El hacinamiento en la cárcel Villahermosa de Cali es hoy del 350 %

El hacinamiento en la cárcel Villahermosa de Cali es hoy del 350 %

Marzo 24, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Jorge Enrique Rojas | Reportero de El País.
El hacinamiento en la cárcel Villahermosa de Cali es hoy del 350 %

La Personería también denuncia graves fallas estructurales en la cárcel de Villahermosa.

La cárcel, hecha para 1700 internos, hoy alberga 5830. La cárcel, construida en 1958, no tiene refuerzos antisísmicos y su estructura tiene graves problemas de filtraciones de agua.

Si es que existe, el infierno debe verse así: los condenados tendidos en el suelo, uno tras otro, apiñados como cerillas en una caja de fósforos. Cuerpos tan juntos como para dudar de las pertenencias de cada quien. ¿De quién es este brazo? ¿Quién se llevó mi pie? Esta cabeza no es mía. He perdido la cabeza. Ratas, zancudos, cucarachas, chinches, hormigas, piojos, llagas. Llagas palpitando en la noche. En el infierno, al menos en este, la noche es peor que el día. Con las puertas cerradas, el calor no viene del cielo sino que sale de abajo, brotando de la montonera; sale de las paredes, donde cuelgan trapos convertidos en hamacas; de los baños convertidos en cuartos para tres, para cuatro, para seis. Dormir entonces es apenas un recuerdo. Un sueño. Sueño de desvelados. Sueño de soñadores que nunca sueñan. En medio del trance hay quienes cuentan en la oscuridad para intentar dormir: las grietas de los muros, perforados por el agua de tuberías rotas; los cables que se descuelgan del techo, como tripas salientes de un gigante enfermo. Tras los barrotes de una ventana enana está el cielo: lejos, imposible, manchado de la luz amarilla de la luna. Y en algún lugar, Cali, en silencio, dormida. Sin saber que eso que desde la calle parece una cárcel, es un infierno. Si existe, seguro fue cosa del diablo que un día lo llamaran Villahermosa. ***Esta semana la Personería Municipal sugirió en tono de alarma la necesidad de declarar la crisis humanitaria en la prisión. A las razones de siempre se suma una más: Villahermosa está en riesgo de colapsar. La cárcel, hecha para 1700 internos, hoy alberga 5830. La cárcel, construida en 1958, no tiene refuerzos antisísmicos y de acuerdo con una inspección realizada por el arquitecto de la Universidad del Valle Hernán Lara, su estructura tiene graves problemas de filtraciones de agua y en muchas zonas el acero de sus vigas, losas de entrepiso y columnas, está expuesto y oxidado. Según un informe elaborado por la Personería, el riesgo es tan alto que desde hace un tiempo la dirección de la cárcel decidió reducir las jornadas de visita. En un día como esos, a Villahermosa pueden entrar 12.000 personas; 12.000 personas de más pueden ser una carga de seis toneladas; seis toneladas es lo que puede pesar una manada de 100 elefantes africanos; 100 elefantes caminando sobre pabellones gelatinosos puede ser una bestialidad.*** Hace cosa de meses el señor Efe estaba en el infierno. Ahora, del otro lado del muro, para de hablar cada tanto para tragar bocanadas de aire como si fueran trozos de pan. Parece un tic, un reflejo nervioso. Quizás: tras seis años de encierro, el aire limpio es casi eso, alimento dice él, mientras se relame las comisuras de los labios como si en efecto tuviera allí restos de un manjar. Efe es largo, de ojos vidriosos y dientes afilados como barracuda. Las razones por las cuales lo pescaron delinquiendo ahora las prefiere callar. En el infierno, Efe llegó a ser jefe de pasillo. En Villahermosa hay once patios; cada patio tiene cuatro pasillos; cada pasillo es un piso; en cada piso hay un baño. Según registros de la Personería hay pisos con 200 personas y patios con 900. En ocasiones, orinar en una botella plástica camuflada junto a la colchoneta resulta más sencillo que ir al sanitario. El año pasado la personera delegada para la cárcel recibió 300 solicitudes