Dora Lilia: historia oculta de una mujer que le duele al Valle

Dora Lilia: historia oculta de una mujer que le duele al Valle

Diciembre 04, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Dora Lilia: historia oculta de una mujer que le duele al Valle

El pasado viernes se realizó, en Buga, el sepelio de Dora Lilia Gálvez, donde se exigió que su brutal asesinato no quede impune. En lo que va del año 731 mujeres han sido asesinadas en todo el país.

¿Quién era realmente la mujer a la que le arrebataron la vida de forma salvaje en Buga? Se lo contamos.

De Dora Lilia Gálvez se ha escrito tanto, pero sabemos tan poco… sabemos que nació en Buga hace 44 años y que era madre cabeza de hogar. Sabemos que vivía en el barrio San José de las Palmas en una casa en arriendo. Sabemos que asistía a una iglesia cristiana, pero, al parecer, por su identidad sexual, libraba un conflicto interno, esa culpa que tanto promueven las religiones. Sabemos que se ganaba la vida como tantos colombianos, en el rebusque: en el campo a  veces, aseando casas a veces, pintándolas a  veces. Sabemos que en la última casa donde trabajó apareció herida, tras una brutal golpiza. Sabemos que debido al ataque, murió. 

Sin embargo, en medio de la indignación de la noticia, se han dicho cosas que no son ciertas. Como que Dora Lilia habría sido empalada (atravesada por un palo). Los médicos que atendieron el caso lo desmintieron. En fin. Escribimos tanto de Dora, sabemos poquísimo.  

El viernes pasado se realizó su sepelio, en Buga, donde, de nuevo, se reclamó justicia por su muerte y también por la de Mariana, una bebé de apenas 4 meses que después de haber sido agredida por su padre, falleció. El caso lo denunció la Oficina de la Mujer, Equidad, Género y Población Lgtbi. Hay noticias que a veces pareciera mejor no saberlas. En lo que va del año, según Medicina Legal, han asesinado en el país a 731 mujeres. 

[[nid:599103;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/12/dora_lilia_portada.jpg;full;{Miles de personas se volcaron a las calles de Buga con pancartas, banderas y flores para despedir a Dora Lilia Gálvez, la mujer que murió como consecuencia de una agresión sexual luego de batallar 24 días por su vida.Jorge Orozco l El País}]]

En el caso de Dora Lilia, la noticia del ataque  y su posterior muerte se hace aún más extraña cuando su sobrina Daniela Trujillo Gálvez cuenta que su tía era de esas personas que ni siquiera respondía a un insulto. Prefería quedarse callada, o tomar otro camino. 

“No sabemos qué pasó.  No hay alguien, o por lo menos no lo conocemos, que quisiera hacerle daño. Mi tía no tenía enemigos”.

En cambio, sigue Daniela, Dora Lilia era sobre todo una mujer que sabía descubrir lo bueno de la vida así tuviera problemas. Era la que se encargaba de mantenerlos unidos  a todos en una familia que, como todas, tiene conflictos.

“Mi tía era la que nos decía no, no peleen, estemos juntos, hablemos. Era el pilar de la familia.  Tenía la capacidad de ver el lado bueno de cualquier situación. Y siempre tenía la esperanza de un futuro mejor, siempre lo esperó. La vida va a cambiar, no se preocupen, nos decía. Ella nos daba ánimo, nos daba consejos, siempre con ese positivismo tan suyo”.

[[nid:594705;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/11/dora-lilia-galvez-victima.jpg;full;{Dora Lilia Gálvez.Especial para El País}]]

El sueño de Dora era tener una casa propia. El sueño de Dora era que sí, que ojalá la vida por fin cambiara. Porque ella, la mayor entre sus otras tres hermanas y un hermano, hizo, desde que era una adolescente, de padre y de madre. Su mamá murió cuando Dora estaba por los 15; de su padre poco se supo –  Dora lleva el apellido de su mamá – así que después de que su progenitora falleciera se dedicó a trabajar haciendo aseo en casas de vecinos para ayudar a sus hermanos.

“Después de que quedamos huérfanos, Dora fue nuestra segunda mamá. Porque nos quedamos solos. Nos criamos de mano en mano, un ratico donde una familia, un ratico donde otra, trabajando desde los 8 años. Desde que yo tuve esa edad empecé a trabajar también en las casas de los vecinos. Nos escondíamos de los funcionarios del Icbf para que nunca nos fueran a separar.  Entre todos nos ayudábamos. Mi abuela también nos ayudó, pero ella, después de la muerte de su hija,   no duró mucho tiempo. La muerte de nuestra madre la devastó”, dice Gloria,   hermana de Dora. 

A Dora también la devastó la muerte de su madre y de su abuela. Se sintió sola. Entonces, cuenta  Piedad Eugenia Montoya, una de sus amigas desde hace 30 años, cuando Dora se hizo mujer quiso primero tener un hijo.  Llegó a un acuerdo  con Omar Galeano, el padre. Tener un hijo, pero sin que eso significara que eran pareja, esposo y esposa, no. Por eso Luis Fernando, el hijo de Dora,  lleva primero el apellido Gálvez. A Omar, prestamista,  comerciante, también lo asesinaron hace unos años. Dora, efectivamente,  hizo de padre y de madre.

 “A ella la recuerdo como  una mujer ejemplar. Era  de pocas palabras. No necesariamente tímida, sino que respondía lo necesario. Y generosa. Era capaz de sacarse el pan de la boca para dárselo a otra persona que lo necesitara. Ella me decía: Piedad, mi hijo son mis ojos. Trabajó muy duro por él. Por eso yo le decía McGuiver. Dora era capaz desde pintar toda una casa o planchar una camisa, lo que le propusieran, con tal de sacar a su hijo adelante”.

Gloria Liliana Montoya, otra de sus grandes amigas, dice que Dora tenía un placer que intentó dejar: el cigarrillo y el café. Y que en las últimas semanas  de vida, se sentía enferma. Sufría de algunos desmayos repentinos, pero el diagnóstico oficial se desconoce. Dora estaba asistiendo al médico. 

Pero entonces, ¿quién era Dora? Una mujer que salía a trabajar todos los días para sacar adelante a su familia. Una luchadora que no se metía con nadie, dice Gloria Liliana. Por eso no se entiende la salvajada que le hicieron. Justicia.  

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