Damnificados de Toribío todavía esperan ayudas del Gobierno Nacional

Julio 21, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Perla Escandón Tovar

Drama de dos familias que perdieron sus casas y sus negocios por causa del atentado terrorista perpetrado hace 13 días por las Farc en el municipio de Toribío.

Mientras recoge los últimos ladrillos que quedaron de su casa destruida, María Cristina Betancourt dice que se agotaron sus esperanzas de reconstruir la propiedad. A medida que alza los pedazos expresa que ya no tiene sentido continuar viviendo diagonal a la estación de Policía de Toribío, en el norte del Cauca. Han pasado 13 días desde el sábado 9 de julio en que las Farc activaron una chiva bomba frente a la estación, ocasionando la destrucción de 460 viviendas, entre ellas las de María Cristina y su madre. "Es ilógico insistir seguir viviendo aquí. Uno queda sin un sinsabor, no me dan ganas de reconstruir la casa", manifiesta con tristeza al recordar que ese lote fue un regalo de su padre hace quince años. Además el dolor se hace mayor al mirar que la casa esquinera contigua a la suya es la de su madre, su hermana (gerente del Banco Agrario de Colombia) y sus dos sobrinos. Durante cerca de 70 años la familia Betancourt ha vivido en esa cuadra situada entre la plaza principal y la estación policial. Por su ubicación han resultado damnificados más de cinco veces por causa de los hostigamientos y los ataques de la guerrilla. La maestra señala que con el apoyo de sus hijos tomó la decisión de irse del pueblo, pero está a la espera de que el Gobierno Departamental le ayude con la reubicación en otro municipio del Cauca. "La casa quedó totalmente en ruinas, un tío nos está dando el hospedaje, llegamos a las 6:00 a.m. y nos quedamos aquí (Toribío) hasta las 6:00 p.m., esa ida y venida es muy incómoda, pero por seguridad nos toca", agrega. A su alrededor el panorama es desolador. Casas huecas, sin paredes, que sólo conservan las columnas, una estación policial llena de agujeros y el fantasma del uniformado que quedó despedazado entre la trinchera por causa de la explosión. "Este ha sido el peor ataque, nunca nos imaginamos esa magnitud", describe la mujer. Cómo olvidarlo rápidamente de este atentado terrorista si su familia no ha podido recuperarse completamente de la toma del 2003. "Hace dos meses mi mamá terminó de arreglar la casa", añade la docente. Otra razón de peso que tiene para dejar su amado Toribío es el temor a una bala perdida. "Cuando escuchamos los primeros tiros nos resguardamos en la cocina, pero uno no sabe". Comerciante damnificadaA la vuelta de las casas de los Betancourt, está el almacén de ropa y calzado y miscelania Kathen'n'iyat, donde viven y trabajan Leticia Yule Méndez, su esposo y sus hijos. "La onda explosiva dejó la casa en el aire, una pared está abonbada y el techo voló", explica la mujer.Esta madre indígena sostiene que con el atentado perdieron unos 60 millones de pesos en mercancía. Los cosméticos, los zapatos, las blusas y otras prendas quedaron completamente inservibles. Los pocos trajes que se salvaron reposan en bolsas plásticas negras a la espera de ser limpiados del mugre. Esta comerciante señala con resignación las vitrinas que fueron dañadas en un ataque de las Farc en el 2002 y que no se han podido arreglar. Las vitrinas están cubiertas con plásticos. Sin embargo, Leticia Yule insiste en quedarse en su terruño. "Somos de aquí, hemos crecido aquí, no tenemos para dónde irnos, seguiremos luchando, esta guerra nos aporrea a todos. Le doy gracias a Dios porque nos protegió la vida", acota la indígena. Su voz contra el conflicto armado se unió el miércoles pasado a los de cinco indígenas que marcharon por las calles de Toribío durante la celebración nacional del Día de la Independencia en contra de la violencia.

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