Divididos Mindefensa y Minsalud por debate del uso de glifosato en narcocultivos

Abril 30, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

ONU y WOLA sostienen que la reducción de los cultivos ilícitos en el país no se debe a las aspersiones con el químico.

[[nid:417327;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/04/grafico-aspersion-interna.jpg;left;{Gráfico El País}]]La posibilidad de que el Gobierno Nacional suspenda la política de fumigaciones con glifosato en la lucha contra los cultivos de coca en el país, tiene dididos a los ministros de Salud y Defensa.

Mientras el jefe de la cartera de Salud, Alejandro  Gaviria, sugirió al Presidente abandonar las fumigaciones con glifosato luego de que se conociera un estudio de la Organización Mundial de la Salud, OMS, que sostiene que este puede  ser cancerígeno, el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, afirmó que una decisión tal puede hacer que “el país se inunde de cultivos ilícitos”.

Este miércoles el procurador general, Alejandro Ordóñez,  terció en la discusión afirmando que suspender las aspersiones sería darle una “gabela a las Farc”, mientras que el director de la Policía, general Rodolfo Palomino, propuso  “condicionar el uso del glifosato”. 

Por ahora, según informó el Ministro de Justicia,  a pesar de que la suspensión de las aspersiones vienen de una orden que dio en marzo del año pasado la Corte Constitucional, solo hasta el 15 de mayo que se reúna el Consejo Nacional de Estupefacientes se decidirá su futuro.  ¿Cuáles son los argumentos que defienden y cuáles lo que rechazan la política del glifosato?

De acuerdo con el ministro Pinzón, la razón más solida para continuar con las aspersiones son las cifras de disminución de los cultivos de coca desde 2001, fecha en que se fortalecieron las fumigaciones con glifosato en el contexto del Plan Colombia. 

Lea también: El glifosato debe dejar de usarse en el país: Montealegre.

Según las cifras oficiales del Ministerio de Defensa, de más de 140 mil hectáreas sembradas de coca en 2001, se pasó a 42 mil en 2013.

Pinzón refuerza ese argumento afirmando que luego del 2008, cuando Ecuador denunció a Colombia ante la CIJ por afectación de campesinos ecuatorianos en la frontera, debido a las fumigaciones, y luego de que se acordara en 2013 que las aspersiones se realizarían más allá de un margen de 10 kilómetros de la frontera, esa zona no fumigada ha aumentado sus niveles de cultivos ilícitos.  

“En la franja al sur del país y en el Catatumbo, donde se suspendió la aspersión de cultivos ilícitos, se han multiplicado las áreas sembradas de coca”, afirmó Pinzón. 

No obstante, tanto la ONU como la Oficina de Latinoamérica en Washington (WOLA por sus siglas en inglés) así como investigadores independientes, sostienen que la reducción del área total de cultivos de coca en el país se debe a otros factores y que la incidencia de las fumigaciones es mínima. 

De acuerdo con el informe de 2013 sobre los niveles de cultivos de coca en Colombia hecho por la ONU y publicado en junio del año pasado, “con excepción de Chocó, los departamentos con tendencia a la reducción (de cultivos de coca) tienen un comportamiento consistente que inició años atrás. Las reducciones en Cauca, Antioquia y Bolívar parecen estar relacionadas con la aparición de actividades de minería”.

De hecho, según el mismo informe, para el 2013 se pudo detectar una tendencia a la reducción del área sembrada de coca a la par de un aumento de las actividades de minería ilegal en los departamentos de Córdoba, Antioquia, Cauca y algunas zonas de Putumayo.

Adam Isacson, investigador de la WOLA, sostiene que los resultados en reducción de cultivos ilícitos se debe, por otro lado, a la presencia que el Estado ha empezado a hacer desde 2007 en las zonas más afectadas por los cultivos ilícitos dentro de lo que se ha llamado Plan Nacional de Consolidación.  

“Desde 2007 hay un fuerte decaimiento de las áreas sembradas, y eso no se debe a las fumigaciones sino a un mayor control territorial por parte del Gobierno (...) La erradicación manual se ha acompañado de programas de seguridad alimenticia y asistencia local”, añade.

Isacson afirma además que las fumigaciones traen consecuencias negativas para la soberanía estatal, pues crean desconfianza entre los campesinos que las sufren ya que dañan tanto cultivos ilícitos como lícitos.  

“Las fumigaciones no pueden ser el sustituto para el desarrollo económico y la presencia del Gobierno en el territorio nacional”, concluye el investigador.

Por otro lado, un análisis de Daniel Mejía, investigador de la  Facultad de Economía y del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes, sostiene que los costos económicos de las fumigaciones son demasiado altos y sus resultados casi nulos. 

De acuerdo con Mejía, para reducir una hectárea de cultivo es necesario asperjar un promedio de 30 y, teniendo en cuenta que por cada hectárea se gastan cerca de 2 mil dólares, se estarían gastando un promedio de 60 mil dólares por cada hectárea afectada. 

El problema es que el acuerdo entre Colombia y EE. UU. contempla que por cada dólar que ese país gaste en las aspersiones, Colombia debe gastar 2.2, lo que hace que la mayor parte de la inversión sea del presupuesto nacional y se quede en las arcas de EE. UU. pues el glifosato solo es comercializado por Monsanto, una multinacional estadounidense, y son contratistas y aviones de ese país lo que realizan las operaciones. 

 En su estudio Mejía sostiene también que las aspersiones aumentan la probabilidad de sufrir de enfermedades dermatológicas y de abortos sobre los habitantes de las zonas fumigadas.

Otra de las consecuencias negativas de las aspersiones son los des- plazamientos a que obliga a los campesinos debido a la destrucción de cultivos para su alimentación.

Farc piden suspender glifosatoLas Farc  apoyaron   la recomendación del Ministerio de Salud colombiano de suspender las fumigaciones de los cultivos ilícitos de marihuana, amapola y hoja de coca con glifosato, un pesticida sindicado por la OMS de ser "probable" agente cancerígeno. ”En el mundo entero  ya es casi una decisión unánime que el glifosato es un veneno dañino, perjudicial para los seres humanos, para los cultivos, perjudicial para la gente humilde que trabaja en el campo” , dijo a la prensa el comandante guerrillero Pablo Catatumbo, desde La Habana.
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