El 35% de las mujeres capturadas en Cali estaban dedicadas al microtráfico

Enero 24, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Por Daniel Suárez Pérez I Elpais.com.co
El 35%  de las  mujeres capturadas en Cali estaban dedicadas al microtráfico

El documento de la Policía calcula que en el 2010, 76 mujeres fueron llevadas a la cárcel, 25 pagan sus penas en la casa, 2 tienen libertad condicional y 240 fueron dejadas en libertad.

El asesinato de su esposo y la obligación de sostener a su hijo recién nacido hicieron que, a sus 15 años, Beatriz Barona buscara en la venta de basuco y marihuana una fuente de ingresos. Hoy, a los 30 años, ha pagado la mitad de los 8 años a los que está condenada por traficar estupefacientes. El mismo delito que cometieron el 52% de las 951 internas de la Cárcel de Jamundí.Cuando comenzó en el negocio Beatriz esperaba que esto le diera por unos días dinero para no morir de hambre junto con su hijo. Años más tarde tuvo dos hijas que a la fecha tienen 6 y 3 años. En su hogar el dinero ya no escaseaba, le sobraba.Beatriz comentó que uno se vuelve ambicioso, pero no rico, “porque así como la plata llega, se va. Uno la malgasta. Yo llegaba a mi casa y le decía a mis hermanas que no hicieran almuerzo y los invitaba a todos a un restaurante. Sabía que si ese día me quedaba sin nada, al otro me recuperaba vendiendo más droga”.Luz Marina Zúñiga, trabajadora social y responsable del área de reinserción social de la cárcel de Jamundí, explicó que las circunstancias que llevan a las internas a vender estupefacientes son los problemas económicos. “Lo hacen por sus hijos, la mayoría son madres cabeza de familia y no tienen como mantenerlos. Viven en barrios en donde esa es la única oferta de trabajo, y la más fácil”. Beatriz recordó que a los 26 años “cambié de vida. Mi mamá me rogaba que dejara de vender, ella siempre ha tenido un sexto sentido”. Varias veces soñó que la policía la perseguía. Seis meses después de salir del negocio llegó el castigo.La mujer relató que “una noche me quedé sin plata para pagar el arriendo y me tocó dormir en la calle al lado de un puesto de frutas”. Un frío que le apretaba la mano la despertó. “Vi que un policía me había puesto unas esposas y me ‘cargó’ con 2.016 papeletas de basuco porque no encontró a nadie y estaban buscando a quien caerle. A siete metros de donde me había quedado había un expendio y como el policía me conocía cuando vendía droga no tuve como defenderme. Él me pedía plata pero ni modo”.“Me dio rabia porque no era culpable, pero estaba pagando lo que había hecho antes. Hoy tengo ganas de tener un trabajo digno. Me preocupan los $60 millones que me puso el juez de multa, en seis meses salgo pero no tengo plata. Me tocará quedarme otros tres años”, dijo Beatriz.Llevar el trabajo para la casaTres toques en la puerta de la casa de Las Carmona y al consumidor de basuco y marihuana lo atendía doña Laura, sus dos hijas o su nieta. Una a una fueron a parar a la cárcel donde permanecía también uno de los hombres de la familia. La primera en perder la libertad fue doña Laura en el 2008, cuando a sus 70 años la detuvieron por quinta vez. Ya no valía la prisión domiciliaria. Hace un año falleció en la cárcel y una de sus hijas fue asesinada. La trabajadora social de la cárcel explicó que “hay internas que tienen a su abuela y a su hija en la cárcel. También están recluidos sus hijos o sus esposos. Ese es un negocio de familia. Así es su medio”.La Policía hizo el año pasado 170 allanamientos a expendios de alucinógenos en Cali. Las autoridades identificaron entre 350 y 400 en los últimos dos años. A mediados del 2010 la Sijín ingresó a una vivienda en la que se distribuía ‘perico’ o cocaína. Encontraron a una mujer, pero la cantidad de sustancia que hallaron los investigadores no era la que esperaban. Decidieron registrar la casa. Las sospechas cayeron sobre tres menores que sin inmutarse veían televisión.Una de las jóvenes, de 15 años e hija de la mujer, se delató por los nervios, llevaba droga en sus genitales. Madre e hija fueron procesadas por 140 gramos de