis meses hemos incautado 14 toneladas de marihuana”, explica el coronel Carlos Rodríguez, comandante de la Policía Cauca. El narcotráfico es ese motor que sostiene a los cerca de 300 hombres que, comandados por alias Sargento Pascuas, se mueven en esos tres municipios. Además, desde que se inició la ofensiva militar, los guerrilleros visten de civil, disparan desde las casas y usan milicianos en motos para hacer inteligencia.Eso hace que ni el mismo Ejército distinga quién es el que les dispara. Los subversivos atacan desde los matorrales.El año pasado, la población aguantó 34 acciones de la insurgencia, de las cuales 11 fueron en la cabecera urbana. En este 2011 los ataques llegan a 6, según la Corporación Nuevo Arco Iris.Esos ataques han dejado 20 víctimas fatales en los últimos doce meses. Un comerciante se acerca a los periodistas y habla con la boca entrecerrada. Teme que el hombre que está a sus espaldas en una banca sea un miliciano. “La guerrilla está utilizando a los jóvenes, de 14 a 18 años, les ofrece $600 mil para que ellos ubiquen artefactos explosivos contra la Fuerza Pública”, expresa en voz baja. “Reclutan muchachos que fuman marihuana cerca del río, les dan ‘cripy’ o marihuana hidropónica”, añade. Cita como ejemplo a Brayan, de 16 años, quien fue contratado para que el año pasado lanzara una granada contra unos policías. Diez horas antes de la incursión del martes pasado, este joven fue retenido por las autoridades. Tenía una condena por un homicidio en Santander de Quilichao. Mientras el comerciante se aleja por la calle principal, Ermes Yatacué, un indígena de unos 35 años, camina por la plaza y accede a ser entrevistado. Su rostro refleja la preocupación de vivir entre el fuego cruzado. “Todos los días tiran bombas”, dice este indígena de López Adentro, uno de los tres resguardos Nasa en Caloto. Pero la tensión es mayor porque vive en una vía que comunica con Corinto. “Cuando el Ejército se mete por allá, los guerrilleros hostigan más”, exclama. Asevera que cuando hay combates la instrucción es llevar a los niños a las escuelas y no salir hasta que haya cesado la lluvia de balas. Esa estrategia hace parte del Plan Minga en Resistencia con la que los nativos buscan proteger a los 13.000 pobladores de los tres resguardos Nasa. “Adecuaron escuelas donde puedan estar mientras pasa la situación. A veces están hasta 20 días”, acota Carlos Alberto Pito, funcionario de la Alcaldía. Esas escuelas están dotadas de víveres, colchonetas, baños y hasta huertas.Durante el 2009, la Alcaldía despachó ayudas humanitarias para más de 300 personas que tuvieron que abandonar temporalmente sus propiedades en las veredas de El Pedregal, Venadillo y Los Chorros, en el corregimiento de Huasano (al noroccidente). Eulides González, un campesino de la vereda El Placer, a una hora del casco urbano, sostiene que por causa del invierno y de los enfrentamientos armados el año pasado llegó a pasar una semana sin poder salir de su casa. Además perdió dos hectáreas de cultivos de fríjol y café. “No pude sacar la cosecha, cada que sonaba un disparo metía a mis hijos debajo de la cama, ni me asomaba por curiosidad”. Este campesino afirma que hay días en que se levanta y encuentra un campamento militar o guerrillero al lado de su finca. “Llegan de noche, se instalan y al amanecer se van, siguen su curso”. Eulides no pregunta nada ni hace ningún comentario. La presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio Bosques del Limonar, María Eugenia Gutiérrez, expresa que de no ser por los hostigamientos, Caloto sería un paraíso agrícola y turístico, como dice un aviso que está a la entrada de la localidad. Le molesta que las noticias que muestran de su terruño en los medios de comunicación sean negativas. “Caloto es una de las siete ciudades confederadas, aquí la vida es tranquila, después de la Semana Mayor en Popayán las procesiones son hermosas”, acota.De hecho las puertas de su casa mantienen abiertas. Sus tardes transcurren en el cuidado de sus tres hijos y la venta de mecato que se ofrece sobre una mesa. Sin embargo, admite que el temor fluye por el mero sonido de las armas. “Eso atemoriza, uno no se siente seguro ni en la casa”, asevera pensando que su amiga Ayda Lucía murió en la vivienda. En cada hostigamiento ella se resguarda en una parte de la casa con sus tres hijos, mientras finaliza la balacera. “¿Irme de aquí? Nunca, tengo un árbol de limón, otro de papaya, gallinas y un lago con peces. Si no tengo plata para comprar mercado, puedo tomar las frutas. Si me voy a otra ciudad tengo que vender la casa y pagar arriendo. La vida en el pueblo nunca es igual a la de la ciudad”.La lucha contra el narcotráficoAlias Jaimito, jefe militar del Sexto Frente de las Farc y tercero en el mando, es el responsable de las acciones subversivas en Caloto. Este insurgente está bajo las órdenes de ‘Sargento Pascuas’. El principal corredor de movilidad es la vía que parte desde el corregimiento El Palo y que comunica con Toribío, explica una fuente del Comando Conjunto del Pacífico del Ejército.Los campamentos están cerca de los ríos El Palo, Santo Domingo, La Paila, y Guengue, entre Corinto y Miranda. “Esta región que les proporciona cubierta, protección y movilidad gracias a las características geográficas y topográficas de la cordillera Central, constituyéndose como el corredor de movilidad estratégico y anillo de seguridad de ‘Alfonso Cano’ y ‘Pablo Catatumbo’”, agrega la fuente.El Sexto Frente es sostenido a través de la “producción de marihuana que es intercambiada por armas y explosivos. En El Palo cuidan los laboratorios”, acota el coronel Carlos Rodríguez. Sostiene que el 80% de la droga que la Policía incauta pasa por esa jurisdicción. Un habitante sostiene que los cargamentos son transportados en mulas por los montes.En las últimas dos semanas la Brigada Móvil No. 14 del Ejército les ha asestado duros golpes. En uno de esos fueron destruidos dos invernadero de marihuana, donde había más de tres mil plantas en la vereda El Placer, corregimiento de Huasano.Pero estas operaciones han sido a sangre y fuego. “Durante horas nos damos bala. Aquí nadie puede pestañear porque pierde”, cuenta un soldado. El coronel Rodríguez señala que el hurto al helicóptero transportador de valores fue en retaliación a los decomisos de cargamentos de droga. “Están acosados porque no tienen recursos”, sostiene. Sin embargo, el investigador Ariel Ávila, de la Corporación Nuevo Arco Iris, asegura que Caloto no es tan importante para las Farc en materia económica. “Allá sus finanzas están más sustentadas en extorsiones. Para las Farc Caloto es un paso desde la parte alta de la montaña hacia el Valle del Cauca y Tolima”. Recalca que “es una zona histórica que la guerrilla no piensa ceder”.

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