Dos de las víctimas del atentado en Pradera se encuentran en estado crítico

Enero 17, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Juan Mateo Valencia, de 66 años, está en cuidados intensivos en el HUV. Carlos Ruiz, de 66 años, tendrá que ser sometido a una cirugía de reconstrucción facial por las heridas de las esquirlas.

Un día después del atentado con una motobomba que sacudió al municipio de Pradera, Valle, las heridas de la guerra empiezan a mostrarse en toda su magnitud. De acuerdo con el último reporte oficial de afectados entregado por el Ejército, en total se contaron 61 personas heridas y una muerta. Entre los heridos, tres de eran menores de edad, cinco policías y uno militar.Según un reporte del Hospital Universitario del Valle, entidad a la que fueron trasladadas cinco de las personas heridas, Juan Mateo Valencia, de 66 años, quien recibió varias esquirlas en una de sus piernas por causa de la explosión, perdió el miembro herido debido a las complicaciones que se generaron. En la mañana de este viernes, médicos del HUV tuvieron que amputar la pierna, pues el estado en que se encontraba podía afectar el resto de su cuerpo. Varios de sus familiares, que llegaron desde Pradera a Cali, afirmaron que Juan Mateo se encontraba en una cafetería aledaña al lugar de los hechos cuando el elemento explosivo fue detonado. "Él tenía la costumbre de salir cada mañana hacia esa cafetería a tomarse un tinto, porque él es jubilado. Y esa mañana le pasó eso... Lo único que esperamos es que se mejore", indicó la esposa de Juan Mateo, quien aún se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos del HUV. Luis Fernando Pino, subdirector de Urgencias del Hospital, informó que el estado de Juan Mateo es "muy crítico", debido a que la amputación de su pierna izquierda le desencadenó graves complicaciones cardiovasculares. Por otra parte, Víctor Daniel Ríos, de 84 años, y Rubiela Ortíz, de 54 años, se encuentran estables en el HUV. Ríos fue sometido a una cirugía en su brazo izquierdo y Rubiela está bajo observación por especialistas otorrinos debido al fuerte trauma acústico que sufrió. Entre los patrulleros de la Policía Nacional que resultaron afectados por la explosión, el sargento primeo Wadis Payares y el auxiliar César Stiven Perea. Payares, quien se encuentra como Policía de Pradera desde hace dos años, relató a El País cómo fue el momento de la explosión. "Yo me encontraba en la patrulla a unos 10 metros de la explosión. Solo sentí que el carro se levantó y luego de recuperarme del golpe, me cercioré de que los compañeros estuvieran bien y salí inmediatamente para el hospital", dijo Payares, quien recibió esquirlas en su ojo izquierdo, al igual que el auxiliar Cesar Pera. El sargento y el auxiliar fueron revisados por médicos de la Policía Nacional. "Este tipo de cosas no deben estigmatizar a la población. Pradera es un municipio de paz que ha venido mejorando en su seguridad, como lo muestran las cifras. Esto es un hecho aislado y nosotros seguiremos trabajando para la comunidad", indicó el Sargento Payares, quien agregó que a pesar de lo sucedido está dispuesto a continuar en el municipio como patrullero. Otra de las víctimas del atentado terrorista, Carlos Ruíz, de 65 años, se encuentra en la clínica Palma Real de Palmira bajo observación médica, luego de que su mandíbula fuera destruida por las esquirlas. "Ayer tuvieron que someterlo a una intervención porque presentó problemas cardíacos y ahora estamos esperando que se decida si le realizan una cirugía de reconstrucción facial porque la mandíbula le quedó completamente destruida", indicó su hija, Erika Ruíz. Pradera de luto por JorgeLa víctima fatal del atentado fue Jorge Eliécer Mora Ospina, un hombre de 67 años cuyo trabajo consistía en hacer los mandados de quien lo necesitara por algunas monedas. Jorge vivía con su sobrina Deyoneri Ospina y el hijo de ésta. En los últimos días, luego de que el hijo de Deyonira perdiera su empleo, Jorge se había convertido en el sustento de su casa. Cada mes recibía el dinero que Acción Social destina para la tercera edad, dinero que era usado para pagar las cuentas de los servicios, para comprar algo de alimento. Cada día, luego de salir en la madrugada al parque de Pradera, regresaba hacia las 11:00 a.m. con algunas monedas que entregaba a su sobrina para que hiciera el almuerzo. Este viernes, en casa de Jorge está el cadáver. Lo llora su sobrina y lo lloran sus hermanos. Pero también lo llora Deisy María, una vecina que lo conocía quince años atrás, y otro grupos de vecinos. Lo lloran porque no comprenden cómo fue que murió. "Era noble, trabajador, ayudaba al que se lo pidiera. Era un señor que conocía todo el pueblo y que era amigo de todo el pueblo", dice Daisy. El sábado, Pradera despedirá a Jorge. Lo despedirá con la sensación absurda de una despedida que no debió ser.

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