marihuana.Un informe de la Policía indica que el 35% (343) de las 993 mujeres capturadas en Cali, cometió el delito de porte, tráfico y fabricación de estupefacientes. Un investigador de la Unidad de Delitos Especiales de la Sijín comentó que “el 12 de enero pasado allanamos una vivienda en el barrio Pízamos al oriente de Cali. Habíamos identificado a una señora de 48 años, cuando entramos vimos a un señor operado de una hernia. La señora nos pidió que no nos la lleváramos porque lo hacía desde que su esposo estaba en cama, pues era él quien llevaba la obligación. Nosotros teníamos que hacer cumplir la ley”. El agente explicó que “en expendios pequeños como éste, ellas trabajan a diario con ‘plantes’ de $30.000 a $60.000, esa droga la empacan en la casa y la rinden con lactosa o polvo de ladrillo, en el caso del basuco. Ese día la señora tenía $23o.000, pero el cálculo de las ganancias es de entre $50.000 y $100.000 diarios”. El investigador manifestó que el 60% de los operativos a casas que comercializan drogas se realizan en las residencias de estrato uno y dos de Cali: “en el Distrito de Aguablanca, Petecuy, el Jarillón de López, Siloé, el Calvario y Sucre”.El documento de la Policía calcula que en el 2010, 76 mujeres fueron llevadas a la cárcel, 25 pagan sus penas en la casa, 2 tienen libertad condicional y 240 fueron dejadas en libertad. Sobre esta cifra el investigador explicó que “las dejan en libertad porque son madres cabeza de familia, la mayoría entre los 18 y 45 años, otras tienen hasta 60”. El policía reclama que hay ciertos casos en los que son dejadas en libertad a pesar de que son detenidas con frecuencia. “Una señora de 40 años tenía la detención domiciliaria por vender estupefacientes. En agosto pasado volvimos a allanar la casa, tenía 80 gramos de basuco y 90 gramos de marihuana. El juez otra vez le dio detención domiciliaria porque era madre”. Amores que condenanEsperanza Quiñónez está recluida en el mismo patio de Beatriz. Ha cumplido la mitad de los 4 años de su condena. Tiene 52 años, nació en Bucaramanga, donde tenía una empresa de confección. Tiene cinco hijos. El 19 de marzo del 2009 visitaba a su pareja, quien estaba preso por el delito de homicidio en la cárcel de Boyacá. A Carlos* lo conoció dos años después de separarse del padre de sus hijos. La mujer llevaba un celular que le había entregado una mujer a la entrada de la prisión boyacense, “ella sabía cosas de mí, yo estaba asustada y llamé a Carlos y me dijo que era de confianza”. “Antes de entrar a la cárcel me separaron, cuando rompieron el aparato salieron dos bolas, era marihuana y cocaína. Uno enamorado no se da cuenta de las cosas. Por confiar en alguien que quería estoy aquí. Sin recibir visitas”, comentó Quiñónez.A Esperanza aún le falta recoger el dinero para pagar una multa de $1 millón, eso la tiene pensativa. Lo que la hace llorar es saber que uno de sus hijos, el de 26 años, no le habla cuando lo llama. Cuando salga de la cárcel “espero que me abrace y me diga otra vez mami te amo”.Las niñas también vendenDe las 343 mujeres que fueron detenidas en el 2010, 41 eran menores de edad. Según investigadores de la Policía, las niñas fueron utilizadas porque “levantan menos sospechas y es necesario solicitar el registro de una policía para poderlas requisar”. El 10% del cuerpo policial en Cali son mujeres.Algunas son detenidas junto a los adultos, casi todos familiares que las utilizan para camuflar la droga. Diana Lorena Arias, directora terapeútica de Hogares Claret comentó: “Hemos atendido casos de menores provenientes del Cauca que transportan bultos de marihuana. Como son mujeres y menores no son detenidas”. Arias agrega que entre las motivaciones de las menores están las relaciones amorosas que sostienen con los traficantes y “el afán de conseguirse ropa de marca”.Sócrates Hurtado, pedagogo de la Corporación Caminos, relata que algunas menores son utilizadas para ingresar estupefacientes a sitios nocturnos y centros educativos. “Esconden la droga en fajas o en partes íntimas”.

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