de traslado con un mismo argumento: hacinamiento.Efe se convirtió en jefe de pasillo después de una batalla campal. En la cárcel esas peleas son conocidas como avalanchas. Y esas luchas son literalmente eso, avalanchas: 100 ó 150 hombres cayendo sobre otros para apoderarse del patio. El objetivo no solo es el control sino lograr que tras la contienda los guardias evacúen heridos y haya más espacio. Porque en las avalanchas corre sangre. Los presos hacen chuzos con láminas que sacan de las paredes abiertas por el agua, pedazos de varillas que afilan días enteros contra el piso. O se arman con puntas que ellos mismos fabrican con una mezcla de agua, azúcar y papel higiénico que ponen a secar al sol sobre moldes de papel aluminio. Luego de una pelea de esas, las huellas que quedan en el suelo son como las de una avalancha de verdad: restos inservibles, tiras de pellejo, mechones de pelo, el cielo lejos, imposible. Si es que existe, el infierno debe verse así. ***Villahermosa no debería estar así. Cuando la cárcel de Jamundí fue construida, la intención era que en Cali solo se quedaran los sindicados. Pero Jamundí ya no da abasto. Por eso los 2805 condenados que están en Villahermosa deberán permanecer allí. La Personería ha recomendado el traslado del 50% de la población carcelaria a otros sitios de reclusión. Pero eso, al menos aquí, es imposible. En esta ciudad a la que llaman Sucursal del Cielo no hay más lugar para los habitantes de su infierno. Así que ellos tendrán que seguir en las mismas condiciones. O tal vez peores.Hace tres años, la Defensoría Regional del Pueblo había hecho un estudio en siete cárceles del Valle que demostraba que el hacinamiento de Villahermosa era del 314%. Hoy llega al 350%. En aquella época una de las mayores preocupaciones consignadas en el informe era el tema de la salud mental de los reclusos. El documento dice que en la cárcel no se le estaba dando el apoyo suficiente a los internos, incluyendo a los portadores del síndrome de VIH. Hoy, en Villahermosa, hay 33 contagiados.Ante todo esto en el Inpec solo dan una razón: en Cali se seguirán los lineamientos del Ministerio de Justicia que avalan el traslado de internos. Pero para eso falta tiempo. En la cárcel el tiempo se mide en dolores: una gripa que dura semanas, un dolor que tarda meses. Enfermarse allí es una vía segura a la muerte, dijo esta semana el personero Andrés Santamaría.***La señora P es fisioterapeuta y todos los días va de un lado a otro sobando tobillos, componiendo rodillas, enderezando espaldas por toda la ciudad. Parte de lo que gana es para salvar a su esposo del infierno. Allá adentro eso es posible: lograr un traslado al Uno, patio con piscina, vale un millón; una celda individual, tres millones. La señora P, entonces, va de aquí para allá curando luxaciones para evitar que su marido pierda la compostura.El patio Uno tiene mesa de billar y cancha de microfútbol. Las paredes y pisos limpios, los baños funcionando. Todo gracias normas de convivencia que también impiden el consumo de ciertas drogas, peleas, excesos. En ese lado de la cárcel las avalanchas tampoco existen. Allá puede conseguirse una chuleta en 50.000, una botella de whisky en 300.000. Todo aquello es una suerte de herencia de otras épocas, cuando por allí pasaron narcotraficantes como ‘Chupeta’: tipos capaces de transformar ciudades a su imagen y semejanza, para quienes reformar el patio de una cárcel les habrá resultado pasatiempo. Que las torceduras de otros salven a un hombre como el esposo de la señora P, es, en ese patio, una suerte común. Desde su celda, con ventilador y televisión, tal vez el nombre de la cárcel no sea una burla. Tal vez. Porque desde la otra orilla, donde el calor casi puede advertirse caminando en el aire, sucio de mugre y humedad, untado de sudor y orines, Villahermosa solo tiene un nombre que todos repiten: infierno.

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